miércoles, 28 de octubre de 2015
Hambre de ti, Sed de cualquiera.
Quedan 62 días para que se cumpla un año, justo un año de mi derrota. Y aquí estoy, cavando golpe a golpe: mi destrucción. Aquí estoy, echándote de mi vida, buscando algo mejor. Como quien fuera a encontrarlo, cuando ni el mejor poeta una noche de tequila ha sabido enamorarme como lo hizo tu risa. Aquí sigo, arañando una a una las paredes de este hogar que construimos juntos y que encierra a dos leones con hambre. Ya sabes:
Hambre de ti,
Sed de cualquiera.
Como si pudiera evitarlo, araño tu espalda en lugar de la pared. Como si eso consiguiera que te quedaras a mi lado esta noche en lugar de seguir buscando alas nuevas en cada lavabo. Como si mis polvos fueran a provocarte lo mismo que esos que compras en cualquier esquina.
'Déjame quererte a mí, déjame morirme a mí por ti,
déjame extrañarte a mí.
Porque si te dejo a ti vas a ser mi perdición.'
Odio cuando hablas de la Luna como inalcanzable.
Sabiendo que no hablas de satélites.
Olvidar
Llevo una maldita -y eterna- semana, tratando de pedirte disculpas. Siento ser de esas personas que salen de tu vida por la puerta trasera, destrozando todo a su paso. Y siento aún más, no saber decirte cuánto lo siento. Siento haberte juzgado, siento haberte amado tanto que haya tenido miedo a que me hicieras daño, y siento habértelo hecho yo. Lo siento, mucho. Supongo que ya no hay vuelta atrás. Ni yo sé pedir perdón, ni tú seguramente supieras perdonarme. Ahora todo da igual. Ahora ya solo nos queda el recuerdo.
Porque, al fin y al cabo, olvidar
significa recordar con dolor
aquello que te importa.
Porque, al fin y al cabo, olvidar
significa recordar con dolor
aquello que te importa.
Eso eras tú, eras como el sol en plena lluvia de invierno
-de repente un arcoiris en mi mañana-.
Eras como un paseo en bicicleta.
Como la media luz en la oscuridad
que ilumina tus caricias.
Eras como un verso
en medio de una acera,
reclamando el espacio del arte en la humanidad.
Fuiste la sonrisa de los días amargos.
La mejilla, en los días con lágrimas.
La risa, esa. Mi risa constante.
Eso fuiste tú,
y lo que serás para siempre en mi memoria.
Porque ya lo dije una vez,
al contrario de lo que escribió Elvira:
uno siempre será de donde ríe
aunque, a veces, quiera volver a donde llora
(tu recuerdo).
Sitio que visitaré cada noche
antes de dormir, como si aún pudiera escuchar
un susurro que me dice:
-Buenas noches, Luna-
como en aquel cuento que nos leyeron
en la infancia y volviendo a ser los niños
que una vez fuimos, conseguíamos algo
tan difícil en los tiempos que corren
como dormir profundamente
juntos
y revueltos.
Ilustración: El Loco Del Pelo Rizo
Versos: #ynisiquierateconozco
Si me olvidas
Ojalá me hubieras roto el corazón en mil pedazos.
Ojalá pudiera odiarte.
Ojalá.
Al menos así, tendría cómo tapar esta fuga de dolor que me sale a borbotones del pecho. Al menos así, no habría mariposas aleteando su locura en mi estómago al pensarte. Al menos así, podría olvidarte.
Ojalá pudiera odiarte.
Ojalá.
Al menos así, tendría cómo tapar esta fuga de dolor que me sale a borbotones del pecho. Al menos así, no habría mariposas aleteando su locura en mi estómago al pensarte. Al menos así, podría olvidarte.
sábado, 24 de octubre de 2015
Magia pura.
Foto libro: #ynisiquierateconozco
El día que te encuentre
El día que te encuentre, estaremos descalzos. Con un calcetín de cada color y el rubor en las mejillas de quien ya se conoce sin a penas mirarse. El día que te encuentre, estaré torpe al colocar las sillas y me tropezaré con tu boca, lo sé. El día que te encuentre, mi locura romperá tus esquemas, y todos mis poemas sabrán a ti. Y todas las canciones, y todas las vidas. El día que te encuentre.
Ilustración de #ynisiquierateconozco a la venta: ellocodelpelorizo@hotmail.com
Ya nadie lacra los sobres, ya nadie termina las cosas. Dejamos que todo se desvanezca con un poco de saliva nada más. Sin sentarnos en una mesa y quemarnos hasta las pestañas del esfuerzo por mantener la llama viva.
Ya nadie lacra los sobres.
Yo sí.
Ya nadie lacra los sobres.
Yo sí.
El amor, esa agradable forma de suicidio.
Últimamente el amor no dura más que una caja de condones. Como quien camina por el desierto y cree ver una cascada de agua en la que refugiarse de tanta aridez, camino de espejismo en espejismo, creyendo haber encontrado eso que llevo una vida esperando: tú.
Pero todo (y todos) pasa (n), y tengo la boca cada vez más seca, y el corazón más frío. Cada vez cuesta menos dejarlo todo atrás, cada vez duele menos la soledad.
Últimamente el amor no dura más que una caja de condones. Como quien camina por el desierto y cree ver una cascada de agua en la que refugiarse de tanta aridez, camino de espejismo en espejismo, creyendo haber encontrado eso que llevo una vida esperando: tú.
Pero todo (y todos) pasa (n), y tengo la boca cada vez más seca, y el corazón más frío. Cada vez cuesta menos dejarlo todo atrás, cada vez duele menos la soledad.
Se rompen más corazones sin querer, que por voluntad propia.
Ilustración: El loco del Pelo Rizo
Serie: Tus versos en mis manos
del libro: Y ni siquiera te conozco.
sábado, 25 de julio de 2015
Cuando era niña, mi mejor amigo, Ángel, me dijo: -¿Quieres ser mi novia?- Y yo le contesté: -No, pero puedes levantarme la falda-. Aún recuerdo su cara, una mezcla de estupefacción y miedo. La recuerdo porque la he vuelto a ver en cada relación que he tenido. Mi amigo, salió corriendo. A los tres días, envió a Pedrito a que me dijese que él quería algo más de mí, que me esperaría cuando fuese grande. A cambio del mensaje, a Pedrito le enseñé las bragas y nos hicimos amigos de la hora del recreo, ya que Ángel no podía evitar sonrojarse al verme y dejamos de ser tan amigos. Cosas de la niñez. Hoy, tengo 365 promesas en forma de hombres que no han querido levantarme la falda, y que me juran un amor futuro eterno. Y una resaca (futura) en forma de viernes noche, con una botella de whisky, un bol de palomitas y una sesión de cine de soltera por delante. No puedo contar la cantidad de veces que he oído un: es que tú mereces mucho más de lo que yo puedo darte, no es el momento o, mi frase preferida: eres como ese libro que necesito leer, verso a verso, empaparme de cada letra, de cada punto, de cada palabra... y que -por supuesto, cómo no- guardo para el momento perfecto, pues leerlo ahora sería desaprovechar la magia que puede tener. -¿En serio? - Repito, -¿en serio?-.
A veces, me pregunto a qué le teméis los hombres. ¿Teméis que la niña que se levanta la falda no pueda enamorarse de vosotros, a que lleve las bragas de un color que no os gusta, o a que os haga daño? ¿Por qué queréis más de ella de lo que os puede dar?. Y, lo mejor, ¿a qué coño esperáis?. Me pregunto: si Ángel realmente hubiera querido todo eso que decía que quería de mí, ¿no se habría quedado todos los recreos a mi lado? y lo mejor, si esto hubiera sido así, ¿no habríamos acabado siendo novios? Ángel me gustaba de verdad. Al final, yo solo quería que mi libertad a elegir fuese respetada. ¿Tendría Ángel miedo de esa libertad? ¿La tenéis todos?
Mientras tanto, mi perro me da los abrazos que nunca recibiré, y el whisky: el calor que esta noche no habrá.
Total, si no puedo ser libre: no quiero amar.
viernes, 17 de julio de 2015
Cáceres
Vivo en una ciudad invadida por las estrellas
en verano. Donde los atardeceres tienen
al menos cinco colores distintos, y las tonalidades
de azul son tan variadas, que cualquier poeta
enamorado del mar, tuvo que haber visto el mismo
cielo que yo.
Y aún no sé qué coño estás haciendo conmigo. Que me guardo los besos para luego, que te dejo poner la mano en mi entrepierna sin un grito que anuncie un orgasmo vacío de vida, y que te miro fija a los ojos y me quedo allí para siempre. Hoy no he vuelto a casa, estoy atrapada en tus pupilas, quizá así puedas ver lo mismo que veo yo al mirarte cada día, y quizá así puedas llegar a entender lo que solo tú me has hecho sentir.
jueves, 16 de julio de 2015
He vuelto a ponerme un cascabel en el tobillo, como aquel verano. A ver si así, al escuchar mi sonido al andar, vuelves a por los trozos que quedan de mí sin ti. Que llevo llorando tres días, desde que volví a ver tu sonrisa y supe que jamás encontraría una en la que me sintiera tan libre como en esa. Que llevo llorando tres noches, desde que volví a ver tu mirada y supe que nadie jamás volvería a admirarme así, que con nadie volvería a sentirme así. Y solo quiero que vuelvas, (yo, que me fui de tu lado sin mirar atrás), solo quiero que vuelvas a por mí. Y traigas contigo un poco de ese hilo que cose tan bien mis heridas, y de aquel pegamento que un día pudo unir todas las piezas de este desafortunado corazón.
Salimos como leones, en busca de un pedazo de carne que llevarnos a la boca. Y volvemos intentando ahogar nuestras heridas en alcohol de quemar los recuerdos. Cuando de niños caíamos, una friega de alcohol de noventa grados solía curar hasta el golpe más duro. Pero, ¿y ahora? ¿qué clase de ajenjo vamos a tomar para paliar esta certeza de que no hay nadie que nos llene el hueco vacío de la cama? Ni el de la vida, ¿de que no existe nadie que nos interese lo suficiente como para detener nuestro tren y llevarle de compañero de asiento en el viaje de nuestros días? ¿que ni siquiera existe alguien a quien podamos amar mientras le follamos salvajemente? ¿alguien con quien eso de aburrirse suene absurdo, alguien con quien bailar y reír por las mañanas, y con el que lo ordinario resulte mágico y lo extraordinario sea pura rutina, como en 'Cien años de soledad', pero sin soledad. Que solo sean cien años, y que nos parezcan pocos. ¿Cómo coño vamos a saciar este hambre eterna de amor, si salimos y solo encontramos ríos de agua, que ni siquiera es potable?
Desde que te has marchado, este piso que no cumple la normativa de habitabilidad, parece eterno. Los metros son kilómetros, y el silencio que tanto adoraba me rechina en los oídos. Siempre tengo encendida la caja tonta, me creo que así engaño a la soledad. Pero, al menos, hay un ruido distinto a ese vacío que has dejado. Como un avión al despegar, me has taponado los oídos y siento una enorme presión en la cabeza. Solo soy capaz de tocar esa nada que hay entre tu nombre y el siguiente, que también es el tuyo. Como siempre.
lunes, 13 de julio de 2015
"Una estrella brilla por sí misma, pero muchas veces la soledad la condena."
Louise Brooks
Y están lejos, su luz siempre llega tarde, y los mortales las admiran y envidian a partes iguales ya que siguen dando luz, incluso miles de años después de haber muerto.
Nunca supe si realmente merecía la pena ser una estrella: si no tenía boca para reír, si siempre llegaba tarde a tus despedidas, si nunca podía abrazarte.
Y tú, vuelves a llamarme hija de la Luna, y me dices que mi luz alumbra tus noches, que mi presencia mueve tus aguas, que mis cambios marcan tu vida, y yo me muero de miedo.
Nunca quise ser una estrella.
Nunca supe si realmente merecía la pena ser una estrella: si no tenía boca para reír, si siempre llegaba tarde a tus despedidas, si nunca podía abrazarte.
Y tú, vuelves a llamarme hija de la Luna, y me dices que mi luz alumbra tus noches, que mi presencia mueve tus aguas, que mis cambios marcan tu vida, y yo me muero de miedo.
Nunca quise ser una estrella.
A veces creo tener la respuesta a ese eterno interrogante llamado amor. Y amo, y me creo que puedo hacerlo. Duermo abrazada a él, en paz, y todo parece brillar de un color hermoso. Pero es entonces cuando me cruzo con tu mirada y me acuerdo de la poesía. Y veo eso que jamás dibujarán otras pupilas cuando me miran, jamás. Es imposible, porque no es humano. Y vuelven los poemas, y el corazón despierta de un latido, y tú ya no estás. Pero yo recuerdo lo que es amor. Y no es una tarde de domingo (o sí, si es junto a ti), y no es un paseo agradable bajo la luna (o sí, si es junto a ti), y no es un pasar las tardes en compañía (o sí, si es junto a ti), y no es una película, un libro o un piropo (o sí...). Es un sonrojar en las mejillas ante el hurto de un suspiro, es un te amo, libre y sin tapujos, es un te quiero así, porque eso es todo. Es un quédate conmigo o no podré vivir, aunque suene a demasiado. Pero sí, seguimos viviendo, por separado, el mundo no se para, excepto cuando nuestros relojes se cruzan y se acuerdan de los poemas. Ahí sí. Sucede una explosión. Pero apretamos los dientes, y la dejamos pasar. Como siempre, como todos. Al fin y al cabo, el amor es eso que dicen, el amor... ¿qué coño es el amor si no eres tú?
Vuelve.
Es difícil ser libre, pero cuando funciona, ¡Vale la pena!
-Janis Joplin-
Ilustración: El Loco del Pelo Rizo.
Besarla, era pisar el acelerador a fondo, creyendo que pisabas el freno.
-Carlos Salem-
Fotografía: Richard Avedon.
sábado, 4 de julio de 2015
La araña.
Cada mañana sales de mi cama
con un nombre distinto, pero yo te sigo
llorando igual. Lloro al vacío que dejas,
a las tardes de domingo
sin columpios
y a las mañanas sin bailes y sin café.
A la risa que te provocan mis manos
entre tus piernas cuando tienes las tuyas llenas de jabón
en la cocina, a la fiesta de comida cuando llegas del mercado
y boca a boca, no nos dejamos ni la piel.
Lloro al vacío que hay entre tu cuerpo
y el siguiente,
porque cuando tú te vas, nadie
se queda a abrazarme los viernes, ni a beberme los sábados,
y los domingos sin tus dedos, yo no sé volar.
Los lunes, ya no he vuelto a la oficina porque los tacones
duelen demasiado si no me paseo antes por tu espalda,
además creo que me han despedido. Pero ellos no saben
que yo quiero dedicar mi vida a follarte
para poder después escribirlo.
Que no hay nada que me pueda atar,
si no son tus manos a la cama. Que nadie me puede
controlar, si no eres tú quien está encima.
Pero te cuento que me voy a mudar a otro planeta,
que voy a empezar a fumar y que me voy a hacer poeta,
y solo te ríes mientras te atrapo para siempre con mi sonrisa
y mis pies se entrelazan en tu abdomen. Y dices
que te vienes conmigo, que lo dejas todo,
y yo me asusto. Pero imagino las tardes de domingo
y las sonrisas eternas en el sofá y te digo sí,
quiero.
Y ante mi afirmativa, tú
te asustas y te vas,
y aún no has vuelto a llamar.
Y por mi cama, siguen pasando gemidos
y sonrisas a partes iguales,
pero yo sigo pensando en el vacío que me han dejado
tus besos, y en que no los llenan siete (ni cien)
como tú, cada semana.
Fotografía: 'La araña del amor'. Henri Cartier-Bresson. . México, 1934.
miércoles, 1 de julio de 2015
él.
Creo que nunca os he hablado de él. Es tan guapo que cada vez que le miro me estallan los ojos, me hacen chiribitas, salen estrellas, ocurre el Big Bang, y mil supernovas a la vez, y de ellas nace un firmamento lleno de luz, y me muerdo el labio hasta que se me deshace de tanto quererle. Es mi alma gemela. Eso que crees que no existe, que nunca puede ocurrirte, que es un invento de Hollywood porque es demasiado bonito para ser verdad. Pues eso es él. Eso es un nosotros. Si alguna vez lo hubo. Le conocí cuando todo era arena y desierto en mi vida, cuando tenía que subir mil escaleras para conseguir cualquier propósito, y cuando el fango me cubría hasta las rodillas. Fueron pasando los días, y el desierto se convirtió en sonrisa, en magia, y en una ciudad preciosa por donde caminar escondidos de la mano. El primer polvo fue en un parque, pero de fondo había toda una humanidad de piedra y el morbo de ser descubiertos que, sin duda, lo convirtió en el mejor polvo de mi vida. Creía conocerle desde siempre, porque 'siempre' nunca me pareció demasiado cuando estaba a su lado. Si alguna vez había deseado a alguien con quien compartirme, era él. Nada más. Ni nada menos. Él. Le quería por entero, con sus excusas, sus miedos, sus inseguridades, y sus peros. Y lo mejor, él a mí también. Nunca, y repito, nunca, intentó cambiar un solo pelo de mi melena libre. Y nunca, he vuelto a sentirme así con nadie. Supongo, que al final todos encontramos alguna imitación barata del amor, esa mitad con la que compartimos gustos, aficiones, tiempo, y que nos llena un poco. Nos llena la mayor parte del tiempo, pero siempre tenemos un vacío. El vacío que nos recuerda la crisis de los 30, de los 40, de los 50... y así, hasta la muerte. Porque sí, estamos bien. Pero no lo hemos encontrado, o si en algún punto lo encontramos, como me pasó con él, lo dejamos ir. Simplemente porque no era el momento, no era fácil, no era posible. O ese millón de excusas que nos pone el miedo, cuando se planta delante de su gran enemiga la felicidad. Y nos invade, y nos vence. Porque el miedo es un gran cabrón que conoce de sobra nuestra debilidad, y la felicidad es ingenua y no puede con él. Maldita envidia que domina al miedo. Maldito miedo que corrompe mi felicidad. Y eso fue él, un momento imperfecto, un millón de excusas, un 'quiero ser libre, cuando no me daba cuenta de que mi única libertad ocurrió contigo'.
Fotografía: James Dean.
martes, 23 de junio de 2015
Alas.
Tengo una cicatriz que me recuerda que soy rara,
la piel morada de tanto intentarlo,
lágrimas a punto del suicidio
y la sonrisa a medias,
tres lunares en mi pecho izquierdo
y un mundo en mi ombligo,
un infinito tatuado en mis muñecas,
a la incertidumbre entre mis piernas,
marcas del amor en mis rodillas,
raíces en mis tobillos,
y alas
en mis pies.
Maldita zorra. Elvira Sastre.
Estaba loca:
su tristeza no era de este mundo,
a veces estallaba a reír cuando me lloraba sus penas
y solía enredarse el pelo cuando le iba bien.
Se pintaba los labios antes de dormir:
'quiero estar guapa para mis sueños', me decía.
Luego se levantaba con el rímel corriéndose en sus ojeras,
como en mis mejores fantasías,
y me preguntaba la diferencia entre una nube y una ola.
Yo la observaba en silencio
-un silencio consciente,
pues ella era una de esas mujeres
que te hacen saberte derrotado antes de intentarlo-,
como si tratara de vencerla sin palabras,
como si esa fuera la única forma.
Ilusa.
En ocasiones todo lo que hay más allá
de alguien es superfluo
y todo lo que hay dentro de uno es redundante.
No lo sé,
le hubiera repetido un millón de veces por segundo
que era más guapa que un pájaro sobrevolando el mar
y que sabía más dulce que la caricia de un padre,
pero ella estaba loca,
loca como un silencio en medio de una escala,
y solo me besaba cuando me callaba.
Maldita zorra.
Solía decir que los peces eran gaviotas sin alas
y era imposible tocarla sin que gritara.
Yo lo disfrutaba: era un instrumento delicioso.
Cuando le decía que amaba su libertad
se desnudaba y subía las escaleras del portal sin ropa
mientras me decía que echaba de menos a su madre.
Cuando tenía miedo
se ponía el abrigo y se miraba al espejo,
entonces se reía de mí y se le pasaba.
Cuando tenía hambre
me acariciaba el pelo y me leía un libro
hasta que me quedaba dormida.
No sé qué hacía ella después,
pero cuando me levantaba ella seguía ahí
y mi pelo estaba lleno de flores.
Un día se fue diciendo algo que no entendí,
supongo que por eso empecé a escribir.
Me dijo:
no me estoy yendo,
solo soy un fantasma de todo lo que nunca tendrás.
Maldita zorra.
Maldita zorra loca.
Estaba loca,
joder,
estaba loca.
Tenía en su cabeza una locura preciosa.
¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?
-Elvira Sastre-
Se busca sapo
(que sea muy verde) y
que se deje amar
con locura.
Los príncipes
están demasiado
ocupados
buscando el cómo
querer.
Día 15 después de ti.
Hoy había tostadas para dos, y te has marchado a las 9 (como siempre) de mi cama. Sé que no debería amarte, pero es este verano que se cuela por mi alfombra y no me deja dormir sola sin ti. Al marcharte, supe que la risa ya no sería risa sin ti. Que el llanto, ya no sería triste sin ti. Que las mañanas ya no tendrían olor a café. Y hoy, has vuelto. Pero no para quedarte. Dices que eres un alma de paso. Que vienes a disfrutarme, y yo me dejo. Por qué no. Al fin y al cabo, yo también disfruto. Y tanto que disfruto de ti.
viernes, 19 de junio de 2015
Te quiero
contar que eres esa razón por la cual
podría perderla. Y la pierdo.
Creo que ha vuelto a latir mi corazón
de los quince. El de los besos en el
portal, los paseos a deshoras, y el
amor desconocido. La sonrisa sin
que se note. Las palabras que se escapan
de tu boca y chocan contra mi ombligo,
donde disparan un ejército de mariposas
que creí que eran vulgares gusanos que solo
me consumían por dentro. Y no. Es tu voz
quien hace volar sus alas por dentro de mí,
y entonces, vuelo con ellas cuando salgo
a mi balcón como Julieta y no te espero,
y ahí estás: buscándome como yo
te he buscado toda mi vida. Y ahí está:
tu sonrisa, esperando a que baje por la escalera
de tu vida y te rompa los esquemas. Y esa forma
tan correcta que tienes de existir. Y es que no
sabes que el placer se encuentra en un baño
desnudos al atardecer en medio de un valle,
rodeados de gente que mira atónita nuestra
vulgar existencia. Pero prometo que yo a ti
te quiero
enseñar
a volar
como mis mariposas.
contar que eres esa razón por la cual
podría perderla. Y la pierdo.
Creo que ha vuelto a latir mi corazón
de los quince. El de los besos en el
portal, los paseos a deshoras, y el
amor desconocido. La sonrisa sin
que se note. Las palabras que se escapan
de tu boca y chocan contra mi ombligo,
donde disparan un ejército de mariposas
que creí que eran vulgares gusanos que solo
me consumían por dentro. Y no. Es tu voz
quien hace volar sus alas por dentro de mí,
y entonces, vuelo con ellas cuando salgo
a mi balcón como Julieta y no te espero,
y ahí estás: buscándome como yo
te he buscado toda mi vida. Y ahí está:
tu sonrisa, esperando a que baje por la escalera
de tu vida y te rompa los esquemas. Y esa forma
tan correcta que tienes de existir. Y es que no
sabes que el placer se encuentra en un baño
desnudos al atardecer en medio de un valle,
rodeados de gente que mira atónita nuestra
vulgar existencia. Pero prometo que yo a ti
te quiero
enseñar
a volar
como mis mariposas.
Es tan bello
esto que nos pasa
que no sé cómo
contarlo.
Día 11 después de ti.
Alguien me dijo
que el día doce
sucede el olvido.
Pero a mí ya
se me olvidó quién.
martes, 16 de junio de 2015
Día 10 después de ti.
Lo que más me jode es saber
que me estoy olvidando de ti.
Que ya no habrá poesía bajo
mi almohada. Ni versos sobre
la cama. Que no habrá tú debajo
ni yo encima. Ni al lado. Que no
habrá un nosotros. Ni vecinos
escandalizados. Que no habrá
sábados eternos en mi cocina,
ni domingos de paseo en bicicleta.
No habrá más tú. No habrá más yo.
Y, no sé cómo, pero joder.
Lo estoy olvidando.
que me estoy olvidando de ti.
Que ya no habrá poesía bajo
mi almohada. Ni versos sobre
la cama. Que no habrá tú debajo
ni yo encima. Ni al lado. Que no
habrá un nosotros. Ni vecinos
escandalizados. Que no habrá
sábados eternos en mi cocina,
ni domingos de paseo en bicicleta.
No habrá más tú. No habrá más yo.
Y, no sé cómo, pero joder.
Lo estoy olvidando.
domingo, 14 de junio de 2015
Día 9 después de ti.
Llueve. Y ya sabes que me encanta
notar las gotas de lluvia sobre mis pies
descalzos. He cogido mis sandalias favoritas
y he salido a pasear. En realidad solo quería
encontrarte. Como Cortázar: "andábamos
sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos
para encontrarnos". Solo que en singular. Esta vez
solo andaba yo.
Es tan triste revivirte sin ti.
En mis oídos suena "My Girl"
y de pronto
cae un mar entero sobre mis sueños.
Tropiezo y rompo mis sandalias. Despierto.
Comprendo que ya no estás y que no vas a
volver. Que mis pies descalzos ya no te hacen
reír, que tus dedos no me hacen volar, y que
mi sonrisa no te hace temblar. Ya no. Son nueve
días sin ti, nueve días sin mí.
Sin ti, ya no soy yo.
La primavera ha perdido su color,
las rosas están mustias, el parque
En mis oídos suena "My Girl"
y de pronto
cae un mar entero sobre mis sueños.
Tropiezo y rompo mis sandalias. Despierto.
Comprendo que ya no estás y que no vas a
volver. Que mis pies descalzos ya no te hacen
reír, que tus dedos no me hacen volar, y que
mi sonrisa no te hace temblar. Ya no. Son nueve
días sin ti, nueve días sin mí.
Sin ti, ya no soy yo.
La primavera ha perdido su color,
las rosas están mustias, el parque
ya no es verde, y me ha dado por odiarlo.
Lo odio con todas mis fuerzas,
casi con las mismas que te sigo amando.
Llevo ya varios días sin comer ni dormir, es
esta abstinencia de tu olor, de tu sabor,
de tu cordura que me ha vuelto tan loca.
Y vuelvo a este hogar vacío de vida
con el alma empapada, los pies descalzos,
y el corazón en un puño.
Lo odio con todas mis fuerzas,
casi con las mismas que te sigo amando.
Llevo ya varios días sin comer ni dormir, es
esta abstinencia de tu olor, de tu sabor,
de tu cordura que me ha vuelto tan loca.
Y vuelvo a este hogar vacío de vida
con el alma empapada, los pies descalzos,
y el corazón en un puño.
Pasear contigo es volver
a ser todo eso que yo creía que ya no
era, ni podría llegar a ser.
Fotografía: Cáceres. 13 de junio del 2015 by P&D
Día 8 después de ti.
El cielo está gris, pero no llueve.
Creo que no hay nada más triste
jueves, 11 de junio de 2015
Día 7 después de ti.
Día 7 después de ti.
Hoy te he visto. Y se han vestido
de otoño las calles en junio,
al caer todas las hojas de los árboles
a tu paso. El sendero se ha vuelto del
color de tus ojos y el cielo de un color
gris infierno. Como el que vivo cada día
que pasa sin ti. La lluvia ha camuflado
mis lágrimas al intentar besarte desde
tan lejos. Y he caído en la certeza de que
ni siquiera eras tú. Era mi mente imaginándote,
y esta tormenta que huele a vida mojada,
y torrenciales de violencia en forma de gotas
de agua cayendo sobre mis piernas que ya
no caminan, porque sin ti han perdido el Norte.
Y el Sur, y el Este. Solo se giran hacia el Oeste
porque es donde está tu casa. Y rezo, como
un musulmán mirando hacia la Meca, a tu
residencia, como si un dios, tú
me fuera a escuchar, y traerme de nuevo
los días de abril, donde aún no llegaba el invierno
y eras tú quien florecía cada amanecer
entre mis piernas. Y un latido acelerado
anunciaba el comienzo de un nuevo día.
Ahora no hay latidos, ni tan siquiera hay días.
Creo que debo haber muerto,
porque la vida no sabe a nada.
Fotografía: Robert Frank Los Angeles 1956
Día 6 después de ti.
Día 6 después de ti.
Te he llamado. Esta vez, sí. Con elle.
Y todas las aceras de Cáceres gritaban
tu nombre sin mis acentos.
Me has contado algo de un perro,
y de tu madre, y de que la vecina de
en frente pregunta por mi salud.
Como si a mí me importara algo
que no fueras tú, cómo estás,
qué llevas puesto y quién te lo quita.
Quién le roba las horas a tu trabajo
y quién guarda tus sueños, con s,
porque aunque no lo creas, tú sueñas,
mucho más que yo. Conmigo.
Y dice Elvira,
"que te echo tanto de menos que en mi reloj aún es ayer".
martes, 9 de junio de 2015
Día 5 sin ti.
He pensado en llamarte. Pero sin elle.
Y me han estallado todos los sentidos.
La poliandria y la poligamia
parecen decentes, si eres tú quien
al final del día apoyas la cabeza
sobre mi almohada.
Quizá, la poliandria no. Quizá la poligamia.
Estoy pensando en ampliar mi gusto
sexual, y que esté todo permitido.
Siempre he querido hacer un ménage
à trois, si es contigo. He leído algo sobre
el poliamor: ya he encontrado un término
que describe todo en lo que tú
creías. No sé si quizá yo.
No, yo no. Lo mío es solo contigo.
Que yo te hablo de un amor libre,
albedrío. Mi devocionario, tú.
Perdido en las ruinas de mi vida.
Mi revolución, tú. Sumergido
en las manifestaciones de mi sexo.
Mi perdición, tus labios. Condenados
a una eternidad entre los míos.
¿Y tú,
qué dices?
¿hacemos un pacto?
sábado, 6 de junio de 2015
Día 2.
Día 2 después de ti.
Sigo despertando a las 9 los sábados, como si tuvieras prisa por irte de mi cama aún. Somnolienta preparo tostadas para dos, y cuando abro los ojos a lo que estoy haciendo tiro los restos de mí misma por la ventana para alimentar a los pájaros hambrientos que tanto odiabas porque se comían enteras tus plantas de esa droga que te gustaba mucho más que un nosotros, y que te hacía perder en esos mundos que yo no alcanzo. Ya no suena Lana del Rey, porque no he pensado siquiera en llorar. Nadie se esnifa mi pelo para quedarse para siempre su olor, y nadie se acomoda debajo de mi cuello para darme su mano por las noches. Resulta que al golpear el espejo, cuando confesaste que cada atardecer dejabas tu corazón debajo de una almohada distinta, me rompí todos los dedos de la mano derecha y ni siquiera puedo acariciarme pensando en ti. Para recuperarme, estoy construyendo un puzzle donde es él quien finalmente le besa a ella. Y es ella, la que por vez primera en la historia, decide si corresponderle o no. Ambos están situados en un precipicio, aquel al que les ha llevado el amor. Es ella, la que tiene los pies fuera, pero también es ella, quien está llena de color: El Beso de Klimt, siempre te preguntaste por qué me gustaba tanto. Aquí tienes la respuesta. Siempre pensé, que él serías tú, con esas formas tan cuadradas y racionales en su capa, y que ella acabaría siendo yo, con esos colores y esas curvas en su vida, agarrándome por siempre a ese beso.
viernes, 5 de junio de 2015
Por qué no me enamoré de ti
Por qué no me enamoré de ti
(y ya no importa).
O por qué sí.
(Y no te olvido)
Porque (no) te paras en mitad de la nada a oler una rosa,
porque (no) me sorprendo cantando en la calle junto a ti,
porque (no) me dices que estoy loca si salgo descalza
cuando llueve, y te agarro y te beso en zonas prohibidas.
Porque el día (no) te amanece temprano para amarme,
porque en la noche siempre te cansas al caer el sol.
Porque el trabajo (no) te llena las horas, pero (no) la mirada
(ni) el corazón. Porque el corazón te llena el espacio,
y el tiempo, pero (no) la mirada. (Ni) el alma.
Porque tu saliva llena mi boca y mi sexo,
pero (no) mi sed. Porque tus dedos satisfacen
mi libido y aplacan mi locura, pero (no) mi hambre.
Porque tu razón (no) me llena la cabeza de cordura
y me quita los versos que yo solo concibo desde el alma.
Porque (no) quisiste pararte a mirar el precipicio
que es mi boca y escuchar las locuras
que solo fui capaz de esbozar el último día.
Porque nunca quisiste leer mi libro
sin ver antes la portada.
(y ya no importa).
O por qué sí.
(Y no te olvido)
Porque (no) te paras en mitad de la nada a oler una rosa,
porque (no) me sorprendo cantando en la calle junto a ti,
porque (no) me dices que estoy loca si salgo descalza
cuando llueve, y te agarro y te beso en zonas prohibidas.
Porque el día (no) te amanece temprano para amarme,
porque en la noche siempre te cansas al caer el sol.
Porque el trabajo (no) te llena las horas, pero (no) la mirada
(ni) el corazón. Porque el corazón te llena el espacio,
y el tiempo, pero (no) la mirada. (Ni) el alma.
Porque tu saliva llena mi boca y mi sexo,
pero (no) mi sed. Porque tus dedos satisfacen
mi libido y aplacan mi locura, pero (no) mi hambre.
Porque tu razón (no) me llena la cabeza de cordura
y me quita los versos que yo solo concibo desde el alma.
Porque (no) quisiste pararte a mirar el precipicio
que es mi boca y escuchar las locuras
que solo fui capaz de esbozar el último día.
Porque nunca quisiste leer mi libro
sin ver antes la portada.
jueves, 4 de junio de 2015
Loreto Sesma.
Tras haber leído, subrayado y quemado cada una de las hojas me he dado cuenta de que yo nunca fui Don Quijote, porque nunca fui valiente, nunca me atreví a enfrentarme a mis gigantes.
He aprendido que el invierno no era la llegada del frío si no ver llorar a mi madre. He llegado a la conclusión de que nunca acabaré de memorizar cada una de mis cicatrices, porque las sigo confundiendo con heridas, cuando me empeño en abrirlas. He medido la distancia en abrazos que le debía a mi hermana. Me he dado cuenta de que el amor no tenía nada que ver con lo que me habían contado, solo tenía que ver conmigo, y solo lo he sabido cuando en mitad del huracán he necesitado crear mapas con la piel de mi espalda. Sigo leyendo a Benedetti cuando se me cansan las alas y sigo haciendo florecer a Neruda cada primavera.He aprendido que no es a la tercera cuando te das por vencido, porque nunca has de rendirte. Que voy a tropezar, a caer, y a hacerme tantísimas heridas que voy a querer tener un doctorado en huidas, pero acabaré tirando pa’lante.
Porque sin andar no hay camino, y sin camino no hay historia, ni victoria, sólo derrota. Además, andando hacia atrás, uno siempre tiene más probabilidades de tropezar con la misma piedra.
También he aprendido que la magia del naufragio no está en llegar a ser superviviente, sino en aprender a bailar con el vaivén del mar, en mitad de la tormenta, agarrar el timón, aguantar el tirón, enamorarte de la corriente, ser paciente que las nubes se irán.
Que ya lo decían los Beatles: “el sol en algún momento va a llegar” y mientras, mientras tendríamos que bailar, bailar escuchando a Extremoduro, otorgándole a la noche un derroche de gaste de caderas.
¿De veras creíais que iba a rendirme? Los que estuvisteis apuntándome con el dedo, deberíais saber que sigo siendo yo la que me pongo la pistola en la sien y la que decido si apretar o no el gatillo, que no hay más balas para mí que las que yo misma fabrico y no tengo más heridas que las que yo me hice por voluntad propia.
Lo bueno de tener el corazón hecho pedazos es eso, que las balas de los demás tal como entran, salen.
En fin, que no necesito la saliva de nadie para curarme, eso tuve que aprender a hacerlo yo solita; que por mi suerte o para vuestra desgracia, todavía no voy a ser el blanco fácil de nadie.
No busco la aprobación de algún que otro imbécil que me dirá que esto no es poesía, porque es verdad, no lo es, esto es vida, la mía, así que ya decidiré yo como escribirla.
En fin, que sigo queriendo a morirme a todos los que me agarran cuando me fallan las fuerzas, que sigo teniendo en cuenta que aunque llegue el día que la sonrisa se me tuerza, van a estar ellos colocándome el mundo.
Y por eso, lo último pero más importante que he aprendido es que no soy aunque a veces no esté, sino que estoy aunque a veces no sea.
-Loreto Sesma-
He aprendido que el invierno no era la llegada del frío si no ver llorar a mi madre. He llegado a la conclusión de que nunca acabaré de memorizar cada una de mis cicatrices, porque las sigo confundiendo con heridas, cuando me empeño en abrirlas. He medido la distancia en abrazos que le debía a mi hermana. Me he dado cuenta de que el amor no tenía nada que ver con lo que me habían contado, solo tenía que ver conmigo, y solo lo he sabido cuando en mitad del huracán he necesitado crear mapas con la piel de mi espalda. Sigo leyendo a Benedetti cuando se me cansan las alas y sigo haciendo florecer a Neruda cada primavera.He aprendido que no es a la tercera cuando te das por vencido, porque nunca has de rendirte. Que voy a tropezar, a caer, y a hacerme tantísimas heridas que voy a querer tener un doctorado en huidas, pero acabaré tirando pa’lante.
Porque sin andar no hay camino, y sin camino no hay historia, ni victoria, sólo derrota. Además, andando hacia atrás, uno siempre tiene más probabilidades de tropezar con la misma piedra.
También he aprendido que la magia del naufragio no está en llegar a ser superviviente, sino en aprender a bailar con el vaivén del mar, en mitad de la tormenta, agarrar el timón, aguantar el tirón, enamorarte de la corriente, ser paciente que las nubes se irán.
Que ya lo decían los Beatles: “el sol en algún momento va a llegar” y mientras, mientras tendríamos que bailar, bailar escuchando a Extremoduro, otorgándole a la noche un derroche de gaste de caderas.
¿De veras creíais que iba a rendirme? Los que estuvisteis apuntándome con el dedo, deberíais saber que sigo siendo yo la que me pongo la pistola en la sien y la que decido si apretar o no el gatillo, que no hay más balas para mí que las que yo misma fabrico y no tengo más heridas que las que yo me hice por voluntad propia.
Lo bueno de tener el corazón hecho pedazos es eso, que las balas de los demás tal como entran, salen.
En fin, que no necesito la saliva de nadie para curarme, eso tuve que aprender a hacerlo yo solita; que por mi suerte o para vuestra desgracia, todavía no voy a ser el blanco fácil de nadie.
No busco la aprobación de algún que otro imbécil que me dirá que esto no es poesía, porque es verdad, no lo es, esto es vida, la mía, así que ya decidiré yo como escribirla.
En fin, que sigo queriendo a morirme a todos los que me agarran cuando me fallan las fuerzas, que sigo teniendo en cuenta que aunque llegue el día que la sonrisa se me tuerza, van a estar ellos colocándome el mundo.
Y por eso, lo último pero más importante que he aprendido es que no soy aunque a veces no esté, sino que estoy aunque a veces no sea.
-Loreto Sesma-
Fotografía: Ernest Hemingway & Martha Gellhorn by RobertCapa.
domingo, 31 de mayo de 2015
Yo era una tarde de invierno,
nostalgia y ceniza en la cama;
los restos de un incendio provocado;
las ruinas que quedan
cuando un castillo es asaltado sin piedad;
un poema cansado
en forma de papel arrugado
en la papelera de cualquier oficina gris.
Tú eras un paseo por el campo,
un día de marzo,
el olor a caricia
sobre la hierba recién cortada;
el abrazo de bienvenida
en la terminal vacía de un aeropuerto;
eras la hora del recreo,
la tarde del viernes,
las vueltas a casa después del trabajo;
también eras los sábados por la noche,
el gol por la escuadra en el último minuto,
el polvo de reconciliación
de todas esas discusiones
que en el fondo solo son excusas
para encontrar nuevas formas de quererse.
Esas eran nuestras credenciales
mucho antes de presentarnos.
Entonces,
un día de otoño,
sin cartas y sin manga cautelosa,
te acercaste a mí con esa ternura
que sólo tienen las personas que saben amar.
Me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada;
cosiste con la paciencia
de quien cree lo que espera
las costuras rotas de mi pelo,
llenaste mi almohada de buenas noches
-y mejores sueños-
al descansar tu cabeza sobre ella.
Empecé a acompasar mi respiración
a tus latidos,
y la música
la música empezó a tener sentido.
Un tiempo después,
una mañana de esas en las que el Polo Norte
se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama
mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y, de repente, perdí el frío.
Fue así, mirarte fue el deshielo.
Te contemplé
y vi cómo se reconstruía la primavera en mi vida.
Las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que sólo saben decir que sí.
Te despertaste
y se me llenaron los ojos de pétalos.
Me miraste y te pregunté:
¿Qué has visto tú en mí?
Entonces,
con una media sonrisa, contestaste:
Una flor en medio de un campo en ruinas.
nostalgia y ceniza en la cama;
los restos de un incendio provocado;
las ruinas que quedan
cuando un castillo es asaltado sin piedad;
un poema cansado
en forma de papel arrugado
en la papelera de cualquier oficina gris.
Tú eras un paseo por el campo,
un día de marzo,
el olor a caricia
sobre la hierba recién cortada;
el abrazo de bienvenida
en la terminal vacía de un aeropuerto;
eras la hora del recreo,
la tarde del viernes,
las vueltas a casa después del trabajo;
también eras los sábados por la noche,
el gol por la escuadra en el último minuto,
el polvo de reconciliación
de todas esas discusiones
que en el fondo solo son excusas
para encontrar nuevas formas de quererse.
Esas eran nuestras credenciales
mucho antes de presentarnos.
Entonces,
un día de otoño,
sin cartas y sin manga cautelosa,
te acercaste a mí con esa ternura
que sólo tienen las personas que saben amar.
Me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada;
cosiste con la paciencia
de quien cree lo que espera
las costuras rotas de mi pelo,
llenaste mi almohada de buenas noches
-y mejores sueños-
al descansar tu cabeza sobre ella.
Empecé a acompasar mi respiración
a tus latidos,
y la música
la música empezó a tener sentido.
Un tiempo después,
una mañana de esas en las que el Polo Norte
se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama
mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y, de repente, perdí el frío.
Fue así, mirarte fue el deshielo.
Te contemplé
y vi cómo se reconstruía la primavera en mi vida.
Las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que sólo saben decir que sí.
Te despertaste
y se me llenaron los ojos de pétalos.
Me miraste y te pregunté:
¿Qué has visto tú en mí?
Entonces,
con una media sonrisa, contestaste:
Una flor en medio de un campo en ruinas.
-Elvira Sastre-
viernes, 22 de mayo de 2015
Poema después de soñar.
Hoy,
(al fin)
he llorado.
Y mi alma
ha gritado en silencio.
Ha gritado el guantazo que
me diste cuando no quise
escoger esa silla para el salón.
Ha gritado el aborto
que tuve sin tus abrazos.
Hoy se ha comido el hambre
la anorexia de los catorce,
y se ha mirado al espejo
la bulimia de los quince.
Hoy mi abuela me ha besado
antes de fallecer entre mis brazos.
Hoy mi silla de ruedas
ha tenido amigos de sobra
para rodar.
Hoy mi jefe no ha gritado,
y me ha pagado las quince
horas de trabajo diario.
Hoy un funcionario
me ha ayudado.
Mi hermano
me ha amado.
Mi cuñada no se ha drogado.
Y mi padre es la única
verdad.
(al fin)
he llorado.
Y mi alma
ha gritado en silencio.
Ha gritado el guantazo que
me diste cuando no quise
escoger esa silla para el salón.
Ha gritado el aborto
que tuve sin tus abrazos.
Hoy se ha comido el hambre
la anorexia de los catorce,
y se ha mirado al espejo
la bulimia de los quince.
Hoy mi abuela me ha besado
antes de fallecer entre mis brazos.
Hoy mi silla de ruedas
ha tenido amigos de sobra
para rodar.
Hoy mi jefe no ha gritado,
y me ha pagado las quince
horas de trabajo diario.
Hoy un funcionario
me ha ayudado.
Mi hermano
me ha amado.
Mi cuñada no se ha drogado.
Y mi padre es la única
verdad.
sábado, 16 de mayo de 2015
Hay sentimientos que no caben en una sola palabra, ni en dos, ni en tus tequieros, ni la lingüística cognitiva tiene las respuestas para una descripción que resulta insignificante al ser comparada con la realidad que habita en mis entrañas.
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