domingo, 31 de mayo de 2015

Yo era una tarde de invierno,
nostalgia y ceniza en la cama;
los restos de un incendio provocado;
las ruinas que quedan
cuando un castillo es asaltado sin piedad;
un poema cansado
en forma de papel arrugado
en la papelera de cualquier oficina gris.

Tú eras un paseo por el campo,
un día de marzo,
el olor a caricia
sobre la hierba recién cortada;
el abrazo de bienvenida
en la terminal vacía de un aeropuerto;
eras la hora del recreo,
la tarde del viernes,
las vueltas a casa después del trabajo;
también eras los sábados por la noche,
el gol por la escuadra en el último minuto,
el polvo de reconciliación
de todas esas discusiones
que en el fondo solo son excusas
para encontrar nuevas formas de quererse.

Esas eran nuestras credenciales
mucho antes de presentarnos.

Entonces,
un día de otoño,
sin cartas y sin manga cautelosa,
te acercaste a mí con esa ternura
que sólo tienen las personas que saben amar.
Me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada;
cosiste con la paciencia
de quien cree lo que espera
las costuras rotas de mi pelo,
llenaste mi almohada de buenas noches
-y mejores sueños-
al descansar tu cabeza sobre ella.
Empecé a acompasar mi respiración
a tus latidos,
y la música
la música empezó a tener sentido.

Un tiempo después,
una mañana de esas en las que el Polo Norte
se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama
mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y, de repente, perdí el frío.
Fue así, mirarte fue el deshielo.
Te contemplé
y vi cómo se reconstruía la primavera en mi vida.
Las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que sólo saben decir que sí.
Te despertaste
y se me llenaron los ojos de pétalos.

Me miraste y te pregunté:
¿Qué has visto tú en mí?

Entonces,
con una media sonrisa, contestaste:
Una flor en medio de un campo en ruinas.


-Elvira Sastre-



viernes, 22 de mayo de 2015

Poema después de soñar.

Hoy,
(al fin)
he llorado.


Y mi alma
ha gritado en silencio.

Ha gritado el guantazo que
me diste cuando no quise
escoger esa silla para el salón.
Ha gritado el aborto
que tuve sin tus abrazos.
Hoy se ha comido el hambre
la anorexia de los catorce,
y se ha mirado al espejo
la bulimia de los quince.
Hoy mi abuela me ha besado
antes de fallecer entre mis brazos.
Hoy mi silla de ruedas
ha tenido amigos de sobra
para rodar.
Hoy mi jefe no ha gritado,
y me ha pagado las quince
horas de trabajo diario.
Hoy un funcionario
me ha ayudado.
Mi hermano
me ha amado.
Mi cuñada no se ha drogado.
Y mi padre es la única
verdad.

sábado, 16 de mayo de 2015

Hay sentimientos que no caben en una sola palabra, ni en dos, ni en tus tequieros, ni la lingüística cognitiva tiene las respuestas para una descripción que resulta insignificante al ser comparada con la realidad que habita en mis entrañas.
Días como hoy, en los que el reflejo dibuja mi presencia sobre el paisaje que vislumbro desde la ventana del tren de mi vida, me doy cuenta de que soy libre, que viajar me hace libre.


Y hoy, cuando mi alma se perfila sola 
en el eco de esta habitación, 
me doy cuenta que aquella maldita noche en que te hablaba exigente 
de la palabra libertad, 
no sabía bien lo que decía.




Te beso y me voy.

Me dices con voz
dogmática que la poesía
ha de remover conciencias.

Y yo, que la perdí allá por diciembre
te beso los labios y sonrío
esperando desviar tu inteligencia.

Y cierro los ojos,
y veo seis mil cuerpos vagantes
en un mar. A la espera de entrar
en el infierno. En busca de la vida
que no perdieron en el océano.

Y yo, que perdí la vergüenza
allá por enero, me enfado.
Y grito 'cabrones' a los ministerios.

Y ahora, que se acerca un veinticuatro
de mayo. Y que gastamos ese dinero
que la educación requiere
y la sanidad suplica
en carteles de colores que nos apartan
los ojos de las mentiras de un programa
electoral
para que no tomemos represalias
después de cuatro años
de victoria y dinero en sus bolsillos.

Ahora,
yo,
me enfado.

Y una voz radiofónica me cuenta
que ha muerto el rey del blues.
Y me enfado. Porque su
'Rock me Baby' (que adoro)
no me resuena a nada
cuando miro las caras de esos seis mil cuerpos
abandonados.
Y aparece una foto, de un niño
en Siria:
su cabeza, no mide más que mi dedo.
Y me enfado.

Y te he escrito un poema,
que no hace tomar conciencia.
Y ni siquiera grita cuando me enfado,
así que mejor recojo mis cosas
y me voy.




jueves, 14 de mayo de 2015



no hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza
por eso de que sus caderas...

ya sé de sobra que tiene esa sonrisa
y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.


pero además la he visto seria ser ella misma
y en serio que eso no se puede escribir en un poema.

por eso, eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas
y cómo se revuelve sobre las baldosas
y qué facil parece a veces enamorarse.

todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo
de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción...

todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.

pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente
para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas.

no sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece,
luego te abrace,
y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.

así que supondrás que yo soy el primero que entiende
el que pierdas la cabeza por sus piernas
y el sentido por sus palabras
y los huevos por un mínimo roce de mejilla.

que las suspicacias,
los disimulos cuando su culo pasa,
las incomodidades de orgullo que pueda provocarte
son algo con lo que ya cuento.

quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada,
que hace tiempo que escribo los míos.

que yo también la veo.
que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo.

que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior.

que conozco su voz en formato susurro
y formato gemido
y en formato secreto.

que me sé sus cicatrices
y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría,
y me sé lo de sus rodillas
y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra.

que yo también he memorizado su numero de teléfono
pero también el numero de sus escalones
y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.

que no solo conozco su última pesadilla,
también las mil anteriores,
y yo sí que no tengo cojones a decirla que no a nada
porque tengo más deudas con su espalda
de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).

que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista.

que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos,
y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino,
y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.

que lo de "mira sí, un polvo es un polvo",
y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas
y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.

que te entiendo.
que yo escribo sobre lo mismo.
sobre la misma.

que razones tenemos todos.

pero yo
muchas más que vosotros.

-Escandar Algeet-




Fotografía: Cara Delevigne by Peter Lindbergh
Es especialista en abrazos que duran horas, porque sabe que el tiempo lo construimos nosotros con las cosas importantes, y no hay nada más importante que un abrazo. Ha pasado a mi lado gripes, rupturas, mudanzas, despedidas, y muchas otras cosas que no caben en una palabra. Él, sabe que todo se cura de la misma manera: con abrazos. Y parece que no piensa dejar de darlos nunca.
Aún recuerdo cuando llegó a casa. Era un pequeño trasto maltratado y, aún así, ya era experto en dar amor. Al ver el palo de la escoba temblaba hasta ponernos a llorar los dos, pero como es un valiente aprendió a superar su miedo a los ruidos y a los palos. Aún no ha superado su miedo a las personas (pero es que yo tampoco) los niños le pegaban patadas cuando era un bebé y hay cosas que no se olvidan. Y cuando ya casi había superado aquello, vio una forma de maltrato que los humanos no vislumbran porque no deja a la luz ninguna cicatriz. Desde entonces, se asusta con facilidad de cualquier chico que mida más de 1,75 (yo también), y antes de que puedan articular palabra, él les deja claro que no será tan benevolente como lo fue con el primero, les deja claro que en esta casa no hay cabida para lo que no sean abrazos y buen humor, que no habrá más heridas, que no nos volveremos a curar. Antes lastimaremos.


Él podría llamarse Rex, y es mi perro.



Fotografía: Eliot Erwitt.
¿Cuántas camas tenemos que romper para que dejen de sonrojarnos los tequiero?

-Carlos Salem-



Fotografía: Melodie McDaniel.

viernes, 1 de mayo de 2015

Voy en el metro.



voy en el metro pensando

que tengo pareja y soy libre

porque es una chica que brilla

que no se conforma y que grita

cuando una injusticia le araña

que no se acomoda y no traga

mentiras ni empuña una espada

ella me quiere con calma

y repara mis alas de plumas gastadas

me tira en la cama y me chupa hasta el alma

no va de sobrada ni inventa escapadas

y si algo le duele lo dice y no calla

ella es mi chica revolucionaria




-Diego Ojeda-



Fotografía: Henri Cartier - Bresson. Paris, 1968.



jueves, 30 de abril de 2015

Follamantes



No sé por qué le llaman polvo, si con ella es luz y fuego y aire, y la tierra siempre queda abajo. Ella está hecha de un material tan especial, que te cambia la vida cuando la tocas.

Abrazarla desnuda es como bailar en el aire sin más música que la que vamos improvisando al respirarnos.

Abrazarla, desnuda, es remar contra el tiempo y ganarle.


Ella tiene solo un defecto: Yo.

Y hasta eso le queda bien.

-Carlos Salem. -



Fotografía: Helmut Newton.

Mayo

He abierto los ojos y mayo se ha tirado sobre mí en la cama sin dejar que terminase el último sueño. Pienso que ha llegado el momento de ponerle un final a tus versos, miro a mi izquierda y hay cinco lunares que me recuerdan que no existes. Creo que llevo una eternidad durmiendo. Pienso que quizá sea así y nada de esto haya ocurrido. Pero de pronto el viento ha soplado al calendario del salón y he visto que ha llegado el momento de enfrentar el final de una etapa en la que cuelgan una beca naranja de tu pecho, marcando sobre él la uve de la tan gloriosa victoria, y yo, que me he quedado dormida esperando el momento, pienso '¿y ahora qué?' y beso los lunares y no importa, pero por si acaso algún día... dejo una luz encendida esta noche que me permita acercarme a las ecuaciones que resuelven la fórmula de este futuro incierto.


Fotografía: Helmut Newton. 1989

lunes, 27 de abril de 2015

Mi chica revolucionaria.



Mi chica revolucionaria
(…)
Tuvo un novio hijo de puta
–fue entre los veinte y los veinticinco–
y aún conserva invierno
de aquel viaje,
trozos de un puzzle inservible
no apto para cardíacos,
y yo que soy arrítmico
he preferido conocer nunca
todos los detalles
tal vez por esto
todos los hombres que vinieron después
nunca fueron novios, ni parejas, ni amantes:
fueron básicamente animales de compañía.
El miedo, el puto miedo.


De su infancia conozco poco
pero estoy seguro que pasaron cosas.
Un padre trabajador,
una madre obediente,
mayoría absoluta de mujeres
en una familia típica de los ochenta,
un barrio a las afueras de Madrid,
un corazón inexperto,
dudas existenciales sobre la muerte de un insecto
y setenta y nueve maneras
de defenderse de la lluvia.

Cuando canta desafina
pero me gusta,
cuando se enfada sin razones la desactivo,
cuando se enciende yo también prendo, cuando no llora
yo pongo el charco, cuando cocina
la como a besos, cuando conduce le meto mano, cuando me chupa le aprieto fuerte
y nos entendemos, cuando se corre
es un seísmo sin escalas.

(…)

-Diego Ojeda-


Fotografía: Serie Noire Pour Belle De Nuit,” by Peter Lindbergh for M le Monde 
(September 2012)



domingo, 26 de abril de 2015

Domingo.

Un domingo interminable 
que acaba en mis manos 
por no encontrarte. 

Un domingo lleno 
de cine barato en un salón 
que chirría las puertas por ti. 
Un domingo 
de esos que haces cruz
 en el calendario por no pensarte,
 de esos que no atiendo
 a razones sin tu boca,
 de esos en que lo único
 que hubiera bastado para morir
 sería perder el aliento,
 porque el corazón se paró
 la noche del sábado,
 cuando caí de la bici frente a tu puerta y
 el ron se me derramaba por las pupilas
 mientras la lluvia desenredaba mi pelo.

 De hecho, probablemente ya no tengo el corazón, 
no lo sé, porque no lo siento, 
pero vi a tu perro juguetear con él mientras me lamía las heridas 
en las rodillas que me dejó 
otra boca 

por no hallarte.


Fotografía: Irving Penn.

El invierno me ha dejado una cicatriz en el lado izquierdo. Aún duele si me rozas, es demasiado grande. 
Pero mayo llega asomando sus rayos entre el ruido de tormentas que es abril, y esta primavera se dibuja en forma de gato de angora que recoge de mi pecho el amor que siempre me sobra, como recojo yo de tu sexo el gemido que anuncia un nuevo despertar. Un despertar sincero y en paz. El despertar de una nueva era que tatuará un infinito en mis pupilas y una eternidad encima cada uno de los puntos que perfilan la costura del paso del invierno por nuestras vidas.



Fotografía: Kylie Bax by Peter Lindbergh. 1997.


El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos.


~Casablanca~







Causalidad o destino.






Siempre íbamos a la misma frutería, y no sé cómo lo hacíamos, pero siempre coincidíamos a la misma hora, comprábamos las mismas manzanas, y nos despedíamos cordialmente. Así, una y otra vez. Daba igual que yo fuera a las siete o él a las siete y cuarto, siempre algún motivo (que alguien mal llamaría destino) nos hacia coincidir. Un día el frutero no encontraba las bolsas, al siguiente yo había decidido salir más temprano y poner a prueba la casualidad y él también. Y así, acabamos comiendo las mismas manzanas del mismo plato, pues se acabó mudando conmigo. Y supongo que yo siempre había tenido la cama vacía porque siempre le había estado esperando.


sábado, 25 de abril de 2015

jueves, 9 de abril de 2015

Te conocí un abril, justo cuando más frío le dio por ser al invierno (no, la primavera aún no había llegado). Yo que me creía inmarcesible, comenzaba a perder las hojas, una a una, lenta y dolorosamente. Y con ellas, la paciencia. Entonces comenzaste a besar mis espinas y la primavera asomó con los primeros rayos de sol. Ahora hace un viento terrible, pero mi tronco es fuerte y tu aroma hace renacer mi única flor.

miércoles, 8 de abril de 2015

Miedo.




Quisiera contarte que tengo miedo. No a ti. Tengo miedo al futuro. Quisiera acariciarte con mi sonrisa, pero hoy mis pupilas se dilatan cuando te miro, y tengo la miel de los ojos difuminada por el agua que me empapa el alma. Quisiera rozarte el corazón con un cálido -no te asustes-, pero no encuentro esa expresión en mi léxico, creo que se ha borrado de tanto decírmela a mí misma cada mañana. Quisiera sostener tu mirada mientras me buscas, pero tengo el mundo agitado y no sé cómo contarte que no hay quien lo pueda parar. No sé cómo decirte que tú lo tambaleas un poco más.

martes, 7 de abril de 2015

Se dejó el corazón en mi casa con la promesa de volver a vernos. Aún no ha vuelto a por él, pero cada vez que lo miro suena Louis Armstrong y yo me acuerdo de sus pecas prohibidas, y de cómo memorizaba cada poro de mi piel. Cómo recorría mi deseo hasta perderse en mi locura. Cómo sus ojos se clavaban en mis pupilas susurrando  al oído palabras que me llevaban fuera de este mundo y no me devolvían hasta varios días después. Creo que él  también perdió el Norte y un cinturón después de aquel poema, pero no ha vuelto a amanecer y en mi casa aún sigue arañando el viejo tocadiscos de su corazón.

sábado, 4 de abril de 2015

Summertime

Mientras el vinilo da vueltas en el viejo toca discos, miro su boca. Si quisiera intentar besarle tendría que ponerme de puntillas o subirme al escalón que conecta la cocina con el patio donde duerme tranquilo el gato. Es demasiado difícil. Él siempre es demasiado difícil, inalcanzable. Él siempre es demasiado. Su tez blanca rompe por completo sus facciones de tipo duro. Si ahora mismo tuviese narices, le cogería del culo y no dejaría que se fuera nunca más. Bailaríamos lento y a contratiempo. Cuando me quiero dar cuenta estamos bailando lento y el tiempo juega a nuestro favor, agacha su cabeza mirándome a los ojos mientras me susurra algo que no entiendo, pero me permite que le ataque a mordiscos. Sus labios carnosos se intercalan con los míos y de fondo suena la increíble Ella Fitzgerald, me gustaría tener su voz, aunque ahora lo único que me pertenece e importa es su boca. No quiero que acabe nunca.


Intranerso.



Estabas loca. Esa locura contagiosa, agradable al principio, y que nunca sabes por dónde te va a llevar. Yo ya intuía que eras una chica tóxica, pero te ponías a hablarme de Sabina y de Louis C.K. y de Palahniuk y del Cinque Terre y me dabas besos en la nariz después de reírte y Madrid entera te hubiera follado.
Y ahí terminamos, en mi cama. Aunque antes habíamos terminado en aquel portal que olía a recién pintado. Y es que estaba recién pintado. Desde esa noche tengo el corazón un poco más roto y unos vaqueros llenos de pintura blanca.
A veces buscamos sentir más de lo que deberíamos.
Pero espero no aprender jamás esta lección.


-Carlos Miguel Cortés. Intranerso-

martes, 31 de marzo de 2015

No sé cómo lo haces.





No sé cómo lo haces, eso que haces de convertir una siesta en una fiesta, un despertar en ceremonia de ternuras, y una tarde de domingo en un picnic sin hormigas.
No sé cómo lo haces, eso que le haces al tiempo para que pierda la gomina, estire las horas y baile en las agendas, mientras bailas sobre mí tu danza de sirena.
No sé cómo lo haces, eso que me hace creer otra vez en los milagros, y rezar desafiante entre tus piernas a un dios que luce esa sonrisa promisoria y satisfecha.
No sé cómo lo haces, eso que haces al acariciar la noche porque la noche es gata, y estirarte de modo que conviertes un bostezo en el pasado de un gemido.
No sé cómo lo haces eso que nos haces, cuando desnuda me sonrojan tus piropos, te enroscas como una hiedra tierna, echas a la lavadora mis corazas, o fabricas mermeladas con tus penas.
No sé cómo lo haces, eso que haces.
Pero no dejes de hacerlo nunca.

-Adaptación del texto de Carlos Salem-

lunes, 30 de marzo de 2015



No se mide el valor de alguien por sus ropas o por los bienes que posee, su verdadero valor es su carácter, sus ideas y la nobleza de sus ideales.

~Charles Chaplin~

Mi lado favorito de la cama
eres Tú.


~Zahara~






¿Te he dicho ya que me encanta
S?

martes, 24 de marzo de 2015



Lléname de ti.

De esta fragancia

que es locura.

De esta inmensidad

que es solo tuya.


Lléname de ti.


Haz que bailen

los enanos en este circo loco

de mi cabeza

y sonríe a la ignorancia

de mis versos,

mientras

te miro eterna en un sueño.

El co-razón.




Pon la mano aquí, 
justo en el lado izquierdo.

¿Sientes cómo lates? 

He perdido las razones,
tienes tú el co-razón.

miércoles, 18 de marzo de 2015



Claro que ya me había terminado el café. Pero reconocerlo hubiera hecho que aquella conversación terminase, quién sabe si para siempre. Y últimamente me había dado por aferrarme a los momentos. Volví a poner la taza en el plato correspondiente, y a sorbos bebí la mezcla fría desde hacía ya varias horas. Mereció la pena el mal trago.

martes, 17 de marzo de 2015

Lo que yo quisiera de ti.





Todo lo que yo quisiera de ti son esas cosas cotidianas,
el olor de tu cuerpo,
saber lo que piensas de cualquier cosa,
de ti, de mi, de nuestro entorno.
Que mires más allá
de mi apariencia física,
que me recuerdes con pasión,
y que el placer que juntos
inventamos sea otro signo de libertad.



-Julio Cortázar-

Posiblemente me quisiera.



Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo,
pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme.

-Mario Benedetti-


domingo, 15 de marzo de 2015



Hay quien nunca me amó más allá de mi escote y quien lo hizo mucho más allá de mi mirada. 
Mi error fue amar a todos por igual.










Lleva el sufrimiento tallado a fuego en la mirada y en sus curvas se moldea mi angustia.

Solo por él.



Llega un momento en que las tardes de domingo se dibujan sobre la arena mojada bajo tus pies durante un largo paseo en la playa, agarrada de su mano. Hablando de nada, de todo, de que ni sí, ni no. De que nada importa demasiado, de que todo importa lo suficiente. Llega un momento en que tu mejor amigo te dice: -es hora de que tengas a alguien siempre a tu lado- y tú, por primera vez respondes, -pues sí, ya es hora-, y sonríes. Llega un momento en que las llamadas a deshoras son apropiadas y los momentos de desquicio tolerables. Que comienzas a pasear muy despacio por la vida y te das cuenta de que como alguien una vez dijo: "la vida es un paseo y es mejor hacerlo en compañía". Que las noches son como una larga cola de espera en el cine que no quieres pasar a solas ni aunque tengas palomitas. Que tu cama de noventa centímetros se ha vuelto un desierto sin fin cuando él no está a tu lado. Llega ese momento, en que desistes de la lucha interna por una pasión y te abandonas al amor, al amor del bueno, al que te abraza en los malos momentos y tira piedras a tu ventana un domingo, con un chocolate caliente quemándole las manos mientras tú sonríes ante una muestra de romanticismo que nunca pasará de moda. En los buenos momentos, él, simplemente sonríe de verte tan brillante. Llega un momento, en que simplemente te abandonas a eso que siempre has esperado. Y te conviertes en alguien feliz, que sonríe y lucha en cada instante, no por nada, solo por él.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Ovidarte.

Descubrí que para olvidarte no necesitaba veintiún días, ni remedios caseros contra el mal de amor. Descubrí que no necesitaba engancharme de alguien que atenuase mi dolor. Ni si quiera debía crecer mi alter ego o cosas de esas raras que contaban mis libros preferidos. Recordé aquella escena de mi película favorita en la que ella preguntaba -¿cuándo volveré a reír?- Y su fiel amiga respondía -cuando algo tenga verdaderamente gracia-. Y así fue. Me enamoré en el momento en que algo merecía realmente la pena… y la vida. En aquel momento en que alguien me sonrió en la distancia sin importar nada más. En el momento en que alguien me amó algo más que tú. Cosa que, al tiempo descubrí, no era muy difícil.

martes, 3 de marzo de 2015

Pesadilla

Me desperté esta mañana y creí 
que todo había sido una pesadilla.
No había dolor 

por tu pérdida.
Nunca te habías ido.
Ni siquiera sabía donde estaba
hasta que su mano 
rozó mi brazo y
fue tan intenso el dolor
de saber que no eras tú
que desperté de cualquier sueño
que pudiera algún día llegar a tener.

lunes, 2 de marzo de 2015





"Y cayeron temblando de sus pestañas a la yerba del suelo dos huideras lágrimas en que también, como en rocío, se bañó temblorosa la lumbre de la luna llena".



-Miguel de Unamuno (San Manuel Bueno, mártir).-

El amor.

En la misma ciudad, una chica ama de menos y otra lo hace de más. Solo unos metros más allá hay un chico que ama de más. Y cientos de kilómetros más allá, otro chico no sabe cómo ni cuándo amar.

sábado, 28 de febrero de 2015

Un día raro.

Es difícil hablar del dolor. Del sentimiento de frustración. Es difícil hablar de la desesperación. Más difícil aún es levantarte un buen día y no saber qué es lo que te pasa. Hoy tengo un día raro, te dices. Pasan los meses y el dolor físico es tan profundo que no se puede explicar. Un buen día, tu cuerpo repentinamente se para y los médicos se ciñen a preguntar si tienes problemas personales, te dan un zumo o como mucho una pastilla que creo recordar se llama Orfidal. Consiguen que estés como ellos, dormidos. Pasan los meses y te percatas de que esa dosis sublingual no fue nada más que miedo a lo desconocido, lo raro. No quieres creer que sea ignorancia. Simplemente es raro. Por fin alguien te da una posible explicación a que tu cuerpo haya decidido no moverse más, que tus músculos hayan decidido atrofiarse, no pertenecerte nunca más o por un tiempo. Rezas para convencerte de que sea solo por un tiempo, ni si quiera sabes cuánto puede durar. Cuánto daño emocional pretende hacerte tu cuerpo rebelde que ha dejado de funcionar. No lo sabes y tampoco te resuelven la duda, quizá ellos ni si quiera lo conozcan. No puedes levantarte. No puedes caminar. No sabes qué es. Hay días en que te levantas y el dolor no te deja si quiera pensar. Pero no te puede vencer. No, a ti, no. Te da por preguntar al gigante, Google. Y se te abre un mundo desconocido, raro. Tecleas un conjunto de síntomas y palabras raras que te han dicho como posible diagnóstico y ahí lo tienes: artículo de wikipedia sobre las enfermedades raras, aquellas que afectan a una de cada dos mil personas en España. ¿Pero qué es esto?, te preguntas. No puede ser. Comienzas a leer. Descubres un blog: 'vivirconmiopatia.blogspot.com'; Cristina cuenta que lleva ocho años sin poder caminar más de cincuenta metros seguidos y que, por fin, un médico ha decidido saber qué le pasa. A Cristina le han dicho durante ocho malditos años que es hipocondríaca, que sufre de estrés y que quiere llamar la atención. A Cristina, seguramente le hayan puesto un Orfidal sublingual, igual que a ti. A Cristina, seguramente le hayan hablado de problemas personales, como un día te hicieron a ti. Pero tú has tenido más suerte. Aquel médico que te vio llorar ante la impotencia de no poder levantarte del suelo, decidió estudiar la posibilidad de una rareza en ti, una condición diferente, algo que te hace único... e incurable.
Pasan los meses y no hay mejora, no hay diagnóstico. Aunque se enciende una luz al tener acceso a una prueba que podría dar pistas de lo que te pasa, o quizá no. Ni si quiera sabes si quieres que esa prueba te dé pistas. Ahora te estoy hablando del miedo, el miedo a lo desconocido, a lo que no se ve, a lo incurable, el miedo al propio miedo. Por fin tienes cita, después tardarán meses en darte el resultado pero mientras tanto tú has decidido vivir. No queda otra, moverte poco pero sacar tu sonrisa al sol. Hay días en que tienes que usar unas ruedas como sustitución a tus funciones motoras, pero no importa, eso no es lo importante. Lo peor viene cuando alguien se acerca y te pregunta: pero… ¿qué te ha pasado? Ahí de nuevo sufres el shock. Porque no tienes respuesta, no la hay. Nadie la tiene, al menos por el momento, desde hace ya solo tres meses. Siempre recuerdas a Cristina y piensas que tres meses no es nada. Pero sí lo son, con sus días y con sus noches, dolores y frustraciones.
Probablemente (quiero pensar) que mi enfermedad sea algo temporal. No me importa si mi rareza no tiene explicación, si ha sido una inflamación muscular provocada por una respuesta autoinmune. Probablemente todo acabe dentro de unos meses como un mal sueño. Pero puede que no. Puede que como Blanca de la Cruz o Cristina, luche durante años por un diagnóstico. Y que durante años pregunten qué es lo que me pasa y que nadie tenga la respuesta. A pesar de ser una apasionada de las letras, no tengo la facultad de poder describir todo ese proceso de rechazo ante una enfermedad poco común, la desesperación, el miedo, la incomprensión. En todo este tiempo he leído mucho sobre estas enfermedades y todos los casos tienen un denominador común: el afán de superación, las ganas de vivir y la lucha continua por ser escuchados, por ser visibles.
Hace justo un año, yo misma, publicaba un artículo que nada tenía que ver con un día raro. Hablaba de una joven nacida en una generación de genios, La Genieración. Que se alegraba de poder viajar e ir de un lado para otro y de poder estudiar en un millón de sitios. Daba gracias a la vida, sin ser consciente de que esa vida un año después podría no estar. Esto, me ha pasado a mí. Pero te puede pasar a ti.

Hazte un favor. Hazlas visibles.



viernes, 27 de febrero de 2015

De barcos de rescate que nunca llegaron a buen puerto.

Cuando todo pase y tu sonrisa llame a mi puerta, no esperes una de vuelta. Quien no supo bailar durante la tormenta no puede esperar que el sol vaya a secarle su ropa mojada. No este sol, al menos. No esperes que mis manos recorran tu vientre hasta llegar a tu deseo, no esperes que mi boca recorra los lunares de tu espalda porque esa ruta ya se habrá borrado de mi memoria. Para cuando todo esto pase, no esperes que mi fuerza recoja tu desesperación porque si algo habré aprendido es que de nada sirve nadar a contracorriente o remar entre tus mares revueltos si llegado el momento de ahogarse no hay ningún barco de rescate.

Futuro incierto.


Toma mi presente,
mi futuro incierto.

Y que el mundo nos recuerde
por soñar despiertos.



martes, 24 de febrero de 2015

No lo pienses ni un segundo

Y ahora corre, gilipollas. Sal de casa, no te cojas las llaves, para qué. Coge la cartera, que la cosa no está barata para ir mendigando. Plántate en la estación y coge el primer tren que encuentres. ‘Qué le digo’, ‘Qué hago’, ‘No tendría que haber hecho esto’, ‘Tendría que haber dicho que SÍ’. Quítate esas mierdas de la cabeza, los viajes en tren están hechos para poner los pies en el asiento de enfrente y que el revisor te eche la bronca. Para ir escuchando vuestra canción favorita. Para quedarte dormido en el hombro de la viejecita  de al lado. Espera a que se abran las puertas y vuelve, vuelve a correr, maldito gilipollas. Sortea a la gente, ábrete paso, empújala si hace falta, que se jodan, ellos no tienen tus ganas, ellos están muertos por dentro. Qué sabrá toda esta gente del amor. Llama a su timbre, pues claro que no puedes esperar. La puerta está abierta, sube las escaleras de tres en tres, tropiézate si hace falta. Haz ruido, mucho ruido, tienes una puta filarmónica en el pecho y no te da la gana de callarla. Allí está. Mirándote. Atónita. Qué guapa está. Cógele la cara con las manos y cómele la boca. Cómesela como si llevases meses sin desayunar. Con ella.

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Eso es lo que ella piensa que harías, lo que estaría bien hacer.

Pero lo que haces de verdad es muy diferente. Te quedas mirando esa pantalla del movil, esa conversación en la que lo único que haces bien es escribir las tildes para quedar de serio. No arriesgas. Y quien no arriesga no gana. Y tu la acabas de perder. Acabas de perder aquella chica a la que conociste por casualidad y la que te dió ganas. De qué, de lo que sea pero te hizo avanzar.


- No conozco el nombre de la autora-



Es perfecto,
pero demasiado caro para la escasez emocional
que se pasea en estos tiempos
por mi corazón.


Conozco esa sonrisa. La he visto otras veces. Esa en la que caben un millón de lágrimas. La que escuda la debilidad por si viniera la guerra, desconozcas el color de la bandera.

~Ernesto P. Vallejo~



La persona perfecta es aquella que, pudiendo estar en cualquier lugar del mundo, 
elige estar contigo porque a tu lado la vida es mejor.




-Adaptación de "El hombre perfecto"-

domingo, 22 de febrero de 2015



"El invierno pasado encontré una aguja en un pajar. Me pinchó la piel y me llenó de amor. Ahora soy un adicto".

-The Orgasm Diaries-

sábado, 21 de febrero de 2015

El cielo en la tierra




No sé muy bien por qué volvió a mi vida justo en ese preciso instante en que todo estaba desordenado. Quizá fueron los coletazos de febrero o las últimas nevadas del invierno. Lo hizo silencioso, como asoma la primavera entre las piedras de un bosque en enero. Lo hizo sin asustarme, como lo hace el sol en una mañana nublada. Lo hizo como pudo, y yo huí. Pero no importó. Huí porque no quería dar de bruces con la certeza de que no me quisiera amar en mi condición actual. Le dejé ir una vez, pero ahora no estaba preparada. No quería saber que no estaba hecha para ser amada. No, no era el momento. Fueron pasando los meses y sentí que le estaba engañando al no contarle mi verdad, aquello que me atormentaba, un diagnóstico que cambiaría por completo mi vida. El día en que ya no pude más, en que creí que iba a alcanzar otra dimensión de tanto amor, se  lo conté. Las palabras fluyeron solas como si hubieran estado toda la vida en mi boca y lloré, lloré tanto que pensé que nunca más volvería a hablar. Entonces, él me retiró suavemente el pelo de la cara y me confesó que siempre lo había sabido. Sara se lo había contado todo, y el miedo a verme sufrir en silencio fue más fuerte que su miedo a perder el corazón. Por eso, no por ninguna casualidad divina, estuvo aquel sábado a aquella hora en la esquina por la que yo pasaba a diario. Nos lo debíamos. Se lo debía. Me lo debía. Y fue así, como pasé los últimos meses de mi vida como la persona más feliz que jamás haya existido. Ahora, desde el cielo, todo se ve distinto. Aquí ha desaparecido el dolor pero, a veces, cambiaría una vida entera de ese dolor humano por un segundo de aquellos divinos que compartí con él los últimos días de mi vida en la Tierra.