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domingo, 3 de febrero de 2013

Pero dónde vas Manuela...

Manuela
 tus ojos canela
Se enredan jugando al amor 
vaya tela...




Dónde vas Manuela tus amores de acuarela
Se amontonan junto a la desilusión.
Cuántas veces estuviste enamorada
Tantas veces que has perdido hasta el color.
Pero dónde vas Manuela
Que quisiste ser estrella
Y al final te estrellaste el corazón...

(India Martínez. Manuela)

jueves, 31 de enero de 2013

Sólo una semana




Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.


¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.



Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)



Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.



— Jaime Sabines —

miércoles, 30 de enero de 2013

Esa es la maldita diferencia. Ese puñetero momento en el que no llamarías a nadie, no quieres ver a nadie, no quisieras nada, hacer absolutamente nada, salvo escuchar su voz. Su tenue y cálida voz. Ahí en medio de la nada. En medio del todo. Un susurro en medio de una sorda autopista, un ecco en medio de la inmensidad de un océano. Una mirada eterna en un suspiro. Y ahí, es donde reside el amor. Justo es en ese preciso instante, cuando te preguntas qué querrías cuando no quisieras absolutamente nada, cuando se desnuda al fin la pasión.

Es curioso, cuando la apatía me invade los versos se rellenan solos mientras mis dedos juegan con unas pulsaciones instantáneas de mi cabeza. Cuando no quiero a nadie a mi lado, la idea de su sola presencia, me hace estremecer hasta la locura.

California Dreams


Por si no lo tenías claro....

Te echo de menos cada día, en cada momento y en cada sonrisa que en la que no te encuentro.

No me importa perderme y volar entre mis sueños... Porque sé que siempre, justo antes de caer, tú estarás ahí, agarrado de mi mano bien fuerte. Ayudándome a volar y enseñándome a mantenerme a flote. Te quiero, no hay más.

 

A mis callejeros viajeros!


Y es que las distancias se acortan cuando los corazones se estrechan.

Y lo impredecible se acomodó en mi regazo. 



Y entonces, repentinamente me los encontré. Se cruzaron en mi camino, como se cruza cualquiera, en una noche vulgar. Pero la noche se tornó eterna y la sonrisas desvelaron nuestra fascinante personalidad. Las conversaciones corrieron de mano de los sueños y las alegrías comenzaron a compartirse, a dividirse las penas quizá. Y nació la promesa de un viaje y el anhelo de volver a vernos, las conversaciones diarias, un nuevo San Valentín y una sonrisa cada noche. Un por qué, un chiste y una oración. Entonces, repentinamente descubrí, que nadie se cruza en tu camino por casualidad, y que hay distancias kilométricas a las que puedes transportarte en un segundo y otras diminutas, a las que no llegarás nunca... Entonces comprendí el valor de una sonrisa y de una palabra de ánimo en un día duro. Y entonces, justo en ese momento comprendí... que auténticos desconocidos, pueden volverse GRANDES AMIGOS. 

Gracias a mis cuatro mosqueteros, que me acompañan cada día, haciéndome sonreir, y aumentando las ganas de volver a casa, a la vez que me hacen disfrutar a través de ellos, sin tan si quiera saberlo, el sitio tan privilegiado en el que resido. Gracias por aparecer, así, de repente.... 




"Aprendí que quién no te busca, no te extraña, y quién no te extraña, no te quiere. Que el destino determina quién entra en tu vida, pero tú decides quién se queda. Que la verdad duele una sola vez, y la mentira cada vez que nos acordamos.
Hay tres cosas en la vida que se van y no regresan jamás: las palabras, el tiempo, y las oportunidades. Por eso, valora a quien te valora y no trates como prioridad a quien te tiene como opción.
He aprendido que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos y que grandes desconocidos pueden volverse mejores amigos. Que nunca acabamos de conocer a una persona. Que el "nunca más", nunca se cumple, y el "para siempre", siempre termina. Que el que quiere, puede y lo consigue. Que el que no arriesga no gana. Que el físico atrae pero la personalidad enamora. Que no hay mal que por bien no venga y que hay que vivir la vida porque si no lo hago yo, nadie lo va a hacer por mi."


(Texto de autor desconocido)

martes, 4 de diciembre de 2012

Hace frío sin ti, pero se vive.



- Y tú, ¿qué? Hace mucho que no hablas de él.

- Da igual, no es importante.

- ¿Cómo que no es importante?- Contesta Sophie con cara de incredulidad. Su perspicacia siempre consigue robarme las palabras de la boca. Las saca como quiere, a un ritmo lento o rápido, según le convenga. De la misma forma que elige unas compras Navideñas en una página web, sabe en qué botón tocar exactamente para que yo agite mi lengua sin mucho esfuerzo. Ella es así y en el fondo, es lo que más me gusta.

- Pues eso, que ya no es importante. No quiero que lo sea. No he vuelto a saber de él desde hace semanas, eso es lo único que importa de verdad.

- Ya Patricia, pero no puedes vetar sentimientos. No los puedes prohibir. Es bonito sentir, ilusionarse.- Y aquí las palabras mágicas, ya no toca eso, ya la ilusión no puede seguir... Ya es tarde. Todo tiene un final. 

- Hay veces que la racionalidad tiene que vencer, esta vez lo ha hecho. - Digo convencida y siento cómo el corazón se rompe por dentro. Lo noto, lo oigo. Voy a recoger los pedazos y me corto, pero grito en silencio una vez más. Ya no tiene sentido y lo voy a superar, lo sé. Me ato fuerte un paño y aprieto sobre la herida que no deja de sangrar y lo empapa de un plasma rojo que delata mi debilidad. Ella la intuye con sólo un vistazo y sonríe tierna, me abraza en silencio con sus cálidas palabras, quiere hacerme sentir bien. Pero ya no será así, no puede ser. No puedo maltratarme una vez más. Siento que los eritrocitos me oxigenan el cerebro y consigo salir viva, parece que todo se vuelve a recomponer. Debo tener las defensas bajas porque me duele la cabeza y la herida no acaba de cicatrizar, pero como todo... Sólo es cuestión de tiempo y cuidado, mucho cuidado con este frágil corazón.
Aún recuerdo cuando te prometí que no se lo regalaría a cualquiera, maldita sea, no me di cuenta de que ya era tuyo. Maldita ilusa. Hoy trabajo duro. Hoy trabajo fuerte. A veces incluso lo consigo, a veces se me olvida intentarlo, pero el tiempo, el silencio... Va haciendo su trabajo. El de un buen curandero, el tuyo, el suyo, el mío...
A veces, sólo podemos contar con nosotros mismos para lamer nuestras propias heridas, porque la saliva ajena, como sabemos, puede infectar. A veces, sólo hay que esperar.


Y con un rezo inoportuno, estallo en un quejido eterno:

Querido amigo, querido tiempo, no me trates con más crueldad, te lo ruego, déjame olvidar.

martes, 14 de agosto de 2012

Odio no poder...


Odio no poder hacerlo. Odio no poder presentarme en tu casa con una botella de Whisky de ocho años y emborracharnos hasta olvidar. Olvidar que ha pasado el tiempo. Olvidar que las cosas han cambiado. Olvidar que las cosas no van bien. Simplemente olvidar. Olvidar que existe el tiempo  por un momento y olvidar lo que está ocurriendo. Olvidar, para luego darnos cuenta de que esto no es cierto, de que estamos donde estamos y como estamos y que tú puedas romper a llorar. Llorar sin cesar. Llorar hasta liberar tu alma de esa incongruencia, de esa incomprensión, de esa rabia contenida. Llorar, para luego gritar, y pegar patadas a un árbol hasta que nos duelan los dedos de los pies, tanto que se nos quite el dolor de corazón. Y entonces, en ese preciso momento, correr, correr tan lejos, tan rápido... que el tiempo no sea capaz de alcanzarnos, burlar a la vida por unas horas. Hacer puenting. Besarte. Abrazarte. Tan fuerte que sientas que te vas a romper. Y romperte en pedazos por fuera para poder empezar a recomponerte por dentro, porque no puedo verte así, porque odio verte así y porque estoy rota desde el día en que vi aquella inexpresión, aquél océano sin final en aquellos ojos que tanto he añorado, en aquella mirada que tanto he deseado. Y llevo días llorando el mar de lágrimas que tú no puedes soltar, lágrimas de impotencia, lágrimas por no poder correr hacia ti, por no poder sacarte, por no poder simplemente permanecer a tu lado, sin decir nada, sin respirar si quiera, por si acaso eso pudiera molestarte... Lágrimas por no poder llevarte un bizcocho de esos que me ha dado por hacer ahora, con forma de corazón y de varios sabores, que aunque ya sepa que tú los harías mucho mejor, también sé que pocas personas podrían hacértelo con tanto amor... Lágrimas de inconsistencia, lágrimas de deseo, de rabia y hasta de desamor. Lágrimas por ti, mi amor. Lágrimas por mi imposible y por tu situación. Recibe al menos una caricia dulce, tan dulce, que pueda secar esas lágrimas que no dejan de caer por tus mejillas sin tan si quiera humedecer tu rostro, tan dulce, que te haga soñar por un momento, que esto no es cierto, porque al fin y al cabo, mi amor... ¿qué es cierto? ¿qué ocurre de verdad? ¿qué nos lleva hacia donde el viento sopla fuerte? Lo cierto, es lo admirable que es la fortaleza de algunas personas, y eso, eso es con lo único que nos podemos quedar. 

domingo, 12 de agosto de 2012

Una heroína de cuento.



La miro. Está sentada a mi lado. Es fuerte, tan fuerte que ya nada le puede romper. Su pequeño esqueleto hace que parezca efímera, volátil, que parezca  fácilmente rompible, algunos dirían que de pasta blanda. Pero es la coraza que cubre un corazón increíble, amable fuerte y sincero. Es una heroína de cuento. Es ella. Lleva una semana sin a penas haberse apartado de mi. No hizo falta mucho. Solo una mirada. Quizá un silencio en forma de socorro y ya nunca estuve sola. Últimamente he estado realmente perdida, pero sin embargo, sabía que no estaba sola, mirase donde mirase, allí estaba ella, ofreciéndome su sonrisa, su conversación, su sensatez y su inteligencia. Me duele ver cómo a veces se pierde de una manera absurda, pero sé que lo hace consciente, sé que en el fondo sabe perfectamente el suelo por donde pisa y lo que quiere, de manera que no me asusta ni lo más mínimo. Le admiro y le admiro por estar permanentemente y a pesar de todo ahí, al pie del cañón. Con nuestros momentos, nuestras épocas. Nuestros si y nuestros no, pero al final, resultó estar más cerca de lo esperado.


No te vayas nunca.