jueves, 11 de octubre de 2012
No más lágrimas
No me quedan lágrimas. No sé si esto puede suceder. Si acaso fuera posible. Pero no me quedan. Ni una sola. Camino sin rumbo con verdaderas ganas de romper en un llanto interminable, con algo de desesperación y siento como mis ojos se empapan. Como la barca que se llena sin poder vaciarse, y de nuevo no siento nada. Tristeza. Decepción. Hastío. Pero no puedo llorar. Quiero. Lo deseo con toda mi alma, y suelto un suspiro que de la profundidad que se compone parece provenir de un orgasmo, de uno de esos que hace tanto que no tengo. De los profundos, de los que te dejan sin aire. Pienso en él. Pienso en todo y mi corazón vuelve a romper a llorar de nuevo, pero mis ojos no consiguen acompañarle. Quizá la mirada si. Quizá mi mirada sea ahora mismo tan triste que cualquiera que ose asomarse a ella por un tiempo prolongado es posible que rompa a llorar. Pero yo no. ¿Se me habrán acabado entonces las lágrimas? Si es así, me daré de nuevo la bienvenida al mundo en el que estaba hace tan sólo unos meses...
Hoy la soledad se me clava en el estómago. Se me clava y avanza de una manera inexplicable. La siento y comienzo a llorar. Lloro en soledad, rodeada de un millón de personas sin que esto pueda a penas apreciarse. Soledad. Ausencia de alguien. No, no hay nadie al otro lado. Ni si quiera mi pequeño me espera en casa para recibirme de manera desmesurada y abalanzarse sobre mi si comienzo a llorar. La soledad resulta tan densa hoy que hasta puede cortarse.Cortarse en trozos tan pequeños que podría repartirla. Quiero desaparecer. Volar. Cambiar. Cambiar de vida. Cambiar de forma. Cambiar de persona. Cambiar de cerebro. Cambiar de cuerpo. Por qué no se puede escoger? Arbitrariamente... Me quedaría con el mío de nuevo si volviese a elegir? Quizá si, no he visto nada mejor. Sin a penas darme cuenta, me paso enganchada a este pequeño rectángulo que me permite estar comunicada con alguien que no soy yo. Me paso el día con el en la mano por si acaso suena, por si acaso hay noticias, por si acaso... No quiero volver a casa, no quiero, porque se que querré quedarme allí para siempre.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Tan sencillo y tan difícil.
Y entonces... Cuando comienzo a hablar desmesuradamente, cuando recorro la habitación de un lado a otro gesticulando y alzando las manos sin parar, cuando comienzo a perder el sentido y la vista comienza a nublarse debido al exceso de información que intento acumular y expresar por mi garganta... Entonces, cuando ya he soltado todo aquello que me presiona el pecho y siento como se estira el lentamente diafragma para volver a dar a luz un sin fin de miserias... Entonces, justo cuando voy a coger carrerilla y casi autolesionarme por inconsciente, sólo necesito que la persona que tengo a mi lado me agarre las muñecas suave y firmemente y me diga que respire, que todo es sencillo, que se va a arreglar, que está y estará a mi lado para siempre, para celebrar los gozos y amortiguar las caídas... Y que mientras mi tensión baja velozmente como respuesta corporal e instantánea a un exceso de la misma, me bese suavemente y consiga equilibrar ese estado emocional tan absolutamente incontrolable.
Y sólo conozco una persona capaz de hacerlo, capaz aún a miles de Kilómetros de distancia. Maldito tú. Malditos todos. Maldita yo.
Y sólo conozco una persona capaz de hacerlo, capaz aún a miles de Kilómetros de distancia. Maldito tú. Malditos todos. Maldita yo.
martes, 9 de octubre de 2012
Marta.
Dicen que las distancias se acortan cuando los corazones se
acercan. La vida nos dio la oportunidad de conocer a una niña con alma de mujer
y corazón de heroína. En veintitrés años la vida le ha regalado la dicha de
saber que empezar el día con una sonrisa no es solamente necesario, si no
posible. Tiene el don de poder transmitirlo a cada paso y a cada persona que se
cruza en su camino, acompañada por Álvaro, con la dulzura e inocencia que sólo
alguien que forma parte de ella misma podría poseer.
Gracias por enseñarnos cada día que por mucho que las nubes
encapoten el cielo, mañana el Sol siempre brillará de nuevo.
lunes, 8 de octubre de 2012
Finalmente me he ido. No tengo el don de la paciencia. Para nada lo tengo. El que espera desespera y yo estoy harta de esperar, cada día, cada hora y a cada momento. Me niego. Quiero las cosas y las quiero ya. No es tan difícil. No es tan malo. Ni si quiera es algo.
Recibo un mensaje urgente. Una carta. Ha llegado una carta a casa. Estoy lejos y no puedo saber de quien es. Por un momento quiero imaginar que es de él. Que no pone nada sólo un: te quiero para mi, te quiero para siempre.... Eso es suficiente. Eso es un éxtasis. Eso sería simplemente Ser.
8 de Octubre. Hoy el autobús viene especialmente tarde. Espero como cada día pero más agobiada. He salido tarde de casa, tanto que me planteo regresar. No puedo, no debo. Tengo que empezar a hacer las cosas bien. Continuo esperando. El tiempo parece no pasar y su contestación no llega. Consigo entrar a duras penas en el autobús. Mi cabeza está tan perdida que siendo una de las primeras en ocupar el autobús en una fracción de segundo y sin a penas darme cuenta pierdo cualquier posibilidad de hacer un viaje cómodamente sentada. Me agarro fuertemente a la barra del viejo coche que ha venido a llevarme a un destino incierto porque no quiero que mi dignidad hoy acabe en el suelo una vez más y esta vez por culpa de un conductor temerario. Ni quiero, ni puedo, ni lo voy a hacer. Llego predeciblemente tarde, pero no me importa, porque ni si quiera quiero escuchar un conjunto de teorías sobre la relatividad y los átomos y demás teorías filosóficas que hoy empiezan a parecer absurdas con todo lo que tengo encima. Espero. Agarrada a un libro algo denso pero que me regalo una persona ciertamente querida, espero deseando que la lectura empape mis neuronas y dejen de derrochar ese líquido blanquecino que provoca pensamientos derrotadores y absurdos. No merece la pena, nada lo merece. Mi error fue creerlo. Mi error fue no escucharle y confiar a pesar de todo, confiar. Entregar el corazón y no importarme lo que le hicieran. Una vez más, me lo devuelven como un trapo mojado, arañado, sucio y mal cuidado. Un trapo feo, con remaches. Un trapo que ya ni si quiera sirve para nada. Un trapo usado. Creo que vuelvo a casa. Hoy no es el día y ni si quiera lo quiero cambiar. Los pasillos se vacían. Me quedo sola en medio de un palacio sin saber a donde dirigirme ni tan si quiera cuando moverme. Multitud de personas se dispersan en los cuatro laterales en los que se compone la inmensa habitación y desaparecen, no importa a donde. Me quedo sola y un inmenso silencio que casi hace eco inunda la habitación. Por primera vez no me pongo triste, lo asumo. Estoy cómoda aquí. Ya he estado más veces....
domingo, 7 de octubre de 2012
Domingo...
En la guerra como en el amor
Todo vale y sólo queda un perdedor
Normalmente pierde el que quiere más
Al igual que en una mesa de BlackJack
Todo vale y sólo queda un perdedor
Normalmente pierde el que quiere más
Al igual que en una mesa de BlackJack
miércoles, 3 de octubre de 2012
Con la sonrisa en ruinas....
-Siéntate por favor.- le pidió balanceando la cabeza en dirección al banco vacío mientras hacía malabares para desabrocharse el cierre del tacón izquierdo.
-¿Necesitas ayuda?
-No que va. Puedo sola. Tú siéntate.
-¿Estás segura?
-Que sí joder. No seas pesado.
-Vale, vale. Pues tú dirás.
-Verás, ¿te he contado alguna vez en qué trabaja mi padre?
-Me dijiste que era fotógrafo. Se dedica a sacar las fotos para los anuarios de los colegios, bodas, bautizos…Todo eso, ¿no?
-Eso es. Un trabajo bastante aburrido. Cuando yo era pequeña me encantaba entrar en su laboratorio casero y observar el proceso de revelado. Imagino que cuando lo realizas cientos de veces pierde el encanto pero para una niña de medio metro era algo maravilloso ver colgadas todas esas fotos en pinzas en un cuarto prácticamente a oscuras, los tanques con sustancias químicas, los 4 pilares: revelado, paro, fijado y lavado, el secado posterior, todo…Era un proceso con cierto mística. Todas esas vidas, paradas en lo anecdótico y circunstancial del momento, dadas a luz, sacadas de la oscuridad del negativo por el metódico movimiento y la certera automatización del laboratorio. Algo así como un parto constante de recuerdos gestados por otras barrigas.
-Joder. Nunca habría imaginado que revelar fotos pudiera convertirse en un ritual, ni siquiera me había planteado cómo se hacía. ¿Por eso te encanta la fotografía? Sabes que es un tema que no me interesa demasiado.
-Sí bueno, ese no es el tema. No quiero perder el tiempo, además estoy un poco mareada y apesto a humo. Me huele el pelo a tubo de escape. Así que sólo te haré una pregunta. Para que estés avisado, es una pregunta de abogado, o de mujer. Todo abogado tiene mucho de mujer, ¿no crees?
-¿Cómo?
-Déjalo- dijo, frotándose las sienes con firmeza.-¿Cuántos corazones tienes y entre cuantas los andas repartiendo, amor?
Buscaba una reacción, la respuesta era accesoria. Bastaba la interpretación de las facciones ligeramente tensionadas, de la rapidísima, aunque perceptible, abertura de los labios, del momentáneo y caótico descontrol de los ojos. Esto era. Las flaquezas del que sabe que va a tener que mentir o bromear para abatir una pregunta, la mina de la distancia corta.
Había soltado el nervio que arrastraba toda la noche. Ya sabía. Aquí el nudo, la presión que la empujaba a mantenerse en pie comenzaba a aliviarse, así que fue apagándose, aliviada y sin resistencia en una somnolencia compensatoria. Pensó un momento en su padre y en su laboratorio y en la letra de una canción que siempre..., ¿cómo era?
Lo que siguió se volvía brumoso, pero probablemente al empezar a discutir le pidió que no pusiera esa cara de descompuesto, que sabía que en algún momento llegaría esa conversación, a lo que él probablemente respondió que le pillaba desprevenido, que no sabía, que por qué ahora (esto creía recordarlo nítidamente). A continuación, completamente calmada y sin arredrarse, habría contestado (probablemente) que había dejado de ser divertido para ella, eso era todo, que antes todo este barullo la excitaba y la hacía sonreír y ahora ya no. Y también que ahora la sensación de colgar fotografías en pinzas en un cuarto oscuro mientras él manejaba cromos repetidos la dejaba con la sonrisa en ruinas, que encima la fotografía no le interesaba. También que se quedara tranquilo, que claro que él no había prometido nada, que era ella, que era ella la que se había prometido cosas para los dos que él no deseaba cumplir. (La mayor parte de ese discurso no aparecía claro en su memoria, bien pudiera haber sucedido así o todo lo contrario).
Entonces apareció alguien y él se puso a hablar con ella o con él o con ellos. No sabía bien. Quería irse a casa y el imbécil ese no paraba de parlotear y reír en voz alta con aquella gente.
-¿Necesitas ayuda?- preguntó con una educación sumamente irritante, habiéndose despedido ya, con un gran abrazo y un esta semana nos llamamos, al ver que ella volvía a pelearse con el cierre de los zapatos.
-No. Puedo sola.- y tras una pausa.- Bueno.¿Duermes conmigo?
-¿Cómo? Sí... Claro.
-Lo suponía. Pero ten el piquito cerrado hasta mañana, ¿quieres?
(Ignacio Paniagua.
http://enbuscadepi.blogspot.it/2012/09/la-sonrisa-en-ruinas.html)
Me muerdo los labios al no poderte besar,
Mi piel se estremece al no poderte tocar...
domingo, 30 de septiembre de 2012
Florencia.
Lo ha conseguido. Sí señor. Lo ha conseguido. Con su alternada lluvia, a tramos fuerte, a tramos suave...Con el desliz de las gotas de agua por los altos e increíbles techos de madera. Con el sonido peculiar de la lluvia. Con escaleras tan infinitas que parece que vayan a derivar en el cielo. Con sus edificios interminables y con todos y cada uno de sus detalles. Con su sensibilidad. Con sus calles. Hechas con amor, con dulzura, con desasosiego y esfuerzo. Con su peculiaridad. Con su gente pintoresca caminando de arriba para abajo. Sus muebles antiguos. La meticulosidad con la que tratan la piel y el mal encajar de puertas antiguas. Suelos como el de casa, como en Trujillo. Calles estrechas y cerradas. Bicicletas que nunca llegarán a estar en tus manos y vespas. Coches que circulan como si hubiera algún camino marcado para ellos y peatones sin rumbo, ensimismados en obras de personajes tan irrepetibles como Michelangelo o Leonardo... Me ha enamorado. Lo sé. Lo siento. Respirar la lluvia desde mi ventana, ver como cae en el Mercato Centrale y seguir respirando. Sin más. A veces no hace falta más. Como cruel cortejano que llega a destiempo a la conquista de un corazón, Florencia llega a deshora en el camino de la vida, sin embargo, no puedo evitar sonreír cuando piso sus calles empedradas, cual enamorada intenta evitar la mirada del tirano para no caer en sus riendas, por mucho que lo intente evitar, me ha conquistado.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Mírame...
Mírame,
en nada me consigo concentrar
ando despistado todo lo hago mal
soy un desastre y no sé
que está pasando
me gustas a rabiar yo te deseo
me llegas a desesperar
es tan grande lo que siento por ti
que tenerte no bastará
que esto que me invita a vivir,
que me da la ilusión.
que será esa fuerza
que a todos nos une de dos en dos,
será la fuerza del corazón.
Hace que, te abrace
y los cuerpos lleguen a estorbar
tiemblo sólo con la idea de rozar
tus labios llenos de besos nuevos.
no puedo dormir robas mi tranquilidad
alguien ha bordado
tu cuerpo con hilos de mi ansiedad
de cinturón tus piernas cruzadas
de mi espalda un reloj
donde tus dedos son las agujas
que dan fuerza a este motor
que es la fuerza del corazón.
Y es la fuerza que te lleva,
que te empuja y que te llena
que te arrastra y que te acerca a dios.
es un sentimiento casi una obsesión
si la fuerza es del corazón,
es algo que te lía la descarga de energía
que te va quitando la razón
te hace tropezar te crea confusión
seguro que es la fuerza del corazón
es la fuerza que te lleva.
No puedo pensar,
tendría que cuidarme más
como poco pierdo la vida y luego me la das
es lo que va cegando al amante
que va por ahí de señor
y no es mas que un chiquillo travieso
provocador será la fuerza del corazón
Y es la fuerza que te lleva,
que te empuja y que te llena
que te arrastra y que te acerca a dios.
es un sentimiento casi una obsesión
si la fuerza es del corazón
es algo que te lía una descarga de energía
que te va quitando la razón
te hace tropezar te crea confusión
seguro que es la fuerza del corazón
es la fuerza que te lleva ...
en nada me consigo concentrar
ando despistado todo lo hago mal
soy un desastre y no sé
que está pasando
me gustas a rabiar yo te deseo
me llegas a desesperar
es tan grande lo que siento por ti
que tenerte no bastará
que esto que me invita a vivir,
que me da la ilusión.
que será esa fuerza
que a todos nos une de dos en dos,
será la fuerza del corazón.
Hace que, te abrace
y los cuerpos lleguen a estorbar
tiemblo sólo con la idea de rozar
tus labios llenos de besos nuevos.
no puedo dormir robas mi tranquilidad
alguien ha bordado
tu cuerpo con hilos de mi ansiedad
de cinturón tus piernas cruzadas
de mi espalda un reloj
donde tus dedos son las agujas
que dan fuerza a este motor
que es la fuerza del corazón.
Y es la fuerza que te lleva,
que te empuja y que te llena
que te arrastra y que te acerca a dios.
es un sentimiento casi una obsesión
si la fuerza es del corazón,
es algo que te lía la descarga de energía
que te va quitando la razón
te hace tropezar te crea confusión
seguro que es la fuerza del corazón
es la fuerza que te lleva.
No puedo pensar,
tendría que cuidarme más
como poco pierdo la vida y luego me la das
es lo que va cegando al amante
que va por ahí de señor
y no es mas que un chiquillo travieso
provocador será la fuerza del corazón
Y es la fuerza que te lleva,
que te empuja y que te llena
que te arrastra y que te acerca a dios.
es un sentimiento casi una obsesión
si la fuerza es del corazón
es algo que te lía una descarga de energía
que te va quitando la razón
te hace tropezar te crea confusión
seguro que es la fuerza del corazón
es la fuerza que te lleva ...
(Alejandro Sanz. La fuerza del corazón)
No sé cómo te lo voy a explicar. Se me agotan las ganas. Las ganas de esperar. Cada noche cuando noto un hueco en mi almohada, un hueco en mi alma y pienso con quién estarás se me agotan las ganas de no saciar mi debilidad. Se me agotan las ganas de no saciar mi locura y mi juventud. Se me agotan las ganas de dormir sola, sólo por no saber dónde estarás tú. Se me agotan porque te sueño agarrado a las trenzas de una locura, te sueño en éxtasis en medio de un orgasmo, te sueño y no es conmigo y la distancia cada vez nos aleja más. ¿Y por qué no? Al final... Ni tú ni yo estamos comprometidos. Mi pregunta es a mí misma. ¿Y por qué no? Hace años que mi cama no estaba durante tanto tiempo vacía y mis entrañas me piden que esta noche no duerma sola. Pero no puedo. No puedo entregarme a ti como lo hago, descansar en las alas del amor si tengo que cuidar otra cosa, aunque esa cosa se llame sólo sexo. Aún queda más de un mes. Dos meses sin vernos y mis uñas arañan las paredes. ¿Cómo estás tú querido amigo? ¿De qué sirve todo esto? ¿A dónde nos lleva mi amor? En un par de semanas será sufrimiento. ¿Merece la pena? Dímelo tú chico sin nombre... Necesito saber que merece la pena o no aguantaré y no porque no quiera, no. Si no porque no pueda mi amor, porque no sepa. Porque la incertidumbre provoca miedo y el miedo te autodestruye y soy experta en eso, en la autodestrucción causada por miedo, sólo necesito una razón. Y es absurdo, porque te escucho preguntándome lo que aquél otro chico que anduvo por mi cabeza un tiempo... ¿Pero esperabas fidelidad? ¿La esperaba? ¿La espero? ¿La esperas? Supongo que sigo creyendo en los cuentos de hadas y en los príncipes y en las princesas y en todo.... Sigo creyendo absolutamente en todo.
viernes, 28 de septiembre de 2012
aún más.
"Prefiero tenerte de cualquier manera a no tenerte..."
Eso me dijo. Y eso mismo pienso yo. En toda su magnitud. En todo el esplendor de la frase. Llega el fin de semana y no me preocupa. Prefiero tenerle de cualquier manera a no tenerle. Así de maldito es el amor. Pero me tranquiliza pensar que el siente lo mismo, y que me lo ha dicho. No hemos hablado. No hemos podido. Ni si quiera era necesario, o tan si quiera conocimos un buen momento para hacerlo. No hemos hablado. Parece que todo está sobreentendido o quizá que todo vaya a fluir o quizá esperamos que la vida nos tenga guardado algo grande. Quizá sea así. Las buenas personas merecen cosas buenas. La pureza de corazón se ve de alguna manera recompensada aunque sea en la retórica de sus actos. Lo sé. Lo espero, porque al fin y al cabo... A todos nos gustan los finales felices. A todos nos gusta que salga bien. Lo cierto es que no lo espero fervientemente, por si acaso se tuerce, que no se me rompa del todo el corazón, imagino por como le siento, que él piensa lo mismo. Estoy asustada. Asustada por la distancia. Asustada por tener a alguien a mi lado... Tengo tanto miedo... Miedo a no estar a la altura y miedo a que me rompa el corazón. Tengo miedo a que sea cruel. Miedo a que me castigue a cada paso que doy. No puedo evitar recordarle, a él, a ese llamado gran amor que me quitó todo. Aún me tiembla el paso cuando voy a decirle algo al chico sin nombre, me tiembla al pensar en decirle que voy a salir, que confíe en mí. Casi no puedo respirar, por si nota una vacilación en el tono de mi voz y cree que es mentira. Casi no quiero explicarle, por si cometo algún error y cree que es mentira. Casi no puedo caminar por si me tuerzo... y cree que es mentira. Por si todo mi amor no le basta, por si de repente descubro que es igual que él y necesito salir corriendo. Como quién va recibir un buen golpe, en cualquier situación que se asemeje a una anterior, me tapo la cara y me encojo, me encojo fuerte hasta que pasa, por si levanta la mano, por si levanta la voz. Finalmente el tono de la frase, convierte toda esta metáfora en algo absurdo y por su parte recibo una caricia, aunque lo haya hecho mal y consigo respirar. Y esa distensión me hace amarle más. Aún más, si esto es posible.
Eso me dijo. Y eso mismo pienso yo. En toda su magnitud. En todo el esplendor de la frase. Llega el fin de semana y no me preocupa. Prefiero tenerle de cualquier manera a no tenerle. Así de maldito es el amor. Pero me tranquiliza pensar que el siente lo mismo, y que me lo ha dicho. No hemos hablado. No hemos podido. Ni si quiera era necesario, o tan si quiera conocimos un buen momento para hacerlo. No hemos hablado. Parece que todo está sobreentendido o quizá que todo vaya a fluir o quizá esperamos que la vida nos tenga guardado algo grande. Quizá sea así. Las buenas personas merecen cosas buenas. La pureza de corazón se ve de alguna manera recompensada aunque sea en la retórica de sus actos. Lo sé. Lo espero, porque al fin y al cabo... A todos nos gustan los finales felices. A todos nos gusta que salga bien. Lo cierto es que no lo espero fervientemente, por si acaso se tuerce, que no se me rompa del todo el corazón, imagino por como le siento, que él piensa lo mismo. Estoy asustada. Asustada por la distancia. Asustada por tener a alguien a mi lado... Tengo tanto miedo... Miedo a no estar a la altura y miedo a que me rompa el corazón. Tengo miedo a que sea cruel. Miedo a que me castigue a cada paso que doy. No puedo evitar recordarle, a él, a ese llamado gran amor que me quitó todo. Aún me tiembla el paso cuando voy a decirle algo al chico sin nombre, me tiembla al pensar en decirle que voy a salir, que confíe en mí. Casi no puedo respirar, por si nota una vacilación en el tono de mi voz y cree que es mentira. Casi no quiero explicarle, por si cometo algún error y cree que es mentira. Casi no puedo caminar por si me tuerzo... y cree que es mentira. Por si todo mi amor no le basta, por si de repente descubro que es igual que él y necesito salir corriendo. Como quién va recibir un buen golpe, en cualquier situación que se asemeje a una anterior, me tapo la cara y me encojo, me encojo fuerte hasta que pasa, por si levanta la mano, por si levanta la voz. Finalmente el tono de la frase, convierte toda esta metáfora en algo absurdo y por su parte recibo una caricia, aunque lo haya hecho mal y consigo respirar. Y esa distensión me hace amarle más. Aún más, si esto es posible.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Puede ser que la respuesta sea no preguntarse por qué.
Perderse por los bares, donde se bebe sin sed....
Perderse por los bares, donde se bebe sin sed....
martes, 25 de septiembre de 2012
domingo, 23 de septiembre de 2012
He perdido la cabeza para encontrar el corazón...
Miedo.
Tengo miedo. Tengo miedo de tener miedo. Tengo tanto miedo que rompo a llorar encima de una mesa con un color rojo improvisado que hace que las lágrimas se empapen de una manera vulgar y que casi me parece insultante. Caen encima de mi nueva agenda de piel para acabar impregnada en una sucia tela de color rojo que tuve que escoger sin mucho miramiento. Tengo miedo a no olvidarte si estoy presa de tu olvido. Tengo miedo a que me rompas el corazón. Tanto miedo que quiero dejar de escribir, tanto miedo que el regalo que estoy confeccionando deja de tener sentido. Tanto que me equivoco al escribir las palabras y tengo que parar para no empapar el papel con mis lágrimas y tengo miedo que al mostrarte mi corazón sea cuando salgas corriendo, asustado, despavorido. Tengo miedo porque no sé si yo lo hiciera. Tengo tanto miedo que resbalan por mi cuerpo gotas de sudor frío porque no sé nada de ti. Porque no te veo y porque esto no se apaga por mi parte, pero no podré nunca hacerte culpable si por tu parte no resistiera. Miedo porque no siempre hago las cosas bien, miedo porque me siento desnuda y siento que me voy a dejar caer. Puede que caiga en una zona acolchada o puede estar llena de pinchos... Y lo normal, sería salir sangrando de allí y tener que dedicarme a quitar cada espina de este infame corazón, cada una de ellas, una a una... Y me da miedo, porque sé que duele, y tengo la sensación de que esta vez dolerá. Dolerá especialmente... Y ya no sé qué hacer.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Por momentos cierro los ojos y consigo creer que estoy en casa. El agua hirviendo resbala por mi piel en una ducha reconfortante, como hacía tiempo no disfrutaba. La música consigue hacer que el ambiente sea aún más cálido. Me siento bien. Por un momento creo que Dan va a aparecer y va a meter su pequeña cabecita por la cortina mientras se deja empapar suavemente por los restos de agua que salpican de mi piel a la vez que me observa. Abro los ojos y rompo a llorar. No conozco esa cortina que me separa de una mirada indecente a un espejo mal colocado en el baño y Dan no está. No hay nadie conocido. El calor se desvanece por un momento y me pongo realmente triste. Apago la ducha y muy despacio salgo de esa nube blanquecina que se ha formado debido al exceso de calor. Abro la puerta. Necesito aire, respirar. Mientras me peino descubro como pierdo el cabello a mechones. Sólo me había pasado en otra ocasión. En otro cambio. En otro momento. En mi llegada a Madrid.
Me siento en mi nueva mesa de estudio con una luz bastante deficiente y con algo más de ánimo gracias a la maravillosa persona que comparte mi nuevo hogar y me dispongo a seguir confeccionando el maravilloso regalo del que un día fue el chico sin nombre. Al terminar unas cuantas páginas decido revisar su biografía virtual, el corazón me va a estallar y el estómago se me viene arriba. Continúo con mis fotos por saber qué es lo que él ve si un día comienza a echarme de menos. Aparecen fotos. Aparece Dan. Vuelvo a llorar. Ya no lo puedo controlar. No es sencillo echar de menos.
Me siento en mi nueva mesa de estudio con una luz bastante deficiente y con algo más de ánimo gracias a la maravillosa persona que comparte mi nuevo hogar y me dispongo a seguir confeccionando el maravilloso regalo del que un día fue el chico sin nombre. Al terminar unas cuantas páginas decido revisar su biografía virtual, el corazón me va a estallar y el estómago se me viene arriba. Continúo con mis fotos por saber qué es lo que él ve si un día comienza a echarme de menos. Aparecen fotos. Aparece Dan. Vuelvo a llorar. Ya no lo puedo controlar. No es sencillo echar de menos.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
No necesito verte para saber que no te olvidaré...
lunes, 17 de septiembre de 2012
Simplemente enganchados...
Tras una llamada entrecortada por la mala cobertura del local me quedo sentada en silencio, pensándote a gritos. Gritos que devoran mi alma, gritos que me rompen el corazón. Gritos que resuenan las entrañas. Gritos que gritan sin cesar. Te miro cegada por la distancia kilométrica que nos separa y aún así corro a abrazarte aunque no estés. El latido de mi corazón paraliza mi pecho, mis hombros y hasta me entrecorta la respiración. No puedo sentirte más fuerte. No sé sentirte más fuerte. Ni si quiera quiero sentirte así de fuerte. Me gusta oír tu voz, me gusta aunque sea metalizada. Me gusta oírte tranquilo y deducir por ese tono suave que me echas de menos... Casi tanto como yo. No me reconozco. Corriendo por las calles de Florencia por si encuentro un hueco donde activar mi red y entonces casi sentirte. Malditas tecnologías. Benditas ellas que me atan a ti. Benditos nosotros que no hemos salido corriendo a pesar de todo, a pesar de cada tropiezo, de cada impedimento, sin forzarnos, pero a pesar... Aquí seguimos, así, enganchados. Como el que está sumamente enganchado a una droga, a una sustancia química, como el que no quiere desengancharse, enganchados hasta decir basta. Simplemente enganchados...
domingo, 16 de septiembre de 2012
Mi corazón badea popa,
No sé dónde está mi ropa,
la habré perdido junto al miedo...
domingo, 9 de septiembre de 2012
Bienvenida.
Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.
Mario Benedetti- Bienvenida.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Me siento en una de las mesitas del fondo de la cafetería, como a mí me gusta. Me apetece escribir. El café es realmente malo pero es un sitio maravilloso. Es pequeño, la gente es saludable y tiene fotos de campo colgadas de las paredes. Me gusta esta ciudad. Cáceres es diferente. Algo me dice que un día viviré aquí. Aunque sea sólo por un tiempo. No es demasiado grande, ni tampoco demasiado pequeña. Lo justo. La gente es amable, pero no excesiva, y aquí está todo lo que quiero. Llevo un par de semanas planteándome si realmente debería quedarme. Descansar. Siento que necesito reposo, y después del reposo, rehabilitación. Quizá también pueda reposar en Florencia, quizá sea un nuevo comienzo, quizá sea una nueva vida... Quizá y sólo quizá a partir de ese momento consiga ser sanamente feliz. Aveces no entiendo por qué hacemos lo que hacemos, por qué necesito irme, por qué no me basta. Por qué no es suficiente una pequeña casita en un pequeño campo. Por qué quiero mucho más. Algo más. Por qué me aburro tan fácilmente. Por qué y por qué y por qué. Simplemente por qué. A ella no se lo he contado. Pero en él he descubierto alguien como yo. Independientemente dependiente. Necesita tranquilidad pero se aburre fácilmente. Necesita una acción controlada. Así, a simple vista es perfecto. Pero sé que no me conviene. Es demasiado complejo. Es una bomba de relojería. ¿No me podría el curar? ¿Tengo que ser realista? ¿Qué es ser realista? Por un momento el café me sabe a gloria y recuerdo lo que decía Sócrates (o al menos, lo que sus discípulos decían que decía), quien se pasa la vida pensando en cómo vivirla, no vive. Y yo soy una de esas personas. Tengo sed de libros. Tengo sed de sabiduría sobre la vida. Tengo sed de letras de vida. Sin embargo, ¿habré saciado mi sed de vida? De vez en cuando miro a mi alrededor, la gente me mira extrañada. A veces no encajo. La mayoría de las veces. Lo intento, pero no encajo.
sábado, 1 de septiembre de 2012
Y arrancarte de mis entrañas con la rabia de una niña y con la templanza de una adulta...
No hay nada más doloroso que enamorarse de la persona equivocada...
Llegó Septiembre
Y creo que me tengo que ir.
Sé que te repondrás
Y que a mí me costará mucho más.
Sí, sigo creyendo en los cuentos de princesas. Sigo creyendo y soñando con los ojos bien abiertos....
No importa que lo niegue una y otra vez. Aquí en mi alma seguirá.
No importa que lo niegue una y otra vez. Aquí en mi alma seguirá.
De haberlo sabido...
La suerte es una ramera de primera calidad....
Dice por ahí Quique González. Me voy. Me voy en menos de dos semanas y tan si quiera lo sabes. No quieres saberlo. No has vuelto a llamar. Supongo que provoco esa reacción justo cuando me voy a ir. A veces se me olvida que sólo soy un espectador... Y que tengo el corazón hundido en un bolsillo... Y pienso en lo lejos que estás y en lo lejos que crees que estoy, y mientras, cual animal herido quieres morder, yo estoy en casa, un Viernes noche escribiendo sobre ti. Sobre un gran amor, que ha querido ser efímero por miedo a ser herido. Te has ido, te has ido, lo sé y lo siento... Pero no puedo hacer nada contra ello. Quería llevarte conmigo hasta el fin del mundo, a pesar de todos los pesares, caminar contigo en nuestras adversidades. Caminar e ir superando parte de nuestra locura. Pasear por las calles de esta inmensa locura que es amarte, pero te has ido. Y estoy sola. Y no quiero esperarte. Y en el fondo... en el fondo, es lo mejor. Dos personalidades tan adictivas como el chocolate, como la droga, como el amor. Somos una bomba de relojería a punto de estallar. Y lo malo... Me has vuelto tan loca que escribo algo que nunca te diré, y que sé que nunca leerás, pero me quedaría aquí por ti, para siempre, me casaría mañana si así me lo hubieses pedido, en una iglesia, en una playa o en plena calle, me haría responsable de esas pequeñas vidas con las que jugamos como dos inconscientes. Y mientras leo todas estas absurdeces, me asusto a mi misma de lo peligroso de esta situación, porque cuál pájaro libre encuentra una rama donde posarse, sólo has de estirar un poco el brazo. De manera que con ayuda del viento que sopla fuerte y a favor, desaparezco dejando esa ramita que un día me sirvió de cobijo, la dejo sabiendo que se ha quebrado y que... de haberlo sabido, no hubiera sido la noche en tu espalda, ni congelándote de frío.
Dice por ahí Quique González. Me voy. Me voy en menos de dos semanas y tan si quiera lo sabes. No quieres saberlo. No has vuelto a llamar. Supongo que provoco esa reacción justo cuando me voy a ir. A veces se me olvida que sólo soy un espectador... Y que tengo el corazón hundido en un bolsillo... Y pienso en lo lejos que estás y en lo lejos que crees que estoy, y mientras, cual animal herido quieres morder, yo estoy en casa, un Viernes noche escribiendo sobre ti. Sobre un gran amor, que ha querido ser efímero por miedo a ser herido. Te has ido, te has ido, lo sé y lo siento... Pero no puedo hacer nada contra ello. Quería llevarte conmigo hasta el fin del mundo, a pesar de todos los pesares, caminar contigo en nuestras adversidades. Caminar e ir superando parte de nuestra locura. Pasear por las calles de esta inmensa locura que es amarte, pero te has ido. Y estoy sola. Y no quiero esperarte. Y en el fondo... en el fondo, es lo mejor. Dos personalidades tan adictivas como el chocolate, como la droga, como el amor. Somos una bomba de relojería a punto de estallar. Y lo malo... Me has vuelto tan loca que escribo algo que nunca te diré, y que sé que nunca leerás, pero me quedaría aquí por ti, para siempre, me casaría mañana si así me lo hubieses pedido, en una iglesia, en una playa o en plena calle, me haría responsable de esas pequeñas vidas con las que jugamos como dos inconscientes. Y mientras leo todas estas absurdeces, me asusto a mi misma de lo peligroso de esta situación, porque cuál pájaro libre encuentra una rama donde posarse, sólo has de estirar un poco el brazo. De manera que con ayuda del viento que sopla fuerte y a favor, desaparezco dejando esa ramita que un día me sirvió de cobijo, la dejo sabiendo que se ha quebrado y que... de haberlo sabido, no hubiera sido la noche en tu espalda, ni congelándote de frío.
viernes, 31 de agosto de 2012
Peor que el olvido.
Peor que el olvido...
Fue frenar las ganas de volverte a ver.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Ton. Ton. Ton... Campanada tras campanada. Sonido tras sonido. Vibración tras vibración hacían partir mi corazón en trocitos, trocitos tan pequeños que sería casi imposible de recomponer mientras miraba tu cara de fragilidad, de dolor, de sufrimiento, de incomprensión... Algo que nunca había sentido invadió mis entrañas. Tenía unas ganas inmensas de llorar. De apartar a toda aquella gente y abrazarte tan fuerte que te llegaras a romper, pero no lo hice, y me quedé como aquella muchedumbre, intentando acompañarte mientras veía el sufrimiento resbalar por tus mejillas. Solo, tan solo que casi consigo volverme loca... Salí corriendo de allí. No quería dejarte, pero a veces, a veces en la vida, la mejor forma de ayudar es teniendo paciencia. Y la he tenido, y mientras... sólo espero que sepas, que aún tengo una necesidad inmensa de abrazarte. No tengas miedo. Estoy aquí, casi tan indefensa como tú.
miércoles, 22 de agosto de 2012
martes, 21 de agosto de 2012
Me gustas tú.
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
(Mario Benedetti. La gente que me gusta)
viernes, 17 de agosto de 2012
Tan extraño y tan perfecto como un sueño de primavera
miércoles, 15 de agosto de 2012
martes, 14 de agosto de 2012
Odio no poder...
Odio no poder hacerlo. Odio no poder presentarme en tu casa con una botella de Whisky de ocho años y emborracharnos hasta olvidar. Olvidar que ha pasado el tiempo. Olvidar que las cosas han cambiado. Olvidar que las cosas no van bien. Simplemente olvidar. Olvidar que existe el tiempo por un momento y olvidar lo que está ocurriendo. Olvidar, para luego darnos cuenta de que esto no es cierto, de que estamos donde estamos y como estamos y que tú puedas romper a llorar. Llorar sin cesar. Llorar hasta liberar tu alma de esa incongruencia, de esa incomprensión, de esa rabia contenida. Llorar, para luego gritar, y pegar patadas a un árbol hasta que nos duelan los dedos de los pies, tanto que se nos quite el dolor de corazón. Y entonces, en ese preciso momento, correr, correr tan lejos, tan rápido... que el tiempo no sea capaz de alcanzarnos, burlar a la vida por unas horas. Hacer puenting. Besarte. Abrazarte. Tan fuerte que sientas que te vas a romper. Y romperte en pedazos por fuera para poder empezar a recomponerte por dentro, porque no puedo verte así, porque odio verte así y porque estoy rota desde el día en que vi aquella inexpresión, aquél océano sin final en aquellos ojos que tanto he añorado, en aquella mirada que tanto he deseado. Y llevo días llorando el mar de lágrimas que tú no puedes soltar, lágrimas de impotencia, lágrimas por no poder correr hacia ti, por no poder sacarte, por no poder simplemente permanecer a tu lado, sin decir nada, sin respirar si quiera, por si acaso eso pudiera molestarte... Lágrimas por no poder llevarte un bizcocho de esos que me ha dado por hacer ahora, con forma de corazón y de varios sabores, que aunque ya sepa que tú los harías mucho mejor, también sé que pocas personas podrían hacértelo con tanto amor... Lágrimas de inconsistencia, lágrimas de deseo, de rabia y hasta de desamor. Lágrimas por ti, mi amor. Lágrimas por mi imposible y por tu situación. Recibe al menos una caricia dulce, tan dulce, que pueda secar esas lágrimas que no dejan de caer por tus mejillas sin tan si quiera humedecer tu rostro, tan dulce, que te haga soñar por un momento, que esto no es cierto, porque al fin y al cabo, mi amor... ¿qué es cierto? ¿qué ocurre de verdad? ¿qué nos lleva hacia donde el viento sopla fuerte? Lo cierto, es lo admirable que es la fortaleza de algunas personas, y eso, eso es con lo único que nos podemos quedar.
lunes, 13 de agosto de 2012
Buscó la puerta del mundo con el alma hecha jirones
Como un castillo de arena,
Como una torre de naipes
Así te deja la pena para que no te levantes.
Se fue buscando problemas
por no encontrar soluciones.
Buscó la puerta del mundo con el alma hecha jirones.
Si hubiéramos llegado
no habría descolgado sus ganas de escapar
salió de la trinchera
desnuda sin bandera y con ganas de volar.
Se fue, se fue, se fue
como bala perdida sobre un campo de minas
Se fue, se fue, se fue
no esperó la mañana donde todo se aclara
y se fue.
Dejó una foto vacía
con la sonrisa pintada
abrió la puerta del mundo con la llave equivocada.
Se le mojaron las alas
se le secaron las ganas
se despidió a duras penas, se escapó de madrugada.
Si hubiéramos llegado
no habría descolgado sus ganas de escapar
dejó lo que se queda
recuerdos que se queman con ganas de llorar.
Se fue, se fue, se fue
como bala perdida sobre un campo de minas
Se fue, se fue, se fue
no esperó la mañana donde todo se aclara
Se le apagó la vida
el día que se fue y no sé ¿por qué? Y no sé
no quiso otra salida
Tan solo parecía
quitar lo que dolía
eso es todo lo que sé
Se fue, se fue, se fue
como bala perdida sobre un campo de minas
Se fue, se fue, se fue
se escapó de la guerra, se salió de la tierra
Se fue, se fue, se fue
no espero la mañana donde todo se aclara
y se fue.
Depresión. Hastío. Tristeza.
Permanece inmóvil frente a un susurro en calma. Todo. Nada. La cabeza estalla. Los ojos ya hinchados enmudecen el alma. Se levanta. Mira al espejo, manchado restos del día anterior. Náuseas recorren todo su ser. Náuseas por ver su alma destrozada en mil pedazos y náuseas porque su débil cuerpo ya no puede más. Cae y se agarra fuertemente al inodoro, deposita lo poco que le queda de vida y reptando camina hacia la cocina. Agua, pastillas o un cuchillo. Lo que sea con tal de acabar con este sabor. Lo que sea con tal de acabar con este olor. Lo que sea con tal de calmar el ya insufrible dolor. Ya ha perdido el miedo. Sin embargo no la conciencia, así que reza, reza lo más fuerte que sus cuerdas vocales le permiten y lo más profundo que su alma le deja llegar. Entre sollozos se descubre un ruego que suspira fuerzas por un mañana. Fuerzas para que su propio y autodestructivo ser, le permita llegar hasta un inseguro mañana, pero un día más al fin y al cabo. Y así consigue deshacerse del fuego que le quema sus entrañas, se mete en la ducha y deja que el agua se lleve todo el sufrimiento inexplicable. Sale. Se mira al espejo y se percata de que no puede seguir así. Con una barra de labios más roja que la sangre que esperaba ver corriendo por sus venas decide colorearse el rostro y salir a la calle a respirar. Respirar. Por un momento se ha olvidado de respirar, lo más importante en toda su vida.
Permanece inmóvil frente a un susurro en calma. Todo. Nada. La cabeza estalla. Los ojos ya hinchados enmudecen el alma. Se levanta. Mira al espejo, manchado restos del día anterior. Náuseas recorren todo su ser. Náuseas por ver su alma destrozada en mil pedazos y náuseas porque su débil cuerpo ya no puede más. Cae y se agarra fuertemente al inodoro, deposita lo poco que le queda de vida y reptando camina hacia la cocina. Agua, pastillas o un cuchillo. Lo que sea con tal de acabar con este sabor. Lo que sea con tal de acabar con este olor. Lo que sea con tal de calmar el ya insufrible dolor. Ya ha perdido el miedo. Sin embargo no la conciencia, así que reza, reza lo más fuerte que sus cuerdas vocales le permiten y lo más profundo que su alma le deja llegar. Entre sollozos se descubre un ruego que suspira fuerzas por un mañana. Fuerzas para que su propio y autodestructivo ser, le permita llegar hasta un inseguro mañana, pero un día más al fin y al cabo. Y así consigue deshacerse del fuego que le quema sus entrañas, se mete en la ducha y deja que el agua se lleve todo el sufrimiento inexplicable. Sale. Se mira al espejo y se percata de que no puede seguir así. Con una barra de labios más roja que la sangre que esperaba ver corriendo por sus venas decide colorearse el rostro y salir a la calle a respirar. Respirar. Por un momento se ha olvidado de respirar, lo más importante en toda su vida.
domingo, 12 de agosto de 2012
Una heroína de cuento.
La miro. Está sentada a mi lado. Es fuerte, tan fuerte que ya nada le puede romper. Su pequeño esqueleto hace que parezca efímera, volátil, que parezca fácilmente rompible, algunos dirían que de pasta blanda. Pero es la coraza que cubre un corazón increíble, amable fuerte y sincero. Es una heroína de cuento. Es ella. Lleva una semana sin a penas haberse apartado de mi. No hizo falta mucho. Solo una mirada. Quizá un silencio en forma de socorro y ya nunca estuve sola. Últimamente he estado realmente perdida, pero sin embargo, sabía que no estaba sola, mirase donde mirase, allí estaba ella, ofreciéndome su sonrisa, su conversación, su sensatez y su inteligencia. Me duele ver cómo a veces se pierde de una manera absurda, pero sé que lo hace consciente, sé que en el fondo sabe perfectamente el suelo por donde pisa y lo que quiere, de manera que no me asusta ni lo más mínimo. Le admiro y le admiro por estar permanentemente y a pesar de todo ahí, al pie del cañón. Con nuestros momentos, nuestras épocas. Nuestros si y nuestros no, pero al final, resultó estar más cerca de lo esperado.
No te vayas nunca.
jueves, 9 de agosto de 2012
Con un exceso de hormonas en la piel, miro el café recién preparado sin mucho entusiasmo y una sola mirada fugaz me obliga a percatarme de que el color carbón que inunda el cristal es excesivo. Triste, decido ponerle solución vertiendo un poco de esta mezcla venenosa por el desagüe y añadiendo un poco de leche a la disolución. Mientras lo hago, consigo darme cuenta de que ya es tarde. El café ya lo había manchado todo con su sutil desliz por la cuchara que lleva mi nombre. Ya estaba impregnado en cada hueco de aquél enlace químico, ya nada podía hacer, y lo hecho... solo ha llevado a que a simple vista, el color sea algo más tenue, pero el sabor... el sabor del café es difícil de quitar...
De por qué te estoy queriendo, no me pidas la razón
pues yo misma no me entiendo con mi propio corazón...
Bad decisions make good stories.
A veces prefiero que me imagines así. Vulgar. Obscena. Tal y como me comporto en la cama, tal y como me conociste. A veces prefiero que me veas como aquella zorra inconsciente, inalcanzable. A veces prefiero que llegues al extremo de no olvidar nunca la protección porque no sabes con quien estuve la noche anterior. Lo prefiero. Lo prefiero antes de que sepas que te espero cada noche abrazada a mi almohada, que imagino cada día que apareces de la misma forma que desapareces de mis sueños cuando permito a la luz entrar ante mis ojos entre abiertos aún por el somnoliento olor matinal. Prefiero que no sepas que soy y seré mujer de un solo hombre. Que desde que te probé no he vuelto a degustar ningún otro sabor, que ya no tengo lágrimas de desamor, no hay dolor, hastío, se evaporaron las lágrimas de placer muerto para que mis ojos se bañasen en la profundidad de un océano que sólo proyectan cuando estás muy dentro de mi, ante el silencio de la noche y un grito seco en mitad de la nada, acompañado de una vibración redundante y un orgasmo prolongado, prolongado en el espacio, en el tiempo y en cada uno de los universos paralelos en los que crees. En todos y cada uno de ellos. De manera, que prefiero cantar una melodía desafinada y decirte : que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario. Y así, en el fondo quieras agarrarme bien fuerte no vaya a ser que me quisiera ir. Y así, en el fondo, asustarte, asustarte tanto como yo lo estoy y que decidas salir corriendo y me libres de cualquier responsabilidad que pueda tener. Pero... en el fondo, me conoces, lo puedes leer en mis ojos. Simplemente no quieres creer. Pero como alguien muy sabio me dijo:
Bad decisions make good stories.
Así que decido teclear un batiburrillo de sentimientos y sucumbir ante la idea de tenerte para siempre
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vulgar
miércoles, 8 de agosto de 2012
viernes, 3 de agosto de 2012
Una tarde de película.
Las seis. Intento que no se note la tremenda excitación que tengo porque llegue desparramando unos cuantos folios encima de la mesa y abriendo por momentos a mi querido Wilde, sólo por recordar. Diez minutos después aparece. Corriendo como es su ritmo habitual. Sin embargo, nunca le importa esperarme. Nos cambiamos rápidamente y nos vamos. Destino: isla de Zújar, un paraíso terrenal que aún no conozco. Estoy algo callada. Llevo mucho tiempo pensando que estoy jugando con fuego, que me estoy metiendo donde no me tengo que meter, pero no puedo evitar dejarme llevar, últimamente esa es mi filosofía de vida y estoy dispuesta a sufrir las consecuencias. Conozco de su mano los increíbles parajes de La Siberia extremeña. Lagos interminables. Colores inimaginables. Dosis de Serotonina segregando que nunca hubiera podido imaginar. Estoy volando, volando hacia ningún sitio, volando hacia todos. Como drogada. Me dejo llevar. Me explica con ternura cada sitio que vamos viendo. Y a falta de una buena cámara de fotos, intento grabar cada paisaje en mi memoria. Llegamos a nuestro destino paradisiaco. Una playa en medio de una montaña. En medio de un bosque. En medio de la región extremeña. Noto como la gente nos mira curiosa por nuestra música, nuestro transporte, nuestra forma, nuestra mirada. Somos distintos. Simplemente distintos a todo lo demás y es inevitable girarse cuando ves algo que se sale de lo normal, lo entiendo y lo aprecio. Caminamos hacia la arena y nos damos un baño de agua dulce, inesperada en tal paisaje. Reímos, nos abrazamos y percatamos que la vida nos está regalando imágenes de película, así que decidimos jugar. Y de esa manera, sin darnos cuenta hacerlo aún más especial. Nos miramos sabiendo que lo estamos haciendo, que ya es inevitable, que algo ha empezado. Sale corriendo en busca de Shiva que se ha despistado y yo me quedo dentro admirando simplemente su forma de caminar, su espalda, su manera, por un instante mi cabeza me hace decir cosas sin sentido, tan insensatas como un te quiero para mí, te quiero para siempre. Por suerte él ya está demasiado lejos para oirlo, aunque no lo suficiente como para no sentirlo. Seguimos jugando y decidimos que si la vida nos ha regalado romanticismo, no podemos hacer nada contra ello. Así que me agarra, me agarra tan fuerte que nunca me podría soltar y comienza a besarme con una pasión que sólo la conocía en alguien más, en mí misma. Salimos, charlamos durante horas. Reímos sin parar. Disfrutamos y nos echamos a andar. Pegados, pero a cierta distancia. Se adelanta, me espera. Tenemos ritmos distintos pero no parece importarle. No caminamos al mismo son, pero de nuestros pasos resulta una melodía casi divina. Después de observar cada rincón, volvemos. Cantamos, contamos chistes y reímos sin parar y cuando queremos darnos cuenta la vida nos lo vuelve a regalar... Un momento perfecto. Una luna llena como nunca había visto. Con un color oro que nunca pensé que existiera. Y al pasar una curva, un paisaje de cuento. La luna se refleja en el agua entre montañas. Como un final feliz. Como algo que sólo se puede leer. Como una postal. Como el amor. Indescriptible. Paramos y decidimos fotografiarlo con la mente. Hubiera sido una maravillosa postal, porque nos abrazamos tan fuerte que sentimos nuestros corazones latir. Después de respirar profundo, continuamos nuestro camino. Yo no puedo evitar sacar la cabeza, notar el aire. Empaparme del momento. Es verdaderamente increíble. Finalmente y para acabar nuestro cuento de princesas, cenamos en un castillo medieval, con un acceso de calles empedradas. Hace viento. La noche está realmente oscura y la Luna nos regala su presencia posándose en las almenas del castillo. Sentí como me guiñaba un ojo. Sentí por cada poro de mi piel como alguien, algo o yo misma, me estaba haciendo uno de los regalos más deseados del mundo. Vida. Gracias Joaquín, por formar parte de ello.
Maldito amor
Me gusta más de lo que tan si quiera nunca hubiera imaginado, de lo que jamás hubiera esperado. Tenia que ser un imposible. Sin embargo la vida nos está regalando dosis de romanticismo que intentamos ahogar en cuanto nos
Vemos amenazados por ellas, pero aun así, nos regala atardeceres, momentos inolvidables.
Ayer, después de una tarde de película, por primera vez hicimos el amor. Es curiosa, la maldita diferencia entre el sexo sin más y el amor... Con pudor puedo decir que creo que nunca había disfrutado así, o al menos, no lo recuerdo. Me besaba lentamente, tan lentamente como su excitación le permitía llegar, tan lentamente como las altas horas de la noche nos permitían besar, y finalmente me hizo suya, tan suya que por un instante pensé en quedarme allí para siempre. Qué raro es esto de la vida! Me confieso cada día, cada vez que pienso en él desde aquel día en que le conocí... Es perfecto. Pienso a cada momento. Tan perfecto que ni si quiera en mis sueños lo había imaginado. Tan perfecto que duele. Tan perfecto que creo que me estoy enamorando, como siempre, a deshora.
Si tú supieras chico sin nombre, si supieras que ya nada se asemeja a lo que tengo contigo, si supieras que no veo mucho más allá y que sólo duermo contigo... Si supieras todo eso, quizá huirías, quizá quisieras perderme de vista, sólo de saber lo que me aterra pensarlo. Quizá y sólo quizá, quisieras quedarte conmigo para siempre.
Vemos amenazados por ellas, pero aun así, nos regala atardeceres, momentos inolvidables.
Ayer, después de una tarde de película, por primera vez hicimos el amor. Es curiosa, la maldita diferencia entre el sexo sin más y el amor... Con pudor puedo decir que creo que nunca había disfrutado así, o al menos, no lo recuerdo. Me besaba lentamente, tan lentamente como su excitación le permitía llegar, tan lentamente como las altas horas de la noche nos permitían besar, y finalmente me hizo suya, tan suya que por un instante pensé en quedarme allí para siempre. Qué raro es esto de la vida! Me confieso cada día, cada vez que pienso en él desde aquel día en que le conocí... Es perfecto. Pienso a cada momento. Tan perfecto que ni si quiera en mis sueños lo había imaginado. Tan perfecto que duele. Tan perfecto que creo que me estoy enamorando, como siempre, a deshora.
Si tú supieras chico sin nombre, si supieras que ya nada se asemeja a lo que tengo contigo, si supieras que no veo mucho más allá y que sólo duermo contigo... Si supieras todo eso, quizá huirías, quizá quisieras perderme de vista, sólo de saber lo que me aterra pensarlo. Quizá y sólo quizá, quisieras quedarte conmigo para siempre.
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