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jueves, 31 de enero de 2013

Sólo una semana




Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.


¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.



Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)



Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.



— Jaime Sabines —

miércoles, 30 de enero de 2013

A mis callejeros viajeros!


Y es que las distancias se acortan cuando los corazones se estrechan.

Y lo impredecible se acomodó en mi regazo. 



Y entonces, repentinamente me los encontré. Se cruzaron en mi camino, como se cruza cualquiera, en una noche vulgar. Pero la noche se tornó eterna y la sonrisas desvelaron nuestra fascinante personalidad. Las conversaciones corrieron de mano de los sueños y las alegrías comenzaron a compartirse, a dividirse las penas quizá. Y nació la promesa de un viaje y el anhelo de volver a vernos, las conversaciones diarias, un nuevo San Valentín y una sonrisa cada noche. Un por qué, un chiste y una oración. Entonces, repentinamente descubrí, que nadie se cruza en tu camino por casualidad, y que hay distancias kilométricas a las que puedes transportarte en un segundo y otras diminutas, a las que no llegarás nunca... Entonces comprendí el valor de una sonrisa y de una palabra de ánimo en un día duro. Y entonces, justo en ese momento comprendí... que auténticos desconocidos, pueden volverse GRANDES AMIGOS. 

Gracias a mis cuatro mosqueteros, que me acompañan cada día, haciéndome sonreir, y aumentando las ganas de volver a casa, a la vez que me hacen disfrutar a través de ellos, sin tan si quiera saberlo, el sitio tan privilegiado en el que resido. Gracias por aparecer, así, de repente.... 




"Aprendí que quién no te busca, no te extraña, y quién no te extraña, no te quiere. Que el destino determina quién entra en tu vida, pero tú decides quién se queda. Que la verdad duele una sola vez, y la mentira cada vez que nos acordamos.
Hay tres cosas en la vida que se van y no regresan jamás: las palabras, el tiempo, y las oportunidades. Por eso, valora a quien te valora y no trates como prioridad a quien te tiene como opción.
He aprendido que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos y que grandes desconocidos pueden volverse mejores amigos. Que nunca acabamos de conocer a una persona. Que el "nunca más", nunca se cumple, y el "para siempre", siempre termina. Que el que quiere, puede y lo consigue. Que el que no arriesga no gana. Que el físico atrae pero la personalidad enamora. Que no hay mal que por bien no venga y que hay que vivir la vida porque si no lo hago yo, nadie lo va a hacer por mi."


(Texto de autor desconocido)

domingo, 27 de enero de 2013

La condenada lucha por hacer desaparecer un punto que nunca quiso estar ahí


Hoy he leído esto:

"Si te concentras en el punto rojo,
sin que te des cuenta
el punto azul desparece".


Quizá se trate de eso. De centrarme en el punto rojo y cuando me quiera dar cuenta, ecco! Voilá! El punto azul habrá desaparecido, para siempre. Desde luego, siempre me gustó más el rojo, color pasión, aventurero, rebelde... Un azul tan tenue, es posible que haya aparecido ahí por pura casualidad, es posible que nunca haya querido estar ahí y vive simplemente condenado al olvido de alguien que prefirió centrarse en algo menos volátil, más seguro, más firme. Condenado o no, parece posible, el azul, puede desaparecer, si quieres.


lunes, 7 de enero de 2013

No hay mejor final


Escucho tu susurro seco y lacerante.
Tu boca es la más dulce criminal de mi corazón amordazado.

Podría desatarte las manos para que destroces mi corsé.

Permitir que tu lengua cure las heridas que dejaste a la 

altura de mi pecho izquierdo.
Y de nuevo entregarte el alma rota y errante que nació de tu piel,
sabiendo que no hay mejor final que el que hace estremecer.




(http://painloveandrocknroll.blogspot.com.es)

martes, 4 de diciembre de 2012

Hace frío sin ti, pero se vive.



- Y tú, ¿qué? Hace mucho que no hablas de él.

- Da igual, no es importante.

- ¿Cómo que no es importante?- Contesta Sophie con cara de incredulidad. Su perspicacia siempre consigue robarme las palabras de la boca. Las saca como quiere, a un ritmo lento o rápido, según le convenga. De la misma forma que elige unas compras Navideñas en una página web, sabe en qué botón tocar exactamente para que yo agite mi lengua sin mucho esfuerzo. Ella es así y en el fondo, es lo que más me gusta.

- Pues eso, que ya no es importante. No quiero que lo sea. No he vuelto a saber de él desde hace semanas, eso es lo único que importa de verdad.

- Ya Patricia, pero no puedes vetar sentimientos. No los puedes prohibir. Es bonito sentir, ilusionarse.- Y aquí las palabras mágicas, ya no toca eso, ya la ilusión no puede seguir... Ya es tarde. Todo tiene un final. 

- Hay veces que la racionalidad tiene que vencer, esta vez lo ha hecho. - Digo convencida y siento cómo el corazón se rompe por dentro. Lo noto, lo oigo. Voy a recoger los pedazos y me corto, pero grito en silencio una vez más. Ya no tiene sentido y lo voy a superar, lo sé. Me ato fuerte un paño y aprieto sobre la herida que no deja de sangrar y lo empapa de un plasma rojo que delata mi debilidad. Ella la intuye con sólo un vistazo y sonríe tierna, me abraza en silencio con sus cálidas palabras, quiere hacerme sentir bien. Pero ya no será así, no puede ser. No puedo maltratarme una vez más. Siento que los eritrocitos me oxigenan el cerebro y consigo salir viva, parece que todo se vuelve a recomponer. Debo tener las defensas bajas porque me duele la cabeza y la herida no acaba de cicatrizar, pero como todo... Sólo es cuestión de tiempo y cuidado, mucho cuidado con este frágil corazón.
Aún recuerdo cuando te prometí que no se lo regalaría a cualquiera, maldita sea, no me di cuenta de que ya era tuyo. Maldita ilusa. Hoy trabajo duro. Hoy trabajo fuerte. A veces incluso lo consigo, a veces se me olvida intentarlo, pero el tiempo, el silencio... Va haciendo su trabajo. El de un buen curandero, el tuyo, el suyo, el mío...
A veces, sólo podemos contar con nosotros mismos para lamer nuestras propias heridas, porque la saliva ajena, como sabemos, puede infectar. A veces, sólo hay que esperar.


Y con un rezo inoportuno, estallo en un quejido eterno:

Querido amigo, querido tiempo, no me trates con más crueldad, te lo ruego, déjame olvidar.

domingo, 2 de diciembre de 2012

¿Dónde me encontrarías?



- ¿Si un día me perdiera, dónde me buscarías?

(Risas) - Tú no te perderías jamás y lo sabes.

- No venga, en serio... ¿No sabes dónde encontrarme si un día decido no volver?

(Se acerca de manera brusca y la coge de la cintura)- ¿En serio? ¿Qué es eso?¡Venga ya! A ti no te gustan los tipos serios. Dame un beso, que muero por esos labios.

(Ella se retira). - ¿Ves? Esta es la razón por la que creo que nada de esto saldría bien. (Se sienta enfadada de un salto, en el pequeño muro en el que estaban apoyados)

(Él, mira agotado y pone los ojos en blanco). - ¿De qué coño estás hablando ahora Patricia?- (Se retira, enciende un cigarrillo y se sienta a su lado).

- Pues eso. No puedes conocer a una persona, enamorarte y pensar que vas a ningún sitio si tan si quiera conoces el lugar donde se escondería el día que no pueda más, cuando le pese la vida,cuando decida no volver... Joder, no puedes, simplemente no puedes. Eso, es lo único que me hace ver que esto no nos lleva a ningún sitio y que estamos eternamente equivocados...

(Zarandea los pies de un lado a otro golpeando cada vez el muro con un pie distinto). 

(Hay un silencio que se hace eterno).

- ¿Ves?. Joder. ¿Lo entiendes ahora?- Dice ella insistente.

(Él agacha la cabeza, coge su abrigo, la besa en la frente y hace ademán de irse).

- ¿Te vas?

- Es lo mejor, lo sabes.

- Lo que yo diga... No merece la pena. 

- A veces puedes ser muy dura. Eres consciente, ¿verdad?

- Lo soy.

(Ella se queda mirando hacia arriba, como si las estrellas estuviesen aplaudiendo lo valiente que ha sido por decirle las cosas tan claras. Las cosas son como tienen que ser y ya está, se repite en silencio). 

(Él, la mira y comienza a caminar). 

(Se gira).

- Una biblioteca. 

- ¿Qué?

- O una librería, quizá, no lo sé. Imagino que depende de la librería y depende de la biblioteca. De lo caros que estén los libros o de lo nuevos que sean. 

(Ella siente que no puede articular palabra. No lo hace. Ni si quiera se atreve).

- El problema no es ese, mi niña bonita, el problema eres tú y lo lejos que estás. El problema es que esto tenga un final. 

(Lágrimas empapan las mejillas de la cara atormentada de ella. Sigue sin poderlo creer).

- Cuídate, anda. Y cuídate de esos italianos, que saben muy bien lo que se hacen. Cuídate el corazón, Patricia. No lo regales a quien no lo merezca por favor.

(Desaparece).