- El amor. ¿Cómo amar sin poseer? ¿Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire? Amar es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida, ¿cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio?
- Si no hubiera pasado el tiempo, sentiría que me estás haciendo un reproche. Pero en realidad creo que estás asustado y si estás asustado es porque algo fuerte te está pasando. Casi siempre el error que cometemos, es pensar sólo lo que nos pasa a nosotros, nos parece tan importante eso que sentimos, que nada de lo del otro puede ser tan importante como eso que sentimos, y esa contradicción suele ser trágica.
- Si no hubiera pasado el tiempo, pensaría que estás siendo autocrítica.
- Es el error más común que cometemos todos, es querer que el otro sea como queremos que sea y no como es. Y cuando nos damos cuenta del error, a veces es demasiado tarde.
-El lado oscuro del corazón. ¿Cómo amar sin poseer?-
que parecen puros inviernos porque te acurrucas en mi espalda como si hoy nunca fuera a acabar. Como si mañana nunca tuvieras que marchar. Como si mis vértebras siempre te pudieran sujetar. Me encantan las noches de verano
porque te veo correr tras mi falda y bailamos un tango en el salón al ritmo de nuestros cuerpos. Me encantan las noches de verano
porque me atrapas en tu pecho y no me sueltas y consigo escaparme y corremos y reímos sin parar. Me encantan las noches de verano
que salimos a cenar y yo te agarro muy despacio y te susurro al oído que entre mi piel y el vestido no hay más que el aire y veo como se te encienden los ojos y acabamos en los baños de cualquier bar que nos acoge sólo por otra copa más. Me encantan las noches de verano
y el tequila helado en tu boca, la sal en tu ombligo y el limón en la mirada.
Me encantan las noches de verano
en que eres libre porque sabes que existe un final.
Lo peor era desatar las cuerdas
de la cama.
Lo peor,
deshacer cada maldito nudo
del corazón.
Lo peor,
borrar de mi memoria
tu pecho como almohada.
Lo peor,
no sentir tus manos
arrancándome la espalda.
Lo peor,
no tener miradas
que hurtasen momentos
en la calle de al lado
donde terminan los sueños.
Ni vecinos sordos
Ni promesas eternas.
No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe...
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y vertigue un inmenso horror por las injusticias. Una a la que no le guste para nada ver televisión.
Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente.
No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa.
El huracán Cleo, me decía siempre Darío.
¿Por qué Cleo? Preguntaba yo entre risas.
Pues de Cleopatra, la estratega por excelencia, me repetía una y otra vez cuando yo preguntaba. Estaba enamorada de los hoyuelos que se le marcaban a ambos lados al mirarme. Me hubiera quedado a vivir en ellos con sólo querer tocarme, pero no era posible. Yo siempre he vivido en una huída constante. Entonces, me preguntó:
-¿Qué siente el huracán, siente algo Cleo? Dime la verdad.
- ¿Que si siente algo? ¿Qué quieres decir?. Dije yo.
- El huracán va de un lado a otro sin un objetivo fijo pero arrasando todo a su paso, dejando sólo desolación cuando desaparece, dejando grandes huellas, dejando vidas a medias. Y yo me pregunto si acaso al huracán le importa, o está tan ocupado en llegar a ninguna parte que no se para ni un momento a pensar en los pobres habitantes del pequeño pueblo del Norte de Alaska donde habita el pequeño Timmy.
Me quedé perdida en sus palabras, congelada, inerte.
- ¿Sabes Dari? Le dije. El huracán está hecho de tormentas, va sin rumbo, arrollando todo lo que encuentra, pero de cada sitio por el que pasa se lleva algo, siempre se quedan cosas en su interior, que permanecerán eternamente dando vueltas en su borrasca. Sin embargo para los nefelibatas de los pueblos por donde pasa es un huracán más, aquello que pasó una vez, que nos destrozó o nos llenó de vida, pero ya está: no hay más. Una vez pasado, los habitantes vuelven a su rutina, a su normalidad, como si nada hubiera pasado, reconstruyen los desperfectos y de vez en cuando nombran aquello que pasó un día, pero es un vago recuerdo en unas mentes automatizadas. El huracán sin embargo, se quedará eternamente dando vueltas con su seno lleno de recuerdos que jamás olvidará, con la agonía de nunca llegar a ser tormenta y atracar en un sitio para siempre. La agonía de no poder olvidarte Dari. Pero yo siempre estaré ahí para ti, ¿lo sabes, verdad?
- Me cuesta creerlo Cleo, pero te llevaste una gran parte de mí, debes saberlo.
- Lo sé.
Le besé en los labios con la inocencia de un hermano y el sabor de un amante y me fui, me fui para siempre de nuevo, pero él ya lo sabía, él siempre lo supo desde el primer momento en que le conocí.
Por aquellos entonces, Shira y yo no éramos más que dos estudiantes en celo.
Ella era la razón y yo el corazón.
Juntas destruíamos amantes.
Era nuestro hobbie:
Elige el corazón y fusila la razón.
Era fácil.
El indomable latido del corazón marcaba un ritmo acelerado al que la razón le imponía paciencia, consciencia.
Ese linde que no existe entre mis piernas y tu compasión.
Shira era estudiante de arte,
yo asistía a la facultad de literatura
pero las facturas me impedían cursar ningún tipo de estudios,
así que comenzamos a vender nuestro cuerpo a la ciencia.
A cambio de veinte pesos cubanos posábamos durante horas delante de una sala llena de gente hastiada y muda que observaba hasta el último detalle de nuestra imperfección y lo inmortalizaba para siempre. Nunca quise ninguno de los dibujos de aquellos estudiantes, me resultaba insultante descubrirme ante los ojos de alguien que no me amaba. ¿Cómo podía alguien que nunca me había tocado atreverse a pintar mi piel? ¿Cómo podía alguien que nunca me había deseado atreverse a mostrar al mundo mi mirada a través de sus manos?
Fue entonces cuando conocí a Eduardo.
Eduardo era un chico italiano que no podía dejar de sonreír cada vez que mi figura tocaba su cuaderno en las infames manos de su pluma de principiante. Reía y reía sin cesar. Entonces, en medio de la clase de Dibujo del Natural I como lo llamaban ellos, o clase de coñitos al aíre como aclarábamos nosotras, me levanté y me fui.
Fue entonces cuando conocí a Eduardo.
Eduardo me siguió durante el pasillo estrecho que separaba la clase del lúgubre gimnasio que decoraba la escena final como una fotografía de Boudouir. Cuando yo ya no podía avanzar más, entré en los descuidados baños del infernal pabellón. En ese momento sentí que no estaba sola, comencé a temblar. Alguien me colocó contra la pared y sentí su aliento en mi espalda que aún seguía desnuda. Un olor. Eduardo. Eduardo siempre olía igual. Una colonia italiana. Nunca supe el nombre del perfume, como nunca sabré el de Eduardo. Puro veneno. Me ató unas cuerdas a las manos y me dijo con un susurro casi inaudible: Esto es un nudo mariposa, ¿quieres que siga? Nunca podré pintarte si no te puedo desear. Nunca podré desearte si no me puedes odiar.- . Fóllame, dije.
Y así fue como conocí a Eduardo y obtuve el retrato que tengo colgado en la sala de estar. Nunca llegó a pintar mi cuerpo, pero me quería desnuda, siempre desnuda y mientras pintaba me acariciaba el pelo para provocarme el orgasmo que trazó para siempre
en mi memoria.
Lo malo es echarte de menos .. los labios que nunca mordemos, lo bueno es saber que en tu ropa interior hay bolsas de caramelos.
Lo triste es que vivo en un túnel si no me sujeto a tu ropa, lo alegre es tu lengua al buscarme que en vez de saliva me trae amapolas.
Lo raro es que al irse tu pelo ya no cicatriza la almohada, normal es que cuando me miras la vida me da seis vueltas de campana.
Lo feo es la piel protestando pidiéndote todas las noches, lo bello es tu pecho de niña y el vaho abrazado al cristal de tu coche.
Lo fácil sería desquererse, pero ¿quién rebobina este cuento?, difícil mirarte a la cara mientras doy pedales contra tu recuerdo.
Tú eres un beso sin rumbo y yo un corazón sin respuesta, los dos nos quedamos sin pulso al rompernos la boca con tanta obediencia.
Y es que somos .. dos ángeles con sexo, el tiempo que ahora pierdo haciendo estas canciones es el tiempo que te debo. Dos ángeles con sexo, dos miedos paralelos .. mi boca esta clavada en el madero de tu cuello.
Lo malo es que siempre te he dado mucho más de lo que tenía, lo bueno es que dándote todo supe que te di lo que te merecías.
Lo triste es que no hay provisiones si estoy lejos de tus caderas, lo alegre es tocarte el culo en un bar sin que el resto se haya dado cuenta.
Lo raro es que a estas alturas ya quiero follarte hasta el alma, normal es querer conocer el millón de secretos que hay en tu espalda.
Lo feo es no ser insolentes como fueron Adán y Eva, lo bello es que anoche aprendí que el kilómetro cero está entre tus piernas.
Lo fácil un charco de babas cada vez que viene tu risa, difícil será olvidar el nombre de los bares donde tú respiras.
Amé por encima de todas las cosas, que es, permítanme que les diga, de la única forma en que se puede amar.
Yo viví en un cálido regazo del amor, protegido bajo su techo, comiendo de su misma mano, aprendiendo el fuego hasta verlo arder, hasta quemarnos. Compartí su sudor y ascendí en su alegría de peldaño en peldaño. Es decir: de dos en dos.
¿Sabéis qué? Yo tampoco creía en la magia hasta que la vi. A ella. Irradiándola, desprendiéndola, descontrolando el tiempo y cargándose con un gesto cualquier rutina impuesta, criando una primavera en cada estación.
Solo querría decirles eso. Decirles: yo tuve un reino y lo llamé hogar. Y fue tan inmenso como el más pequeño de los detalles. Una puta barbaridad. Así debía de ser mi cuento.
Sin embargo, escribo desde el dolor aquel en que solíamos gritar que todo acaba mal porque si no, no acabaría.
Así fue que todo se llenó de distancia y de sangre, todo se ensució de grietas y pudriéndo- se pasó como una enfermedad por delante nuestro, un olvido por encima de nosotros paseándose jodiéndonos, diciéndonos adiós, a dios reclamadle.
Estas son mis ruinas y esta es mi voz. Un paseo con vistas a los escombros. Si veis al amor por ahí, solo decidle que lo siento. Que el frío se ha hecho ciudad y yo, solo, he aprendido a quemarme. Que la poesía pague los destrozos y su recuerdo sea mi única migaja de calor. Esta es la historia de un derrumbamiento. El infierno hecho paisaje. Mi baile nupcial sobre el lodo. Un invierno sin sol.
Préstame tus manos que las mías se han cansado. Préstame tus días que los míos son robados. Préstame tu vida que la mía se ha gastado. Préstame tu risa que la mía ya no es mía. Préstame tus horas que las mías se han parado. Préstame tu locura que la mía ha confesado. Préstame un suspiro que los míos han llorado. Préstame un verso que los míos te han amado. Préstame una poesía que ésta me ha delatado.
Me encanta la facilidad con la que nos prometemos eternidades
que no compartiremos pero sí veremos juntos,
mano a mano,
codo con codo
y puede que (si me dejases) ombligo contra ombligo.
Creo que moriré de viejo
solo porque siempre quise morir joven y el karma me debe unas cuantas.
Moriré viejo y solo
pero ya le voy viendo sus puntos fuertes,
tu bailarás salsa con las demás abuelitas,
yo babearé un poco más que el primer día que te vi bailar
pero ahora con algunas arrugas de más y algún sentimiento de menos
y seguramente me pondré celoso del viejo verde de mi derecha que me dirá:
'Que buena está la de salsa, ¿Eh?'
Y con una mezcla de pena,
alegría y asintiendo
pensaré como decirle que te conozco mejor que nadie,
que a mi no me venga con esas,
que el no te ha visto despertar en su cama
y el no ha podido desear que duermas para siempre
solo para poder observarte una eternidad más.
'No me jodas viejo,
llevo aquí más años que tú y nunca sabrás lo que yo sé.
Nunca podrás tenerla en tus brazos,
acurrucada y con una mano en tu tatuaje,
sonriendo por cualquier cosa,
pero dejándome pensar que es por ti.
Y que con eso baste para que te sobre el mundo.'
Seremos viejecitos en el mismo parque
y yo seguiré con la broma de '¿Ya?' cuando digas 'Me voy'
'Si aun ni he empezado.'
Y puede que le tapes los oídos a tu pequeño para que no oiga mis burradas
y de paso restarle importancia a ese rosado de tus mejillas arrugadas
'Nunca cambiarás.'
Y sonreiré con una de esas sonrisas tristes de cientos de años queriendo lo mismo:
'¿Como voy a cambiar? Sigues existiendo.'
Llevas los ojos pintados de rayos de noche,
suave carita angelical desconsolada,
y un paracaídas raído en los labios.
La noche sigue rayándote la pintura de los ojos,
y tu sombra es más larga que el silencio.
Tus palabras son funambulistas ebrios,
y me cuentas que ya no sabes si debes contar o descontar los días,
o contar de dos en dos, o quitarle los domingos al calendario,
o arrancar el segundero de todos los relojes.
Yo te digo que los días son de barro,
y se moldean con las manos,
y te invito a rayar la pintura de la noche,
con las llaves de tus ojos.
Pero mis palabras...
son trapecistas sordos en el circo fantasma de las utopías
de este maestro de ceremonias desahuciado y cretino,
que solo buscaba un poco de cariño.
Y el barro de los días se va solidificando
por haber querido moldearlo con palabras,
y ya no queda vida,
y nos alejamos del abismo de los bares
mientras un rayo de luz,
le pinta los ojos a la noche.
Y nos alejamos el uno del otro aunque caminemos en la misma dirección,
como dos malabaristas mancos que quisieron impresionar al tiempo, y éste se les vino encima.
Y nos alejamos el uno del otro, para no tener razones para dejar de ser suicidas,
Lo más curioso del reloj de la iglesia de Santiago, es que no tiene dial, ni manillas, ni si quiera un pantalla digital. Puedes saber casi siempre la hora que es porque marca continuamente el tiempo. A las cuatro, a las cuatro y dos, a las y cuarto y a las menos cuarto, también los hace a y media y a en punto. Pero nunca puedes saber exactamente la hora que es, si no es cuando él quiere. Puedes orientarte por la caída del Sol, por la posición de las cigüeñas al atardecer o por alguien que pasa por al lado y mira su reloj, pero nunca podrás saberlo con exactitud si se trata de él. Nunca podrás saber a qué hora quiere que llegues o que alces tu mirada. Sabrás cuando amanece y cuando anochece, sabrás las horas en punto, las y cuarto, las menos cuarto. Pero sólo si él quiere. Corre de tu cuenta dejar que sea el reloj quien maneje tu vida o ponerle unas manillas. Yo he aprovechado los rayitos de Sol que entran por mi ventana y he dibujado una sonrisa con una nariz que va dando vueltas al ritmo de Lorenzo.
Ahora mi tiempo depende del Sol,sí, pero al menos, no depende de ese maldito reloj.
Creo que fue ayer
cuando te marchaste.
Se me olvidó
olvidarte.
¿Dónde coño está el amor?
El de verdad.
El que no traiciona.
El del "para siempre".
El de "sin límites".
El amor libre.
Nos creemos libres
cuando amamos poco,
amamos a medias
cuando somos presos del miedo
que nos empuja a un precipicio
lleno de cadáveres,
muertes de amor inusuales
y normales
a partes iguales.
Te burlas de la anarquía
de mi amor libre,
excesivo,
dices,
demasiada pasión.
¿Pero qué es el amor
si no ?
¿Y dónde se ha metido
ese maldito cabrón?
Quizá eras tú, el que se fue esta mañana por mi balcón.
Desde que ya no estás
me da por fumar,
por empaparme
de todo eso que no eres tú
(libros, café y alcohol a partes iguales).
Sexo.
Mucho sexo.
Lloro en los conciertos
cuando te pronuncian sin nombrarte
y salgo de la mano de un hombre
que no eres tú.
Canto a voz en grito
a las cuerdas de la guitarra
de un auténtico desconocido.
Lloro.
Desde que ya no estás
duermo con un perro.
Sexo.
Mucho sexo.
No más que cuando estabas tú,
eso era tema a parte
una melodía, la quinta sinfonía,
sonando a todas horas.
No había remedio.
Como esas cosas
que no puedes parar de tocar
como esas canciones
que no puedes parar de cantar
como ponerse en pie al final de un concierto
cuando te invaden todos los sentidos.
Así era
porque siempre fue
nuestro.
Solo nuestro.
Ahora no hay menos,
pero es peor
porque no es contigo.
Siempre que termino
miro al espejo
como si fueras tú
el que está ahí detrás.
Como si pudieras tocarme,
como si pudieras amarme,
y mientras,
sientes como se clava.
Como cada trocito
de cristal pequeño
se clava
en cada uno de tus órganos
y te raja de arriba abajo.
De arriba
abajo.
Siempre
he imaginado el corazón
como un diamante.
Un diamante de color rojo.
Al principio fue carbón,
hasta que lo encontraste.
Imposible de rayar,
la tenacidad del diamante
nunca fue su fuerte:
podría romperse
con cualquier martillo
de tres al cuarto.
O por un despiste,
como el tuyo.
Sin embargo,
el diamante,
fiel resistente
por su dureza
es capaz de resistir
y resistir
hasta llegarse a romper.
De todos los diamantes
tuve que escoger el rojo.
De todos los corazones
tuviste que escoger el mío.
¿Es bello verdad?
Nunca quisiste verlo.
Siempre decías que
aquello imposible
de obtener
era mejor desconocer.
Días y días hablando sobre lo mismo y no llegamos a nada en claro: El amor. Mi séquito de hadas y yo, hemos estado divagando sobre cómo llega, cómo se va y lo peor... cómo se queda. Ésto último no lo tenemos muy claro, pero creemos que si se va a quedar, como mínimo tiene que aprender a volar, y es que como dijo H, en la película de "El lado oscuro del corazón":
"No les perdono bajo ningún concepto que no sepan volar. Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo".
Y así es, nos pasamos la vida buscando ese algo, relacionándonos con personas que no lo tienen y dañando nuestro pequeño miembro bombeador. ¿Para qué? Para nada. Para caminar descalzos entre llamas ardiendo y aprender a no quemarnos y para un día estar tan cansados, que ya no tengamos fuerzas de buscar nada más y, para cuando eso ocurra, justo en el instante inmediatamente anterior, cuando las llamas más queman, cuando ni si quiera puedes mantenerte, aparezca alguien, ese alguien por quien aguantarías las llamas un rato más, -sólo un poco más- te dices. Hay quien intenta convencerte de que el sufrimiento de esas piedras ardiendo es algo psicológico, que si logras deshacerte de esa parte mental de sufrimiento desaparecerá, y podrás quedarte allí de pie, mirando a esa persona, que no sabes lo que tiene, pero que es algo especial. Y ahí te quedas, mirando como un pasmarote sufriendo, de cansancio, de dolor, pero mirando, por si acaso. Y esa persona te coge de la mano y te enseña a caminar por el fuego, sientes que no te quemas mientras tus pies se deshacen lentamente, pero caminas, es el amor, que te deshace de todo sufrimiento. Tú caminas en llamas mientras la otra persona rodea pausadamente (pero de tu mano) la tabla con las piedras ardiendo, te hace creer capaz de todo, podrías arrodillarte y hasta besar el fuego sin tan si quiera quemarte, o eso es lo que crees.
Y yo me pregunto, ¿qué es todo esto? Hasta dónde piensas llegar. Sal ya de ahí maldito imbécil. ¿No ves que te estás quemando? ¿No ves qué vas a perder lo más preciado que tienes? Tu capacidad de andar por ti mismo, tu libertad. La perderás si sigues caminando por las brasas. Y te aseguro que lo que no quieres es que esa persona que te agarra la mano mientras caminas sobre algo ardiendo sea la que guíe tus pasos de ciego, tu silla de ruedas, tu cama enclaustrada, no será la persona que quieras que te mire mientras mueres, no querrás porque no quieres morir, maldito imbécil. Baja ya de ahí antes de que sea tarde. Y tú: no bajas, no bajas porque crees que descender ese escalón sería perder por completo la esperanza y no estás dispuesto a ello. Tú quieres amar, sabes que eres capaz de amar y de aguantar todo lo que sea necesario, además, él/ella va de tu mano mientras sufres, no hay prueba de amor mejor. Así que, como has decidido no escucharme, yo cojo mis cosas y mis pies quemados de esperar y de explicarte y me voy, me voy porque aún puedo caminar, aún puedo hacer mi camino hacia a libertad, aún puedo respirar el aire no contaminado por el carbono del las brasas, aún puedo ser libre, sentirme libre.
"Juventud divino tesoro". Todo en mí es libertad, respiro.
Y puedo volar, sé que puedo porque tengo alas. Se me han quemado un poco, pero muevo un poco los hombros y aparecen de nuevo. Y es que, mi amor, para mí el amor... No trata de nuestra capacidad para aguantar el sufrimiento (propio y ajeno), se trata de volar, volar muy lejos. Volar a un mundo ideal, volar por encima de los coches y de las personas, volar por encima de las llamas ardiendo, ser un peso ligero, al que el calor no le atrapa. Un alma libre, ya te lo dije un día :
Querido amor, Estoy harta. Llegas, lo llenas todo y te vas. ¿Qué clase de crueldad la tuya que deja corazones hambrientos?. ¿Qué clase de crueldad la tuya que al conocerte no puede alguien, amor, conformarse con un poco menos de ti?. Querido amor, estoy harta. ¿A qué has venido?, ¿a dejar de nuevo un corazón desvalido?, ¿a llevarte mi alma, amor?. ¿A qué has venido?, ¿a que pase las horas temblando?. ¿A qué has venido?, ¿a dejarme tu sabor para luego marcharte?. Sabor amargo, amor.
Te dije que no volvieras. Te fuiste, y repetí - no quiero volver a verte nunca más-. Y aquí estás de nuevo, inundando todo con tu aroma, llenando huecos con tu pasión, dejando huesos con hambre. Hambre sólo de ti, amor. ¿A qué has venido? ¿A verme sufrir? ¿O acaso has venido a quedarte?. Te dije que no volvieras, y has decidido no dejarme. No quiero soledad si estás conmigo. No quiero dependencia si estoy contigo. Ya no sé usarte amor, no sé si debo alimentarte o si acaso me devorarás sin darte cuenta, amor. No sé si debo acariciarte, o besarte. Quizá debiera lastimarte amor, por todas las veces que te has ido. ¿Por qué has vuelto conmigo? Ahora que conmigo era mi nombre favorito. Ahora que conmigo era mi compañía preferida. Ahora que conmigo era estar a solas contigo, amor. ¿Qué quieres de mí?, ¿a qué has venido?.
- ¿Sabías que hace castillos de Naipes?.
- Pero... Castillos de Naipes los hace cualquiera.
- No podrán hacerlos igual.
- ¿Qué tiene de especial?
- Su forma.
- Pero... Los castillos de Naipes se derrumban cuando hace viento, se mojan y deshacen si viene una tormenta. Cuando tenga miedo y le tiemblen las manos, todo se derrumbará a su alrededor, ¿qué harás entonces cuando ya no pueda volver a empezar?
- Comprará otra baraja y volverá a empezar. Ella siempre vuelve a empezar. Y si el viento sopla fuerte yo me pondré delante, si la lluvia deshace las cartas yo consolaré su angustia, si el miedo le impide hacer su trabajo, yo le daré mis manos.
- No lo entiendo. No sé qué tiene de especial.
- ¿Es que no te has dado cuenta aún? Ella hace castillos de Naipes.
Soy obstinada, terca, cabezota o como lo quieras llamar. Antepongo mi futuro a tu presente y siempre lo haré. Camino con seguridad a pesar de que mis piernas se tambaleen al verte. Tengo unos principios tan fuertes que cuestiono y cuestionaré continuamente nuestra forma de estar en el mundo. He crecido en un espacio muy grande, no te dejaré invadirlo. Libertad, es lo que me enseñaron desde que mis ojos conocieron por vez primera el amor verdadero, el de un hermano. No querré ser tu propiedad ni que tú seas la mía, lo que te confundirá tanto que creerás que no soy para ti, creerás que no quiero estar contigo. Es esta maldita sociedad. Yo quiero pasar el resto de mi hoy contigo, el ayer no lo tengo y el mañana no existe, pero quiero pasar entero mi hoy contigo, es lo máximo que tengo, no te daré más, nunca doy lo que no es mío. Aún así, necesitaré certeza, saber que estás en mi presente, si no la tengo saldré corriendo sin mirar atrás. Tengo miedo, mucho miedo. No hay nada más peligroso que un animal herido y yo aún sigo lamiendo mis heridas, tendrás que soportarlo. Y tendrás que soportarlo porque te escribiré una carta cada noche sin que tú lo sepas, las guardaré y algún día te escribiré un libro, el de nuestros recuerdos, habrá resquicios de una botella pegados (la primera que nos bebimos juntos), una foto o el ticket de entrada aquel museo en el que nos colamos porque robar la mirada al arte era una forma de declarar que aún sigue vivo. El libro tendrá una lágrima, la primera que derramé contigo cuando me desnudaste sin quitarme ni una sola prenda de ropa, cuando me abrazaste y al apretar me di cuenta de que mi herida ya no sangraba más. Tendrá impreso el primer enfado, con caras de esas que ahora mandamos. Tendrá también el primer viaje, o el primer beso, pero ese lo tendrás que recordar, porque el libro siempre estará vivo. Tendrá la primera flor que me regalaste o las largas esperas en el portal y tu mirada ensimismada al verme bajar. Tendrá nuestro primer accidente, nuestra primera preocupación. Tendrá tu sonrisa, que es el único alimento de mi amor. Tendrá tu delicadeza y mi pasión, mis arañazos y tu sabor, tendrá las carreras hasta la Luna y las patadas al Sol, los apuntes descuidados o las miradas perdidas, tendrá los miedos, las dudas y los versos. Porque ese libro, tendrá
Si somos lo que comemos
y yo me alimento de ti,
¿me estaré convirtiendo entonces
en un pedazo de tu Ser?
¿te estarás convirtiendo tú
en un fragmento de mí?
¿Qué serás?
¿Qué quieres ser?
Verso, poema o cuento.
Si quisieras, tal vez,
ser un verso,
que sea un verso libre.
Si quisieras, quizá,
ser un poema
que sea el poema que rime
conmigo.
Si quisieras ser cuento,
que seas el cuento que nunca termine.
veces
que te revienta el corazón de sólo escucharle.
Hubiera pagado un millón
por poder grabar el latido
de mi corazón
aquella noche
sobre su pecho.
Hubiera pagado un millón
de los grandes
por tenerle en mi vida para siempre
esa noche.
Como un reloj
que marca imparable
los segundos de mi día,
se me escapan los te quiero por la boca
y no los paro,
no son segundos, son esa medida del tiempo que no conocemos
la que hace eternas las palabras que nunca dije
en tu memoria.
Son los latidos
del exilio de los versos de un poeta.
Desesperación eterna,
cuerpos infinitos entrelazados
en palabras nunca dichas
que hechizan.
Mi redención,
cárcel de alma libre donde despliegan mis alas
en tu vuelo.
Lágrimas del diablo
cuando me encuentra en tu cielo,
en ti,
entre tus brazos,
dentro,
muy dentro
de mi.
No hablemos del futuro.
Silencio.
El futuro
esa cáscara fina que envuelve tus labios cuando me besas
y tú no estás.
El futuro
eso que más que magia es un desierto,
dónde sólo tengo sed.
Hambre de ti.
Me preguntas por qué no te envié una invitación.
No es que no quisiera que vinieras, es que de ti era de la única persona que no podría haber soportado un no por respuesta. Aquél día, para mí, era más importante que cualquier otro en la vida de un hombre. Pero según me habían enseñado, esto nunca debiera ocurrir así. Mis hermanos no me acompañaron y mis padres me miraban desde el cielo. Sólo podría tener a alguien a mi lado ese día, a mi gran amiga : la soledad. Últimamente es la única que no me hace daño, nunca falla, nunca dice una sola palabra de más.
Volviendo a sobre por qué no te invité aquel día, supongo que nunca supiste aquello:
Había estado soñando con el día de mi reconocimiento como escritor desde que por primera vez mi madre me dejó tocar las páginas de un libro. Desde aquel momento, supe que algún día lo conseguiría.
Y allí estaba yo, rodeado de personas de un falso gesto amable que se clavaba en mis entrañas, desconocidos, verdugos que clamaban al cielo mi destino, sin ti.
Y tú, sólo preguntas por qué no te mandé una invitación.
Quise convencerme de que para mí ese día, nunca tuvo que ser importante. El día más importante de mi vida.
martes, 22 de abril de 2014
El dinero se acabará. La belleza envejecerá. La inteligencia menguará.
Procúrate, por tanto, una persona que te hable con la mirada y te toque con el corazón. Una persona que te cure con su dulzura, magia para tu vida ya gastada. Procúrate, por tanto, una persona que cuando todo se acabe esté siempre a tu lado dispuesta a volver a empezar. Una persona que logre quitarse las cadenas que lo atan para permanecer siempre a tu lado allá donde tú estés. Procúrate, por tanto, una persona rica en amor y entrega, bella en alma y con una inteligencia tal que le permita descubrir que tú eres su para siempre.
la foto de fondo
de mi escritorio,
(en la que bailabas
conmigo
aquella noche
que fue un sueño),
por la de una rubia
con los labios rojos,
Marilyn
Nunca te gustó.
Tú siempre fuiste más
de Audrey Hepburn,
y yo siempre tuve mucho
de niña
que se levanta la falda
por un caramelo.
En esta foto,
la chica lee.
Ya te advirtieron un día
que las chicas que leen
nunca fueron buena compañía.
Aún así,
tú
me invitaste al baile,
al de tu vida.
Eso más que un baile
fue una noche loca.
Pero en la locura
me encuentro,
muy bien.
Poco después,
te pedí que subieras al barco,
al de mis zapatos.
Dijiste que no,
que ellos estaban muy altos y
tú
muy cansado.
Ahora,
he cambiado.
La foto de mi escritorio,
por una rubia imponente,
yo,
hace tan sólo unos años.
Camino por las escaleras interminables del metro de Bilbao. Aparentemente estoy erguida. Situada en el lado izquierdo de las escaleras por si alguien quiere pasar. En realidad voy de rodillas, arrastrada por el suelo recogiendo los pedazos de alma que has decidido dejar. Ahí está, desparramada, pisoteada, mi alma manchada, herida, diáfana, ocupa gran parte del suelo y siento como la gente la pisa al caminar. ¡No! ¡No, por favor! Grito a voz callada. ¡No la piséis por favor! Y la sigo recogiendo. Aparentemente sigo erguida, qué más da. La pisan, se ríen, continúan. Consigo hacerme con un trozo y de esta manera no rompo a llorar. Bien, lo he conseguido. Limpio los trozos que quedan y me quedo a solas con ella sin más, llorando su pérdida, qué más da. Hay ciudades que nunca necesitaron alma y esto sólo es una capital .
Tengo miedo. Pues claro que tengo miedo, ¡estoy acojonada!
Pienso en ti, y en mí. En esto, que es nuestro.
Y me paralizo.
Parálisis total.
Física y cerebral.
Del 80%, el resto lo uso para seguir pensando en ti, y en qué vendrá.
Mis amigos dicen que me brillan los ojos cuando te menciono, me piden que no sea fría, tan fría como lo he sido estos últimos años. Que no sea dura, ni egoísta, que haga un hueco en mi vida. Pero tengo miedo Chris, tengo mucho miedo. Miedo a que no estés, miedo a que te vayas... o mucho peor.. miedo a que te quedes y no seas lo que pareces, miedo a él, y a lo que fue, miedo a repetir el miedo. Miedo a la ceguera de cuando quieres demasiado, miedo a quererte y que quieras atarme, miedo a no poder marchar, miedo a temer tus manos, o peor.. miedo a temer tus palabras. Miedo a no ver si eres malvado, miedo...
No tengo miedo de ti, ni de mí.
Tengo miedo de él. Y de que exista en el mundo alguien igual, y que me muerda el cuello, y succione mi vida y mi sangre y me deje sin alma. Miedo a no ser. Tengo miedo.
Ahora que todo va tan bien, que soy una, yo, por mí, entera. Que la zorra de la vida me sonríe y hasta me guiña un ojo cada vez que la miro desafiante. Ahora que no tengo miedo a nada, ahora que no hay nada que perder. Ahora que sale el Sol y cuando se va, viene algo mejor... el arcoiris. Ahora que todo es magia, yo sigo teniendo miedo.
Miedo porque estás tan cerca como tan lejos. Y para eso, hay pocos remedios.
Hoy vengo a hablarte de amor.
Del que dibuja redonda la luna.
El amor.
El que empuja con patadas al sol.
Vengo a hablarte del amor
que te enciende la sonrisa
El amor
el que te enciende la pasión.
Vengo a hablarte del amor
que no se olvida.
Del amor
que no huye,
del amor
que no se niega.
Hoy vengo a hablarte del amor
del que están hechas las noches
y los amaneceres.
Del que están hechas las flores,
del que huele a primavera.
Hoy vengo a hablarte del amor.
Del que tiñe tu mirada,
del que sonrosa tus mejillas
y la vida.
Hoy vengo a hablarte de la mariposa
que rompe la crisálida,
emerge en tus entrañas,
revolotea
y te atrapa.
Hoy vengo a hablarte del amor
del que están hechos los sonidos
de un timbre que anuncia una carta.
Del amor,
del que están hechas las caricias
furtivas
al atardecer.
Los besos robados
las gargantas rotas
con todos los te quieros
que se asomaron a tu boca.
Vengo a hablarte de las sonrisas
de los por qués
de las mañanas con sabor a café.
Hoy vengo a hablarte del amor
del que están hechos los cerezos
y las mañanas en flor.
Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas. A no ser que salga espontáneamente de tu corazón y de tu mente y de tu boca y de tus tripas, no lo hagas. Si tienes que sentarte durante horas con la mirada fija en la pantalla del ordenador ó clavado en tu máquina de escribir buscando las palabras, no lo hagas. Si lo haces por dinero o fama, no lo hagas. Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas. Si tienes que sentarte y reescribirlo una y otra vez, no lo hagas. Si te cansa sólo pensar en hacerlo, no lo hagas. Si estás intentando escribir como cualquier otro, olvídalo.
Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente. Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.
Si primero tienes que leerlo a tu esposa ó a tu novia ó a tu novio ó a tus padres ó a cualquiera, no estás preparado.
No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores, no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio. Las bibliotecas del mundo bostezan hasta dormirse con esa gente. No seas uno de ellos. No lo hagas. A no ser que salga de tu alma como un cohete, a no ser que quedarte quieto pudiera llevarte a la locura, al suicidio o al asesinato, no lo hagas. A no ser que el sol dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas. Cuando sea verdaderamente el momento, y si has sido elegido, sucederá por sí solo y seguirá sucediendo hasta que mueras ó hasta que muera en ti. No hay otro camino. Y nunca lo hubo.