Más valioso que un 'te quiero' es un 'ya me conoces...'
Qué fácil querer a veces qué difícil dejarse conocer.
Hoy, al fin, me he dado cuenta de que no estoy enamorada de ti. Estaba enamorada de la persona que yo solía ser cuando estaba contigo, pero es que ¿sabes qué? Sigo siendo. Sin ti, pero en mi mejor versión. Gracias por enseñarme que podía hacerlo. Fue necesario encontrarte para descubrir una parte de mí que había escondido. Pero no, no estoy enamorada de la persona que faltó cuando algo que habíamos creado entre los dos se fue por el retrete, no estoy enamorada de la persona que no estuvo a diario cuando mi vida se quebró. No, no lo estoy. Te quiero, claro que sí. Cuando me necesites: allí estaré. Pero no quiero seguir alimentando este pajarillo que solo comía de las migas que quedaban de los restos de mi amor. No te pedí mucho, solo unas miguitas que marcaran un sendero por el que volver a casa, y llamarlo hogar.
De eso que los domingos insípidos cambian de color, y se vuelven amarillos como el sol. O como el polen de la flor que no me regalaste porque sabías que a mí nunca me perteneció la vida de otro ser. Amarillo como mi tierra en verano, como la arena de la playa a la que iremos, o como tu pelo cuando le acaricia Lorenzo. Amarillo como mis ojos cuando te miro y salen chispitas, como los pájaros que revolotean mi cabeza cuando te acercas.
¿Qué te apetece hacer cuando no quieres hacer nada? ¿Con quién te gustaría estar cuando no quieres estar con nadie? Esas son las únicas respuestas que necesitas. Y un gran valor para hacerlas realidad.
Hoy me han llamado por teléfono y me han dicho: prepárate, tu vida va a cambiar. He cogido un helado de limón y me he sentado en el sofá frente al televisor apagado. He mirado a mi alrededor y pensado en las cosas que me llevaría conmigo. Mi viejo tocadiscos, unos cuantos vinilos, el libro que me regaló David, y a ti. No necesito más. Aunque supongo que no puedo tenerlo todo, el tocadiscos ocupa demasiado, los vinilos pueden romperse, y tú no te vendrás conmigo. El libro es lo único que me llevaré. También supongo que no esperarás a que yo regrese -yo no lo haría, y no: no pienso pedírtelo-. Ya te he visto en otros poemas y siempre acabas mal. Nunca he tenido el valor suficiente para quedarme el tiempo necesario. Siempre he dejado que el caprichoso destino manejase los hilos a su antojo, y siempre ha salido bien: ya ves, sigo viva. No todo el mundo puede afirmar eso. Y preguntarás: ¿ahora qué? Y yo responderé: ¿y ahora qué? Y nos quedaremos así, recordando cómo pasamos la primavera superando el miedo al amor y a hacernos daño, cómo me agarraste por primera vez de la mano, cómo me besaste, y cómo no llegamos a pronunciar las palabras mágicas: te quiero.
Te juro que me quedaría a tu lado para siempre. A tener mil hijos, y una vida tranquila. Donde lo más especial que hiciéramos fuera follar a la hora de la siesta. Beberíamos té verde a las siete, y cuidaríamos nuestro riñón. Tendríamos dos perros, una casa, y mil sonrisas. Los domingos: ruta hasta el pico aquel de la montaña a la que nunca me atreví a subir. Los viernes: sofá y abrazos. Los sábados: una vuelta al mundo de solteros. Lunes, martes y miércoles: siempre volver a la misma hora, al sitio donde tus besos a escondidas se venden baratos. Y los jueves: desayuno en ese bar que tanto te gusta, donde siempre te dicen que cómo has conseguido engañarme para que me quede contigo, y yo hago con que no escucho nada mientras intento bajar a mi ego de la nube a la que lo subes cuando vuelves de la barra y me atrapas en tu abrazo, como para que no me escape aunque solo sea en ese instante. Me quedaría contigo todos los días de la semana, durante una jodida eternidad, porque aún no he encontrado un sitio mejor que aquel en que puedes ser tú en el más tranquilo silencio.
miércoles, 25 de mayo de 2016
Mi parte racional tiene amordazada a mi parte emocional, por eso no veo venir a los gilipollas de lejos. Pero ya estoy aprendiendo a soltar las cuerdas.
La gente se siente atacada cuando les hablas de libertad. Como si fuera algo incomprensible. Como si queriendo ser libre fueras a herir a los demás. No. Yo soy un ser humano, independiente de ti. Intentaré hacerte lo más feliz que pueda, respetarte y quererte todo lo que merezcas. Ahora no buscamos compromisos, decimos que nos agobian las relaciones. Pero sí les ponemos cadenas. "Si estás conmigo, aunque no seamos pareja, no puedes estar con nadie más", dicen. Coño, pues sé valiente. Lánzate al ruedo. Pídele que sea algo más. Dile lo que quieres, lo que tú corazón te pide a gritos. Y si no es así, no le obligues a renunciar a su plenitud por ti. No le pongas cadenas a su libertad nunca. Si quieres a alguien, déjale decidir con quién quiere estar. Y si eres tú. Enhorabuena. Si no, también. No estarás viviendo en una mentira toda tu vida.
Si supieras todo lo que he vivido desde que tú no estás. Cuántas bocas he besado pensando en hallarte. Cuántos brazos han abrazado mi soledad. Cuántas sonrisas a medias por no encontrar tu risa entera, sin más. Si supieras tan solo cuánto he disfrutado sin ti. No sé si quizá te dolería un poco. Pensarías en lo fácil que se me hace todo. Que ya he olvidado la vida sin ti. Que no me haces falta. Que no nací para echar de menos, como siempre te he dicho. Pero si supieras cuántas bocas me han mordido, cuántos abrazos forzados, cuántas vidas perdidas. Si supieras, vida, cuántas mentiras. Si supieras lo de aquel del que tuve que escapar, lo de todo lo que me hizo llorar. Si supieras el vacío de esta vida miserable, los domingos sin hallarte, los sábados sin alma, perdida en un montón de litros de alcohol y poetas. Si supieras que en cada verso sueño que te encuentro, que no quiero rozar una sola boca más que no lleve tu veneno, ese que me ate a ti toda para toda la vida. El de la libertad no la quiero si no es contigo. Si supieras todo eso, quizá ni siquiera volverías a buscarme. Y es por eso, vida mía, que solo te cuento las bocas que me muerden la nostalgia de una vida mejor. Por miedo a que aún sabiendo todo eso nunca corrieras a salvarme.
A veces, me quedo observándola. Es tan fuerte que me da miedo. Da la sensación de que el día en que se rompa va a saltar todo por los aires y no va a salir nadie vivo. Porque tiene que romperse algún día. Todos nos rompemos, tarde o temprano. Pero ha vivido cosas que ni tú ni yo -por suerte- llegaremos a comprender jamás. Para ella romperse no es una opción. Nunca se rinde. Cuando crees que todo está perdido, que ya no podrá soportarlo más, saca esas fuerzas, las de 'corre que es el último sprint' y las del 'no sé cómo coño lo he hecho' y consigue salir airosa de todo. Solo se lleva de recuerdo las cicatrices, marcas en la piel y en el alma que hablan de que cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor. Pero tiene que romperse, estoy segura: de vez en cuando lo hará, quizá sea en el momento en que nadie mire, con las luces apagadas y los espejos tapados. Quizá se meta debajo de las sábanas, o tal vez eche un pulso al monstruo de debajo de la cama y se tumbe con él. Eso sería muy propio de ella. Puedo verla, allí acurrucada junto al monstruo, como si no fuera a hacerle daño. Siempre se ha sentido a gusto junto a los monstruos. Creo que a veces cree ser uno de ellos. Ella: mi hada alada, transparente como el cristal, dulce como la miel de sus ojos. Ella un monstruo... Cómo somos los seres humanos, ¿verdad? Supongo que cuando uno se cree ogro es más difícil sentirse atacado. La culpa siempre es propia. El alarido lo da uno mismo, los demás son demasiado indefensos. Ese es su gran defecto: cree ciegamente en la humanidad. Y no, la humanidad no cree en ella, ni la ve como el monstruo que ella imagina. Y no hay alaridos que asusten. Hay golpes, insultos, miradas, forcejeos. Que ella cree imaginar. Y son producto de su mirada indefensa. Parece tan felizmente triste... Me inundan la rabia y el llanto cuando oigo su risa. Es una risa tan fuerte que da la sensación de que vaya a partirse en dos en cada carcajada. Creo que a veces ríe tan fuerte porque no sabe si será la última vez que lo haga. Que tiene la certeza de que un día se le acabará él bonus de la alegría y le invadirá esa tristeza que lleva toda una vida reteniendo. Y puede que no esté equivocada. Puede que ese día llegue, es verdad. Pero mientras tanto, me quedo con su mirada de guardar cien vidas en cada iris. Me quedo con su caminar lento 'por si mañana no puedo hacerlo'. Me quedo con su risa, la que me estalla las entrañas. Me quedo contigo, la del otro lado del espejo.
Sí, lo juro. He deseado llorar en los brazos de alguien. Gritar a pleno pulmón a algo que tenga más vida que una pared todo lo que me produce esta mierda de mundo en el que vivimos. Contarle que no puedo más. Y que me abrace cuando todo se venga abajo, que lentamente comience a besarme, y hacerme el amor. Lo he soñado. He soñado con que alguien aguantaba mis locuras, sonreía al verme saltar en los charcos y mojarme entera (por dentro, al ser consciente de que hace poco no sabía hacerlo. Y por fuera, con el agua que nos empapa a ambos). Alguien que amaba cada línea de mi piel que yo detesto, las cicatrices que me ha dejado la vida en tan poco tiempo. He soñado que me acompañaba en mis horas más horribles, aunque tuviera un millón de cosas absurdas que hacer. Lo absurdo, sería no estar contigo, diría. He pensado en que me llamaba a cualquier hora, para comer un trozo de pizza fría y hablar de cómo llueve ahí fuera. He imaginado quedarme dormida entre sus brazos y abrazos. He pensado en decirle que me duele el corazón de vez en cuando, y que hay días en que siento cómo se rompe.
Estoy intentando hacerme amiga del miedo, y reírme a carcajadas cada vez que puedo. Estoy intentando sonreír a cada niño con el que me cruzo, y sumergirme en cada relación con el oficio de un buzo.
Créeme, lo estoy intentando.
Estoy intentando no darle importancia
al hecho de que no seas como te había imaginado. Estoy intentando jugar sin que me importe el resultado,
relajarme cuando quiero usar el water, pero está ocupado.
Créeme, lo estoy intentando.
Estoy intentando ser consciente de que el sol sigue ahí arriba, estoy intentando controlar mi ira, no tragar de golpe y así, poco a poco, saborear la vida. Estoy intentando decir la verdad,
y hacerlo de la manera que menos duela, dejar de usar la rueda y gastar más suela. Estoy intentando no echar la culpa a otros cuando algo sale mal, pisar un suelo más natural, salir de vez en cuando de esta ciudad áspera y artificial.
Estoy intentando aprender a sonreír
cuando me demuestran que me equivoco, a dejar de disimular que soy un loco, a sentir la energía de cada pequeña cosa que toco.
Créeme, lo estoy intentando.
Estoy intentando dibujar sonrisas en mi barrio, intentando decidir si prefiero unos ojos o unos labios. Estoy intentando memorizar cada sueño cuando me despierto, y caminar sin dudar, porque cada instante de duda es un instante muerto.
Estoy intentando hablar más con desconocidos, y no girar la cabeza cuando alguien me mira demasiado. Estoy intentando ser neutral y objetivo, tomarme la vida con la perspectiva del que no se queja aunque tenga algun motivo. Estoy intentando escribir y vivir para volver a escribir y hacer de ese crculo un maravilloso jardín en el que existir.
Estoy intentando callar cuando no sé qué decir, plantarme y discutir antes que agachar la cabeza y huir.
Créeme, lo estoy intentando.
Estoy intentando darle de comer a cosas invisibles, y a enamorarme de cosas insignificantes, y a no darle importancia a esas cosas que nos venden como grandes. Estoy intentando pensar más en los que me quieren, reírme de mis fobias.
Estoy intentando que mi corazón no se acelere
si se acercan quienes me odian.
Estoy intentando asumir que el mundo no es justo, y que el rencor de otros es lógico, y que el amor se marchita si no lo riegas, y que la muerte no avisa cuando llega, y que quien juega limpio no siempre recibe apoyo.
Estoy intentando dedicar más tiempo a mirar las estrellas, a beber más agua, a abrazar, a besar, y a dar muestras de afecto sin un motivo aparente. Estoy intentando ser más imperfecto, a hacer lo incorrecto, ser más imprudente. Estoy intentando liberar al payaso que encerré en la mazmorra de la vergüenza hace tiempo ya, a no hacer algo porque lo hagan los demás, a hablar con los animales y a tratarlos como a iguales. Estoy intentando ser más insensata
y así amar y entregarme sin medida. Ser feliz aunque sea a ratos
y darle un sentido a esto que llaman vida. No sé si lo conseguiré pero
Supongo que, al final, todos encontramos alguna imitación barata del amor. Esa mitad con la que compartimos gustos, aficiones, tiempo, y que nos llena un poco. Nos llena la mayor parte del tiempo, pero siempre tenemos un vacío. El vacío que nos recuerda la crisis de los 30, de los 40, de los 50... y así hasta la muerte. Porque sí, estamos bien. Pero no lo hemos encontrado, o si en algún punto lo encontramos, como me pasó con él, lo dejamos ir. Simplemente porque no era el momento, no era fácil, no era posible. O ese millón de excusas que nos pone el miedo cuando se planta delante de su gran enemiga la felicidad. Y nos invade, y nos vence. Porque el miedo es un gran cabrón que conoce de sobra nuestra debilidad, y la felicidad es ingenua y no puede con él. Maldita envidia que domina al miedo. Maldito miedo que corrompe mi felicidad. Y eso fue él: un momento imperfecto, un millón de excusas, un 'quiero ser libre' cuando no me daba cuenta de que mi única libertad ocurrió contigo.
Hay momentos en la vida en que uno simplemente se deja querer. Porque sí, porque quiere, porque ya es hora, porque le apetece. Quizá no le hayas conocido en la cabina de un avión destino Nueva York, o vuestro primer beso no tenía la estampa de la cuna de las civilizaciones de fondo, pero al final no se trata de nada de eso, ¿verdad? Al final, los días se definen por el momento de llegar a casa o de salir a dar un paseo, por amanecer juntos o reír, reír profundamente. Al final, mañana quién sabe si quizá seas diabético y no puedas comer dulce o si quizá no sea tu momento para amar. Entonces, coge tu momento y ama, "ama y ensancha el alma". Porque la vida es una, y mañana nadie sabe. Las historias de película están muy bien para el inicio, pero siempre tienen un final. Y si algo tiene final, nunca será un buen final. Así que abre esa botella de vino que guardabas para una ocasión especial, descorcha el mejor champán y vive, vive intensamente. Porque mañana... ¿Quién sabe?
He decidido romper con esta historia que aún no ha comenzado, tirarme a los brazos de otro, follarle hasta el alma para huir de tu recuerdo. Y no es falta de interés o miedo a perderte, es que me acojona tenerte solo a medias. Ser nadie en una canción de cuna que hable de la luna y del arco de sus piernas. Ser el grito que desgarra tu garganta en medio de una sala que disfruta cuando tú te partes en dos el alma. O eso dices. Yo solo quería ser el sol de tus mañanas, la sonrisa a media luz que ilumina tu mirada, la complicidad que llena cualquier silencio eterno, una mirada enamorada un ayer que fue completo. Solo quería verte sonreír cuando estás desnudo frente a mí curando tus cicatrices con la sal de las lagrimas que vierto al escuchar tu historia. No quería ser la gata que abandona cuando faltas. Pero no me has dejado más opción, ya ves. Siempre tuve miedo a perder (te)
El 30 de marzo estaremos dando toda nuestra voz en la feria del libro de Trujillo. ¿Os animáis? Seguimos con 'y ni siquiera te conozco' y más cosas bonitas. Entre ellas Rosana. Una flor que me encontré en el jardín de la poesía con una voz espectacular. Allí nos vemos. Justo después: Ismael Serrano. No tenéis excusa, joder.
Sale de casa dando un portazo mientras en la televisión encendida sin sonido una mujer camina descalza sobre el fango con tres niños a la espalda. En la radio hablan de la cantidad de muertos en Bélgica por un ataque terrorista. Ella no ha escuchado nada, no ha entendido nada. Y sale corriendo enfadada, quizá porque no le dijeron lo que quería escuchar. Quizá sus vacaciones no sean lo que ella esperaba. No lo sé, pero no ha entendido nada. Mientras, la mujer lucha por no desfallecer en la búsqueda de una puerta abierta para sus retoños. Alguien con una pizca de humanidad en sus ojos. Unos zapatos. Si yo pudiera en este preciso instante darle mis zapatos... Si yo pudiera llevarle a cuestas uno de sus niños, si yo pudiera caminar unas millas para que ella descansara, si yo pudiera abrirle mi casa, ¡ay! Si yo pudiera. No lo dudaría. Y Bélgica... Si yo pudiera curarte las heridas, querida mía. Si yo pudiera... Pero será que no puedo. Que no me dejan. Pero me niego a cruzarme de brazos, dar portazos, no intentar ayudar desde aquí, ignorar al resto del mundo. Y, sobre todo, a no ser feliz con la sonrisa de un niño cuando tengo que salir obligada de mi casa por la mañana para ir a trabajar, no disfrutar con cada cordón de mis zapatillas, joder. Porque mañana queridos todos, mañana nadie nos va a asegurar que lo vayamos a tener. Que no nos va a tocar, o no nos vayan a cerrar todas las puertas a las que nuestras gargantas desgarradas de dolor quieran llamar. Y, por ellos, debemos luchar. Luchar para conseguir darles nuestros zapatos, aunque los de arriba no quieran. Apoyarles en la medida que nos sea posible. Y mientras, por ellos, no me jodáis y apreciad todo lo bueno que tenéis ahora. Dejad el egoísmo para otro momento en que el mundo no se esté hundiendo porque os necesita vivos, luchando, y con más ganas que nunca. Bélgica, Siria, os necesitan ahora. No giréis vuestras cabezas hacia otro lado. Gritad. Apoyad. Uníos. Y hagamos algo posible. Por ellos.
Nos han enseñado que el amor se busca. Se encuentra. Como quien busca una manzana en una frutería y encuentra esa que no tiene gusanos. La que parece que tiene más vitaminas. Y no. No es así. El amor es imperfecto. Hay que construirlo cada día. Plantar la semilla, regar el árbol, cuidarse de las plagas... para finalmente probar la manzana del pecado. Hay que construirlo día a día, beso a beso, caricia a caricia. Con palabras y con cariño. Supongo que se trata de encontrar a quien nos hace reír, llorar de alegría, disfrutar cada segundo y, a partir de ahí, cultivar una vida juntos. No quiero dejar de creer en la magia de haberte conocido, pero no quiero perder la ocasión de crear algo tan grande e inalcanzable para muchos como es el amor, a tu lado. Te quiero. Siempre tuya, siempre nuestros.
Ayer cometí el error de arrancar una flor porque me sentía sola y pensé que su belleza me alegraría. Al oír el crujir de su tallo sentí que se me rompía el corazón. Me la puse en un botón y caminé con ella. Al llegar a casa estaba mustia. Me puse muy triste. Había acabado con su vida y su libertad para intentar arrancarme de cuajo la soledad. Decidí ponerla en agua, a ver si acaso así. Y sí, ha decidido vivir. Y alegrarme los domingos. La saco al sol y parece que sonríe. Yo, que acabé con su vida, recibo de ella todo su esplendor. No sé si es un regalo, o el castigo de saber que pronto marchitará porque una flor debe estar ahí fuera, ondeando su melena al viento, bailando al son de sus compañeras. Aquí, en mi vaso, ella intenta regalarme su magia. Pero no, sin libertad y arena, mi flor se marchitará. Y esto es lo que siempre traté de explicarte cuando no entendías mi sed de libertad. Hoy, con la flor ahogada en mis buenas intenciones derramo lágrimas por haberte reprochado tus ansias de mí, pero sabiendo que era imposible sobrevivir.
He cambiado las sábanas cada día desde que te fuiste. He cambiado hasta de piel. Y no he conseguido sacar de mi recuerdo tu olor, el roce de tus manos, ni el frío de tu huida.
Y te atreves a preguntarme si quiero Versarte o Besarte. Que si con B o que si con V. Que si con la r en medio, o que si ya vale de tanto cuento. Allí, en mitad de todas las miradas, atentas a los rayos que salen de tus ojos al pasar, e impactan en los míos. Que yo quiero Versarte, joder. Y también Besarte, con B. Y hacerte dueño de todo mi Universo. Que la Luna y las estrellas solo conocen un firmamento. Que sí, que me tiro de cabeza a esa piscina sin agua que es el cosmos de tu vida. Que sé que mañana solo existes en mi recuerdo, pero hoy. Hoy, vida mía, vas a ser mi supernova.
Jueves, 3 de marzo. 20.30h Mastropiero Gastrobar y Jardín, Cáceres.
Con solo rozarme me rompiste el corazón. Y he salido a correr para huir de tu recuerdo. Me he duchado tres veces para sacar de mi piel tu olor. Me he bebido el alcohol de curar las heridas por dentro. He besado a la vida para olvidar todos tus abrazos tus besos mis manos en tu cuerpo. Tu piel, color tinta de tatuaje caducado. Tus besos, joder. Tus besos. Cómo me saco yo tus besos. Los de las tres de la mañana, las cuatro, las cinco, y media, los de las ocho, y el polvo de las nueve. Cómo coño me saco yo tus besos de esta vida miserable de este domingo sin sol de este recuerdo infinito de un momento tan fugaz como la estrella que lleva tu nombre. Tus besos, cómo me saco yo tus besos.
Por las despedidas en todos los andenes los domingos. Por las lágrimas de mi padre en la estación los domingos. Por volver al sitio donde hay que luchar sola los domingos. Por todas las camas vacías de ti los domingos. Por la maldita resaca los domingos. Por el 'hoy mejor no quedamos' (o, aún peor, el 'hoy no puedo quedarme') los domingos. Por todas las tardes sin cine los domingos. Por los paseos eternos de soledad los domingos. Por la locura de mi perro los domingos. Por el recuerdo de cada noche de sábado los domingos. Por todas las risas que se transforman en lágrimas los domingos. Porque te echo de menos cada vez más cuando te vas los domingos.
Y estas son las malditas razones por las que siempre odiaré los domingos. No me haréis cambiar de opinión.
Las únicas personas que merecen la pena son aquellas que, al marchar, te dejan una mirada distinta clavada en la retina.
La razón por la que nunca ordeno mi casa los sábados es por si acaso decido no dormir sola. Que quien quiera adentrarse en la selva conozca que dentro vive un león -como decía mi madre: vaya leonera habitas, hija- Pero hoy
hoy es distinto. He decidido poner guapa la cocina lavarle la cara al sofá poner las sábanas de fiesta y calibrar mi tocadiscos. He sacado el vinilo que siempre pongo los domingos por si decides quedarte, que parezca eterno.
Sigo esperándote.
Ojalá supiera secar las lágrimas que nunca te caen