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martes, 8 de enero de 2013
En el lado izquierdo de la razón, en el lado derecho de la pasión
Supongo que es una forma de tenerte más cerca, de sentirte más cerca, de amarte más de cerca. Es sostenerte en el pensamiento de una manera incorregible, incalculable, inaguantable. Porque quiero, porque debo, porque siento y porque te miento. Porque me miento quizá, no lo sé, o quizá nos miento y reviento. Para ya de asesinarme y torturarme, lacerarme y blasfemarme porque no sobreviviré. Eres lo que quiero y no hay nada más. La perfección resulta absurda, ridícula e imberbe cuando te declamo. Resultas mitificado si intento verbalizarte. Resultas imperfecto si quiero pronunciarte y no te siento y no me siento y no me entiendo y no te entiendo. Tan lejos, tan cerca. Quiero mirarte desde lejos para que me puedas ver más cerca y llenar tu boca con besos sabor a paz, sabor a eternidad, sabor a viento quizá. Y para eso he de correr. Salir para no volver. No volver, porque nunca tenga que marcharme. Marcharme para volver a estar juntos. Juntos, revueltos, infinitos en un baile en el que retozan infames dos cuerpos que se llenan y vacían al compás de un sentimiento. Un sentimiento eterno, profundo, tan profundo como la herida del corazón que ya no duele, tan profundo como mi aliento cuando rozas mi cuerpo con tu inmortalidad, tan profundo como la reminiscencia que permanece tatuada levemente justo en el lado izquierdo de la razón que perdí el último día que te amé. Justo al lado de la pertinente línea que dejaste marcada, aún sin cicatrizar, en el lado derecho de la pasión.
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jueves, 9 de agosto de 2012
Bad decisions make good stories.
A veces prefiero que me imagines así. Vulgar. Obscena. Tal y como me comporto en la cama, tal y como me conociste. A veces prefiero que me veas como aquella zorra inconsciente, inalcanzable. A veces prefiero que llegues al extremo de no olvidar nunca la protección porque no sabes con quien estuve la noche anterior. Lo prefiero. Lo prefiero antes de que sepas que te espero cada noche abrazada a mi almohada, que imagino cada día que apareces de la misma forma que desapareces de mis sueños cuando permito a la luz entrar ante mis ojos entre abiertos aún por el somnoliento olor matinal. Prefiero que no sepas que soy y seré mujer de un solo hombre. Que desde que te probé no he vuelto a degustar ningún otro sabor, que ya no tengo lágrimas de desamor, no hay dolor, hastío, se evaporaron las lágrimas de placer muerto para que mis ojos se bañasen en la profundidad de un océano que sólo proyectan cuando estás muy dentro de mi, ante el silencio de la noche y un grito seco en mitad de la nada, acompañado de una vibración redundante y un orgasmo prolongado, prolongado en el espacio, en el tiempo y en cada uno de los universos paralelos en los que crees. En todos y cada uno de ellos. De manera, que prefiero cantar una melodía desafinada y decirte : que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario. Y así, en el fondo quieras agarrarme bien fuerte no vaya a ser que me quisiera ir. Y así, en el fondo, asustarte, asustarte tanto como yo lo estoy y que decidas salir corriendo y me libres de cualquier responsabilidad que pueda tener. Pero... en el fondo, me conoces, lo puedes leer en mis ojos. Simplemente no quieres creer. Pero como alguien muy sabio me dijo:
Bad decisions make good stories.
Así que decido teclear un batiburrillo de sentimientos y sucumbir ante la idea de tenerte para siempre
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