martes, 23 de junio de 2015

Alas.



Tengo una cicatriz que me recuerda que soy rara,
la piel morada de tanto intentarlo,
lágrimas a punto del suicidio
y la sonrisa a medias,
tres lunares en mi pecho izquierdo
y un mundo en mi ombligo,
un infinito tatuado en mis muñecas,
a la incertidumbre entre mis piernas,
marcas del amor en mis rodillas,
raíces en mis tobillos,

         y alas

  en mis pies.

Maldita zorra. Elvira Sastre.



Estaba loca:
su tristeza no era de este mundo,
a veces estallaba a reír cuando me lloraba sus penas
y solía enredarse el pelo cuando le iba bien.


Se pintaba los labios antes de dormir:
'quiero estar guapa para mis sueños', me decía.
Luego se levantaba con el rímel corriéndose en sus ojeras,
como en mis mejores fantasías,
y me preguntaba la diferencia entre una nube y una ola.

Yo la observaba en silencio
-un silencio consciente,
pues ella era una de esas mujeres
que te hacen saberte derrotado antes de intentarlo-,
como si tratara de vencerla sin palabras,
como si esa fuera la única forma.
Ilusa.

En ocasiones todo lo que hay más allá
de alguien es superfluo
y todo lo que hay dentro de uno es redundante.
No lo sé,
le hubiera repetido un millón de veces por segundo
que era más guapa que un pájaro sobrevolando el mar
y que sabía más dulce que la caricia de un padre,
pero ella estaba loca,
loca como un silencio en medio de una escala,
y solo me besaba cuando me callaba.

Maldita zorra.

Solía decir que los peces eran gaviotas sin alas
y era imposible tocarla sin que gritara.
Yo lo disfrutaba: era un instrumento delicioso.

Cuando le decía que amaba su libertad
se desnudaba y subía las escaleras del portal sin ropa
mientras me decía que echaba de menos a su madre.

Cuando tenía miedo
se ponía el abrigo y se miraba al espejo,
entonces se reía de mí y se le pasaba.

Cuando tenía hambre
me acariciaba el pelo y me leía un libro
hasta que me quedaba dormida.
No sé qué hacía ella después,
pero cuando me levantaba ella seguía ahí
y mi pelo estaba lleno de flores.

Un día se fue diciendo algo que no entendí,
supongo que por eso empecé a escribir.
Me dijo:
no me estoy yendo,
solo soy un fantasma de todo lo que nunca tendrás.
Maldita zorra.
Maldita zorra loca.

Estaba loca,
joder,
estaba loca.

Tenía en su cabeza una locura preciosa.

¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?

-Elvira Sastre-


Fotografía: DIENES de Andre, 1913-1985 (Romania)



Se busca sapo

(que sea muy verde) y

que se deje amar
con locura.
Los príncipes
están demasiado
ocupados 
buscando el cómo
querer.


Día 15 después de ti.



Hoy había tostadas para dos, y te has marchado a las 9 (como siempre) de mi cama. Sé que no debería amarte, pero es este verano que se cuela por mi alfombra y no me deja dormir sola sin ti. Al marcharte, supe que la risa ya no sería risa sin ti. Que el llanto, ya no sería triste sin ti. Que las mañanas ya no tendrían olor a café. Y hoy, has vuelto. Pero no para quedarte. Dices que eres un alma de paso. Que vienes a disfrutarme, y yo me dejo. Por qué no. Al fin y al cabo, yo también disfruto. Y tanto que disfruto de ti.

viernes, 19 de junio de 2015

Te quiero
contar que eres esa razón por la cual
podría perderla. Y la pierdo.
Creo que ha vuelto a latir mi corazón
de los quince. El de los besos en el
portal, los paseos a deshoras, y el
amor desconocido. La sonrisa sin
que se note. Las palabras que se escapan
de tu boca y chocan contra mi ombligo,
donde disparan un ejército de mariposas
que creí que eran vulgares gusanos que solo
me consumían por dentro. Y no. Es tu voz
quien hace volar sus alas por dentro de mí,
y entonces, vuelo con ellas cuando salgo
a mi balcón como Julieta y no te espero,
y ahí estás: buscándome como yo
te he buscado toda mi vida. Y ahí está:
tu sonrisa, esperando a que baje por la escalera
de tu vida y te rompa los esquemas. Y esa forma
tan correcta que tienes de existir. Y es que no
sabes que el placer se encuentra en un baño
desnudos al atardecer en medio de un valle,
rodeados de gente que mira atónita nuestra
vulgar existencia. Pero prometo que yo a ti
te quiero
enseñar
a volar
como mis mariposas.




Es tan bello 
esto que nos pasa 
que no sé cómo 
contarlo.

Día 11 después de ti.


Alguien me dijo
que el día doce
sucede el olvido.
Pero a mí ya
se me olvidó quién.

martes, 16 de junio de 2015

Día 10 después de ti.

Lo que más me jode es saber
que me estoy olvidando de ti.
Que ya no habrá poesía bajo
mi almohada. Ni versos sobre
la cama. Que no habrá tú debajo
ni yo encima. Ni al lado. Que no
habrá un nosotros. Ni vecinos
escandalizados. Que no habrá
sábados eternos en mi cocina,
ni domingos de paseo en bicicleta.
No habrá más tú. No habrá más yo.
Y, no sé cómo, pero joder.
Lo estoy olvidando.

domingo, 14 de junio de 2015

Día 9 después de ti.


Llueve. Y ya sabes que me encanta
notar las gotas de lluvia sobre mis pies
descalzos. He cogido mis sandalias favoritas
y he salido a pasear. En realidad solo quería
encontrarte. Como Cortázar: "andábamos
sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos
para encontrarnos". Solo que en singular. Esta vez
solo andaba yo.
              
                    Es tan triste revivirte sin ti.

En mis oídos suena "My Girl"
             y de pronto
cae un mar entero sobre mis sueños.
Tropiezo y rompo mis sandalias. Despierto.
Comprendo que ya no estás y que no vas a
volver. Que mis pies descalzos ya no te hacen
reír, que tus dedos no me hacen volar, y que
mi sonrisa no te hace temblar. Ya no. Son nueve
días sin ti, nueve días sin mí.
                                   Sin ti, ya no soy yo.

La primavera ha perdido su color,
las rosas están mustias, el parque
ya no es verde, y me ha dado por odiarlo.
Lo odio con todas mis fuerzas,
casi con las mismas que te sigo amando.
Llevo ya varios días sin comer ni dormir, es
esta abstinencia de tu olor, de tu sabor,
de tu cordura que me ha vuelto tan loca.


Y vuelvo a este hogar vacío de vida
con el alma empapada, los pies descalzos,
y el corazón en un puño.
El amor debe ser eterno 
mientras dure.


Pasear contigo es volver
a ser todo eso que yo creía que ya no
era, ni podría llegar a ser.


Fotografía: Cáceres. 13 de junio del 2015 by P&D

Día 8 después de ti.




El cielo está gris, pero no llueve.
Creo que no hay nada más triste

jueves, 11 de junio de 2015

Día 7 después de ti.



Día 7 después de ti.



Hoy te he visto. Y se han vestido
de otoño las calles en junio,
al caer todas las hojas de los árboles
a tu paso. El sendero se ha vuelto del
color de tus ojos y el cielo de un color
gris infierno. Como el que vivo cada día
que pasa sin ti. La lluvia ha camuflado
mis lágrimas al intentar besarte desde
tan lejos. Y he caído en la certeza de que
ni siquiera eras tú. Era mi mente imaginándote,
y esta tormenta que huele a vida mojada,
y torrenciales de violencia en forma de gotas
de agua cayendo sobre mis piernas que ya
no caminan, porque sin ti han perdido el Norte.
Y el Sur, y el Este. Solo se giran hacia el Oeste
porque es donde está tu casa. Y rezo, como
un musulmán mirando hacia la Meca, a tu
residencia, como si un dios, tú
me fuera a escuchar, y traerme de nuevo
los días de abril, donde aún no llegaba el invierno
y eras tú quien florecía cada amanecer
entre mis piernas. Y un latido acelerado
anunciaba el comienzo de un nuevo día.
Ahora no hay latidos, ni tan siquiera hay días.
Creo que debo haber muerto,
porque la vida no sabe a nada.




Fotografía: Robert Frank Los Angeles 1956

Día 6 después de ti.



Día 6 después de ti.



Te he llamado. Esta vez, sí. Con elle.
Y todas las aceras de Cáceres gritaban
tu nombre sin mis acentos.
Me has contado algo de un perro,
y de tu madre, y de que la vecina de
en frente pregunta por mi salud.
Como si a mí me importara algo
que no fueras tú, cómo estás,
qué llevas puesto y quién te lo quita.
Quién le roba las horas a tu trabajo
y quién guarda tus sueños, con s,
porque aunque no lo creas, tú sueñas,
mucho más que yo. Conmigo.


Y dice Elvira,
"que te echo tanto de menos que en mi reloj aún es ayer".



martes, 9 de junio de 2015

Día 5 sin ti.


He pensado en llamarte. Pero sin elle. 
Y me han estallado todos los sentidos. 
La poliandria y la poligamia 
parecen decentes, si eres tú quien
al final del día apoyas la cabeza 
sobre mi almohada.
Quizá, la poliandria no. Quizá la poligamia. 
Estoy pensando en ampliar mi gusto
sexual, y que esté todo permitido. 
Siempre he querido hacer un ménage 
à trois, si es contigo. He leído algo sobre
el poliamor: ya he encontrado un término
que describe todo en lo que tú
creías. No sé si quizá yo. 
No, yo no. Lo mío es solo contigo. 
Que yo te hablo de un amor libre,
albedrío. Mi devocionario, tú.
Perdido en las ruinas de mi vida.
Mi revolución, tú. Sumergido
en las manifestaciones de mi sexo. 
Mi perdición, tus labios. Condenados
a una eternidad entre los míos.


¿Y tú,
qué dices?
¿hacemos un pacto?

sábado, 6 de junio de 2015

Día 2.



Día 2 después de ti.

Sigo despertando a las 9 los sábados, como si tuvieras prisa por irte de mi cama aún. Somnolienta preparo tostadas para dos, y cuando abro los ojos a lo que estoy haciendo tiro los restos de mí misma por la ventana para alimentar a los pájaros hambrientos que tanto odiabas porque se comían enteras tus plantas de esa droga que te gustaba mucho más que un nosotros, y que te hacía perder en esos mundos que yo no alcanzo. Ya no suena Lana del Rey, porque no he pensado siquiera en llorar. Nadie se esnifa mi pelo para quedarse para siempre su olor, y nadie se acomoda debajo de mi cuello para darme su mano por las noches. Resulta que al golpear el espejo, cuando confesaste que cada atardecer dejabas tu corazón debajo de una almohada distinta, me rompí todos los dedos de la mano derecha y ni siquiera puedo acariciarme pensando en ti. Para recuperarme, estoy construyendo un puzzle donde es él quien finalmente le besa a ella. Y es ella, la que por vez primera en la historia, decide si corresponderle o no. Ambos están situados en un precipicio, aquel al que les ha llevado el amor. Es ella, la que tiene los pies fuera, pero también es ella, quien está llena de color: El Beso de Klimt, siempre te preguntaste por qué me gustaba tanto. Aquí tienes la respuesta. Siempre pensé, que él serías tú, con esas formas tan cuadradas y racionales en su capa, y que ella acabaría siendo yo, con esos colores y esas curvas en su vida, agarrándome por siempre a ese beso.


viernes, 5 de junio de 2015

Por qué no me enamoré de ti

Por qué no me enamoré de ti
(y ya no importa).
         
          O por qué sí.
          (Y no te olvido)




Porque (no) te paras en mitad de la nada a oler una rosa,
porque (no) me sorprendo cantando en la calle junto a ti,
porque (no) me dices que estoy loca si salgo descalza
cuando llueve, y te agarro y te beso en zonas prohibidas.
Porque el día (no) te amanece temprano para amarme,
porque en la noche siempre te cansas al caer el sol.
Porque el trabajo (no) te llena las horas, pero (no) la mirada
(ni) el corazón. Porque el corazón te llena el espacio,
y el tiempo, pero (no) la mirada. (Ni) el alma.
Porque tu saliva llena mi boca y mi sexo,
pero (no) mi sed. Porque tus dedos satisfacen
mi libido y aplacan mi locura, pero (no) mi hambre.
Porque tu razón (no) me llena la cabeza de cordura
y me quita los versos que yo solo concibo desde el alma.
Porque (no) quisiste pararte a mirar el precipicio
que es mi boca y escuchar las locuras
que solo fui capaz de esbozar el último día.
Porque nunca quisiste leer mi libro
sin ver antes la portada.

jueves, 4 de junio de 2015

Loreto Sesma.

Tras haber leído, subrayado y quemado cada una de las hojas me he dado cuenta de que yo nunca fui Don Quijote, porque nunca fui valiente, nunca me atreví a enfrentarme a mis gigantes.



He aprendido que el invierno no era la llegada del frío si no ver llorar a mi madre. He llegado a la conclusión de que nunca acabaré de memorizar cada una de mis cicatrices, porque las sigo confundiendo con heridas, cuando me empeño en abrirlas. He medido la distancia en abrazos que le debía a mi hermana. Me he dado cuenta de que el amor no tenía nada que ver con lo que me habían contado, solo tenía que ver conmigo, y solo lo he sabido cuando en mitad del huracán he necesitado crear mapas con la piel de mi espalda. Sigo leyendo a Benedetti cuando se me cansan las alas y sigo haciendo florecer a Neruda cada primavera.He aprendido que no es a la tercera cuando te das por vencido, porque nunca has de rendirte. Que voy a tropezar, a caer, y a hacerme tantísimas heridas que voy a querer tener un doctorado en huidas, pero acabaré tirando pa’lante.


Porque sin andar no hay camino, y sin camino no hay historia, ni victoria, sólo derrota. Además, andando hacia atrás, uno siempre tiene más probabilidades de tropezar con la misma piedra.

También he aprendido que la magia del naufragio no está en llegar a ser superviviente, sino en aprender a bailar con el vaivén del mar, en mitad de la tormenta, agarrar el timón, aguantar el tirón, enamorarte de la corriente, ser paciente que las nubes se irán.

Que ya lo decían los Beatles: “el sol en algún momento va a llegar” y mientras, mientras tendríamos que bailar, bailar escuchando a Extremoduro, otorgándole a la noche un derroche de gaste de caderas.

¿De veras creíais que iba a rendirme? Los que estuvisteis apuntándome con el dedo, deberíais saber que sigo siendo yo la que me pongo la pistola en la sien y la que decido si apretar o no el gatillo, que no hay más balas para mí que las que yo misma fabrico y no tengo más heridas que las que yo me hice por voluntad propia.

Lo bueno de tener el corazón hecho pedazos es eso, que las balas de los demás tal como entran, salen.

En fin, que no necesito la saliva de nadie para curarme, eso tuve que aprender a hacerlo yo solita; que por mi suerte o para vuestra desgracia, todavía no voy a ser el blanco fácil de nadie.

No busco la aprobación de algún que otro imbécil que me dirá que esto no es poesía, porque es verdad, no lo es, esto es vida, la mía, así que ya decidiré yo como escribirla.

En fin, que sigo queriendo a morirme a todos los que me agarran cuando me fallan las fuerzas, que sigo teniendo en cuenta que aunque llegue el día que la sonrisa se me tuerza, van a estar ellos colocándome el mundo.


Y por eso, lo último pero más importante que he aprendido es que no soy aunque a veces no esté, sino que estoy aunque a veces no sea.


-Loreto Sesma-



Fotografía: Ernest Hemingway & Martha Gellhorn by RobertCapa.

domingo, 31 de mayo de 2015

Yo era una tarde de invierno,
nostalgia y ceniza en la cama;
los restos de un incendio provocado;
las ruinas que quedan
cuando un castillo es asaltado sin piedad;
un poema cansado
en forma de papel arrugado
en la papelera de cualquier oficina gris.

Tú eras un paseo por el campo,
un día de marzo,
el olor a caricia
sobre la hierba recién cortada;
el abrazo de bienvenida
en la terminal vacía de un aeropuerto;
eras la hora del recreo,
la tarde del viernes,
las vueltas a casa después del trabajo;
también eras los sábados por la noche,
el gol por la escuadra en el último minuto,
el polvo de reconciliación
de todas esas discusiones
que en el fondo solo son excusas
para encontrar nuevas formas de quererse.

Esas eran nuestras credenciales
mucho antes de presentarnos.

Entonces,
un día de otoño,
sin cartas y sin manga cautelosa,
te acercaste a mí con esa ternura
que sólo tienen las personas que saben amar.
Me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada;
cosiste con la paciencia
de quien cree lo que espera
las costuras rotas de mi pelo,
llenaste mi almohada de buenas noches
-y mejores sueños-
al descansar tu cabeza sobre ella.
Empecé a acompasar mi respiración
a tus latidos,
y la música
la música empezó a tener sentido.

Un tiempo después,
una mañana de esas en las que el Polo Norte
se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama
mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y, de repente, perdí el frío.
Fue así, mirarte fue el deshielo.
Te contemplé
y vi cómo se reconstruía la primavera en mi vida.
Las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que sólo saben decir que sí.
Te despertaste
y se me llenaron los ojos de pétalos.

Me miraste y te pregunté:
¿Qué has visto tú en mí?

Entonces,
con una media sonrisa, contestaste:
Una flor en medio de un campo en ruinas.


-Elvira Sastre-



viernes, 22 de mayo de 2015

Poema después de soñar.

Hoy,
(al fin)
he llorado.


Y mi alma
ha gritado en silencio.

Ha gritado el guantazo que
me diste cuando no quise
escoger esa silla para el salón.
Ha gritado el aborto
que tuve sin tus abrazos.
Hoy se ha comido el hambre
la anorexia de los catorce,
y se ha mirado al espejo
la bulimia de los quince.
Hoy mi abuela me ha besado
antes de fallecer entre mis brazos.
Hoy mi silla de ruedas
ha tenido amigos de sobra
para rodar.
Hoy mi jefe no ha gritado,
y me ha pagado las quince
horas de trabajo diario.
Hoy un funcionario
me ha ayudado.
Mi hermano
me ha amado.
Mi cuñada no se ha drogado.
Y mi padre es la única
verdad.

sábado, 16 de mayo de 2015

Hay sentimientos que no caben en una sola palabra, ni en dos, ni en tus tequieros, ni la lingüística cognitiva tiene las respuestas para una descripción que resulta insignificante al ser comparada con la realidad que habita en mis entrañas.
Días como hoy, en los que el reflejo dibuja mi presencia sobre el paisaje que vislumbro desde la ventana del tren de mi vida, me doy cuenta de que soy libre, que viajar me hace libre.


Y hoy, cuando mi alma se perfila sola 
en el eco de esta habitación, 
me doy cuenta que aquella maldita noche en que te hablaba exigente 
de la palabra libertad, 
no sabía bien lo que decía.




Te beso y me voy.

Me dices con voz
dogmática que la poesía
ha de remover conciencias.

Y yo, que la perdí allá por diciembre
te beso los labios y sonrío
esperando desviar tu inteligencia.

Y cierro los ojos,
y veo seis mil cuerpos vagantes
en un mar. A la espera de entrar
en el infierno. En busca de la vida
que no perdieron en el océano.

Y yo, que perdí la vergüenza
allá por enero, me enfado.
Y grito 'cabrones' a los ministerios.

Y ahora, que se acerca un veinticuatro
de mayo. Y que gastamos ese dinero
que la educación requiere
y la sanidad suplica
en carteles de colores que nos apartan
los ojos de las mentiras de un programa
electoral
para que no tomemos represalias
después de cuatro años
de victoria y dinero en sus bolsillos.

Ahora,
yo,
me enfado.

Y una voz radiofónica me cuenta
que ha muerto el rey del blues.
Y me enfado. Porque su
'Rock me Baby' (que adoro)
no me resuena a nada
cuando miro las caras de esos seis mil cuerpos
abandonados.
Y aparece una foto, de un niño
en Siria:
su cabeza, no mide más que mi dedo.
Y me enfado.

Y te he escrito un poema,
que no hace tomar conciencia.
Y ni siquiera grita cuando me enfado,
así que mejor recojo mis cosas
y me voy.




jueves, 14 de mayo de 2015



no hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza
por eso de que sus caderas...

ya sé de sobra que tiene esa sonrisa
y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.


pero además la he visto seria ser ella misma
y en serio que eso no se puede escribir en un poema.

por eso, eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas
y cómo se revuelve sobre las baldosas
y qué facil parece a veces enamorarse.

todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo
de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción...

todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.

pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente
para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas.

no sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece,
luego te abrace,
y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.

así que supondrás que yo soy el primero que entiende
el que pierdas la cabeza por sus piernas
y el sentido por sus palabras
y los huevos por un mínimo roce de mejilla.

que las suspicacias,
los disimulos cuando su culo pasa,
las incomodidades de orgullo que pueda provocarte
son algo con lo que ya cuento.

quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada,
que hace tiempo que escribo los míos.

que yo también la veo.
que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo.

que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior.

que conozco su voz en formato susurro
y formato gemido
y en formato secreto.

que me sé sus cicatrices
y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría,
y me sé lo de sus rodillas
y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra.

que yo también he memorizado su numero de teléfono
pero también el numero de sus escalones
y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.

que no solo conozco su última pesadilla,
también las mil anteriores,
y yo sí que no tengo cojones a decirla que no a nada
porque tengo más deudas con su espalda
de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).

que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista.

que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos,
y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino,
y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.

que lo de "mira sí, un polvo es un polvo",
y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas
y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.

que te entiendo.
que yo escribo sobre lo mismo.
sobre la misma.

que razones tenemos todos.

pero yo
muchas más que vosotros.

-Escandar Algeet-




Fotografía: Cara Delevigne by Peter Lindbergh
Es especialista en abrazos que duran horas, porque sabe que el tiempo lo construimos nosotros con las cosas importantes, y no hay nada más importante que un abrazo. Ha pasado a mi lado gripes, rupturas, mudanzas, despedidas, y muchas otras cosas que no caben en una palabra. Él, sabe que todo se cura de la misma manera: con abrazos. Y parece que no piensa dejar de darlos nunca.
Aún recuerdo cuando llegó a casa. Era un pequeño trasto maltratado y, aún así, ya era experto en dar amor. Al ver el palo de la escoba temblaba hasta ponernos a llorar los dos, pero como es un valiente aprendió a superar su miedo a los ruidos y a los palos. Aún no ha superado su miedo a las personas (pero es que yo tampoco) los niños le pegaban patadas cuando era un bebé y hay cosas que no se olvidan. Y cuando ya casi había superado aquello, vio una forma de maltrato que los humanos no vislumbran porque no deja a la luz ninguna cicatriz. Desde entonces, se asusta con facilidad de cualquier chico que mida más de 1,75 (yo también), y antes de que puedan articular palabra, él les deja claro que no será tan benevolente como lo fue con el primero, les deja claro que en esta casa no hay cabida para lo que no sean abrazos y buen humor, que no habrá más heridas, que no nos volveremos a curar. Antes lastimaremos.


Él podría llamarse Rex, y es mi perro.



Fotografía: Eliot Erwitt.
¿Cuántas camas tenemos que romper para que dejen de sonrojarnos los tequiero?

-Carlos Salem-



Fotografía: Melodie McDaniel.

viernes, 1 de mayo de 2015

Voy en el metro.



voy en el metro pensando

que tengo pareja y soy libre

porque es una chica que brilla

que no se conforma y que grita

cuando una injusticia le araña

que no se acomoda y no traga

mentiras ni empuña una espada

ella me quiere con calma

y repara mis alas de plumas gastadas

me tira en la cama y me chupa hasta el alma

no va de sobrada ni inventa escapadas

y si algo le duele lo dice y no calla

ella es mi chica revolucionaria




-Diego Ojeda-



Fotografía: Henri Cartier - Bresson. Paris, 1968.



jueves, 30 de abril de 2015

Follamantes



No sé por qué le llaman polvo, si con ella es luz y fuego y aire, y la tierra siempre queda abajo. Ella está hecha de un material tan especial, que te cambia la vida cuando la tocas.

Abrazarla desnuda es como bailar en el aire sin más música que la que vamos improvisando al respirarnos.

Abrazarla, desnuda, es remar contra el tiempo y ganarle.


Ella tiene solo un defecto: Yo.

Y hasta eso le queda bien.

-Carlos Salem. -



Fotografía: Helmut Newton.

Mayo

He abierto los ojos y mayo se ha tirado sobre mí en la cama sin dejar que terminase el último sueño. Pienso que ha llegado el momento de ponerle un final a tus versos, miro a mi izquierda y hay cinco lunares que me recuerdan que no existes. Creo que llevo una eternidad durmiendo. Pienso que quizá sea así y nada de esto haya ocurrido. Pero de pronto el viento ha soplado al calendario del salón y he visto que ha llegado el momento de enfrentar el final de una etapa en la que cuelgan una beca naranja de tu pecho, marcando sobre él la uve de la tan gloriosa victoria, y yo, que me he quedado dormida esperando el momento, pienso '¿y ahora qué?' y beso los lunares y no importa, pero por si acaso algún día... dejo una luz encendida esta noche que me permita acercarme a las ecuaciones que resuelven la fórmula de este futuro incierto.


Fotografía: Helmut Newton. 1989

lunes, 27 de abril de 2015

Mi chica revolucionaria.



Mi chica revolucionaria
(…)
Tuvo un novio hijo de puta
–fue entre los veinte y los veinticinco–
y aún conserva invierno
de aquel viaje,
trozos de un puzzle inservible
no apto para cardíacos,
y yo que soy arrítmico
he preferido conocer nunca
todos los detalles
tal vez por esto
todos los hombres que vinieron después
nunca fueron novios, ni parejas, ni amantes:
fueron básicamente animales de compañía.
El miedo, el puto miedo.


De su infancia conozco poco
pero estoy seguro que pasaron cosas.
Un padre trabajador,
una madre obediente,
mayoría absoluta de mujeres
en una familia típica de los ochenta,
un barrio a las afueras de Madrid,
un corazón inexperto,
dudas existenciales sobre la muerte de un insecto
y setenta y nueve maneras
de defenderse de la lluvia.

Cuando canta desafina
pero me gusta,
cuando se enfada sin razones la desactivo,
cuando se enciende yo también prendo, cuando no llora
yo pongo el charco, cuando cocina
la como a besos, cuando conduce le meto mano, cuando me chupa le aprieto fuerte
y nos entendemos, cuando se corre
es un seísmo sin escalas.

(…)

-Diego Ojeda-


Fotografía: Serie Noire Pour Belle De Nuit,” by Peter Lindbergh for M le Monde 
(September 2012)



domingo, 26 de abril de 2015

Domingo.

Un domingo interminable 
que acaba en mis manos 
por no encontrarte. 

Un domingo lleno 
de cine barato en un salón 
que chirría las puertas por ti. 
Un domingo 
de esos que haces cruz
 en el calendario por no pensarte,
 de esos que no atiendo
 a razones sin tu boca,
 de esos en que lo único
 que hubiera bastado para morir
 sería perder el aliento,
 porque el corazón se paró
 la noche del sábado,
 cuando caí de la bici frente a tu puerta y
 el ron se me derramaba por las pupilas
 mientras la lluvia desenredaba mi pelo.

 De hecho, probablemente ya no tengo el corazón, 
no lo sé, porque no lo siento, 
pero vi a tu perro juguetear con él mientras me lamía las heridas 
en las rodillas que me dejó 
otra boca 

por no hallarte.


Fotografía: Irving Penn.

El invierno me ha dejado una cicatriz en el lado izquierdo. Aún duele si me rozas, es demasiado grande. 
Pero mayo llega asomando sus rayos entre el ruido de tormentas que es abril, y esta primavera se dibuja en forma de gato de angora que recoge de mi pecho el amor que siempre me sobra, como recojo yo de tu sexo el gemido que anuncia un nuevo despertar. Un despertar sincero y en paz. El despertar de una nueva era que tatuará un infinito en mis pupilas y una eternidad encima cada uno de los puntos que perfilan la costura del paso del invierno por nuestras vidas.



Fotografía: Kylie Bax by Peter Lindbergh. 1997.


El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.


~Casablanca~







Causalidad o destino.






Siempre íbamos a la misma frutería, y no sé cómo lo hacíamos, pero siempre coincidíamos a la misma hora, comprábamos las mismas manzanas, y nos despedíamos cordialmente. Así, una y otra vez. Daba igual que yo fuera a las siete o él a las siete y cuarto, siempre algún motivo (que alguien mal llamaría destino) nos hacia coincidir. Un día el frutero no encontraba las bolsas, al siguiente yo había decidido salir más temprano y poner a prueba la casualidad y él también. Y así, acabamos comiendo las mismas manzanas del mismo plato, pues se acabó mudando conmigo. Y supongo que yo siempre había tenido la cama vacía porque siempre le había estado esperando.


sábado, 25 de abril de 2015

jueves, 9 de abril de 2015

Te conocí un abril, justo cuando más frío le dio por ser al invierno (no, la primavera aún no había llegado). Yo que me creía inmarcesible, comenzaba a perder las hojas, una a una, lenta y dolorosamente. Y con ellas, la paciencia. Entonces comenzaste a besar mis espinas y la primavera asomó con los primeros rayos de sol. Ahora hace un viento terrible, pero mi tronco es fuerte y tu aroma hace renacer mi única flor.

miércoles, 8 de abril de 2015

Miedo.




Quisiera contarte que tengo miedo. No a ti. Tengo miedo al futuro. Quisiera acariciarte con mi sonrisa, pero hoy mis pupilas se dilatan cuando te miro, y tengo la miel de los ojos difuminada por el agua que me empapa el alma. Quisiera rozarte el corazón con un cálido -no te asustes-, pero no encuentro esa expresión en mi léxico, creo que se ha borrado de tanto decírmela a mí misma cada mañana. Quisiera sostener tu mirada mientras me buscas, pero tengo el mundo agitado y no sé cómo contarte que no hay quien lo pueda parar. No sé cómo decirte que tú lo tambaleas un poco más.

martes, 7 de abril de 2015

Se dejó el corazón en mi casa con la promesa de volver a vernos. Aún no ha vuelto a por él, pero cada vez que lo miro suena Louis Armstrong y yo me acuerdo de sus pecas prohibidas, y de cómo memorizaba cada poro de mi piel. Cómo recorría mi deseo hasta perderse en mi locura. Cómo sus ojos se clavaban en mis pupilas susurrando  al oído palabras que me llevaban fuera de este mundo y no me devolvían hasta varios días después. Creo que él  también perdió el Norte y un cinturón después de aquel poema, pero no ha vuelto a amanecer y en mi casa aún sigue arañando el viejo tocadiscos de su corazón.

sábado, 4 de abril de 2015

Summertime

Mientras el vinilo da vueltas en el viejo toca discos, miro su boca. Si quisiera intentar besarle tendría que ponerme de puntillas o subirme al escalón que conecta la cocina con el patio donde duerme tranquilo el gato. Es demasiado difícil. Él siempre es demasiado difícil, inalcanzable. Él siempre es demasiado. Su tez blanca rompe por completo sus facciones de tipo duro. Si ahora mismo tuviese narices, le cogería del culo y no dejaría que se fuera nunca más. Bailaríamos lento y a contratiempo. Cuando me quiero dar cuenta estamos bailando lento y el tiempo juega a nuestro favor, agacha su cabeza mirándome a los ojos mientras me susurra algo que no entiendo, pero me permite que le ataque a mordiscos. Sus labios carnosos se intercalan con los míos y de fondo suena la increíble Ella Fitzgerald, me gustaría tener su voz, aunque ahora lo único que me pertenece e importa es su boca. No quiero que acabe nunca.


Intranerso.



Estabas loca. Esa locura contagiosa, agradable al principio, y que nunca sabes por dónde te va a llevar. Yo ya intuía que eras una chica tóxica, pero te ponías a hablarme de Sabina y de Louis C.K. y de Palahniuk y del Cinque Terre y me dabas besos en la nariz después de reírte y Madrid entera te hubiera follado.
Y ahí terminamos, en mi cama. Aunque antes habíamos terminado en aquel portal que olía a recién pintado. Y es que estaba recién pintado. Desde esa noche tengo el corazón un poco más roto y unos vaqueros llenos de pintura blanca.
A veces buscamos sentir más de lo que deberíamos.
Pero espero no aprender jamás esta lección.


-Carlos Miguel Cortés. Intranerso-

martes, 31 de marzo de 2015

No sé cómo lo haces.





No sé cómo lo haces, eso que haces de convertir una siesta en una fiesta, un despertar en ceremonia de ternuras, y una tarde de domingo en un picnic sin hormigas.
No sé cómo lo haces, eso que le haces al tiempo para que pierda la gomina, estire las horas y baile en las agendas, mientras bailas sobre mí tu danza de sirena.
No sé cómo lo haces, eso que me hace creer otra vez en los milagros, y rezar desafiante entre tus piernas a un dios que luce esa sonrisa promisoria y satisfecha.
No sé cómo lo haces, eso que haces al acariciar la noche porque la noche es gata, y estirarte de modo que conviertes un bostezo en el pasado de un gemido.
No sé cómo lo haces eso que nos haces, cuando desnuda me sonrojan tus piropos, te enroscas como una hiedra tierna, echas a la lavadora mis corazas, o fabricas mermeladas con tus penas.
No sé cómo lo haces, eso que haces.
Pero no dejes de hacerlo nunca.

-Adaptación del texto de Carlos Salem-

lunes, 30 de marzo de 2015



No se mide el valor de alguien por sus ropas o por los bienes que posee, su verdadero valor es su carácter, sus ideas y la nobleza de sus ideales.

~Charles Chaplin~

Mi lado favorito de la cama
eres Tú.


~Zahara~






¿Te he dicho ya que me encanta
S?

martes, 24 de marzo de 2015



Lléname de ti.

De esta fragancia

que es locura.

De esta inmensidad

que es solo tuya.


Lléname de ti.


Haz que bailen

los enanos en este circo loco

de mi cabeza

y sonríe a la ignorancia

de mis versos,

mientras

te miro eterna en un sueño.

El co-razón.




Pon la mano aquí, 
justo en el lado izquierdo.

¿Sientes cómo lates? 

He perdido las razones,
tienes tú el co-razón.

miércoles, 18 de marzo de 2015



Claro que ya me había terminado el café. Pero reconocerlo hubiera hecho que aquella conversación terminase, quién sabe si para siempre. Y últimamente me había dado por aferrarme a los momentos. Volví a poner la taza en el plato correspondiente, y a sorbos bebí la mezcla fría desde hacía ya varias horas. Mereció la pena el mal trago.

martes, 17 de marzo de 2015

Lo que yo quisiera de ti.





Todo lo que yo quisiera de ti son esas cosas cotidianas,
el olor de tu cuerpo,
saber lo que piensas de cualquier cosa,
de ti, de mi, de nuestro entorno.
Que mires más allá
de mi apariencia física,
que me recuerdes con pasión,
y que el placer que juntos
inventamos sea otro signo de libertad.



-Julio Cortázar-