sábado, 4 de abril de 2015

Summertime

Mientras el vinilo da vueltas en el viejo toca discos, miro su boca. Si quisiera intentar besarle tendría que ponerme de puntillas o subirme al escalón que conecta la cocina con el patio donde duerme tranquilo el gato. Es demasiado difícil. Él siempre es demasiado difícil, inalcanzable. Él siempre es demasiado. Su tez blanca rompe por completo sus facciones de tipo duro. Si ahora mismo tuviese narices, le cogería del culo y no dejaría que se fuera nunca más. Bailaríamos lento y a contratiempo. Cuando me quiero dar cuenta estamos bailando lento y el tiempo juega a nuestro favor, agacha su cabeza mirándome a los ojos mientras me susurra algo que no entiendo, pero me permite que le ataque a mordiscos. Sus labios carnosos se intercalan con los míos y de fondo suena la increíble Ella Fitzgerald, me gustaría tener su voz, aunque ahora lo único que me pertenece e importa es su boca. No quiero que acabe nunca.


Intranerso.



Estabas loca. Esa locura contagiosa, agradable al principio, y que nunca sabes por dónde te va a llevar. Yo ya intuía que eras una chica tóxica, pero te ponías a hablarme de Sabina y de Louis C.K. y de Palahniuk y del Cinque Terre y me dabas besos en la nariz después de reírte y Madrid entera te hubiera follado.
Y ahí terminamos, en mi cama. Aunque antes habíamos terminado en aquel portal que olía a recién pintado. Y es que estaba recién pintado. Desde esa noche tengo el corazón un poco más roto y unos vaqueros llenos de pintura blanca.
A veces buscamos sentir más de lo que deberíamos.
Pero espero no aprender jamás esta lección.


-Carlos Miguel Cortés. Intranerso-

martes, 31 de marzo de 2015

No sé cómo lo haces.





No sé cómo lo haces, eso que haces de convertir una siesta en una fiesta, un despertar en ceremonia de ternuras, y una tarde de domingo en un picnic sin hormigas.
No sé cómo lo haces, eso que le haces al tiempo para que pierda la gomina, estire las horas y baile en las agendas, mientras bailas sobre mí tu danza de sirena.
No sé cómo lo haces, eso que me hace creer otra vez en los milagros, y rezar desafiante entre tus piernas a un dios que luce esa sonrisa promisoria y satisfecha.
No sé cómo lo haces, eso que haces al acariciar la noche porque la noche es gata, y estirarte de modo que conviertes un bostezo en el pasado de un gemido.
No sé cómo lo haces eso que nos haces, cuando desnuda me sonrojan tus piropos, te enroscas como una hiedra tierna, echas a la lavadora mis corazas, o fabricas mermeladas con tus penas.
No sé cómo lo haces, eso que haces.
Pero no dejes de hacerlo nunca.

-Adaptación del texto de Carlos Salem-

lunes, 30 de marzo de 2015



No se mide el valor de alguien por sus ropas o por los bienes que posee, su verdadero valor es su carácter, sus ideas y la nobleza de sus ideales.

~Charles Chaplin~

Mi lado favorito de la cama
eres Tú.


~Zahara~






¿Te he dicho ya que me encanta
S?

martes, 24 de marzo de 2015



Lléname de ti.

De esta fragancia

que es locura.

De esta inmensidad

que es solo tuya.


Lléname de ti.


Haz que bailen

los enanos en este circo loco

de mi cabeza

y sonríe a la ignorancia

de mis versos,

mientras

te miro eterna en un sueño.

El co-razón.




Pon la mano aquí, 
justo en el lado izquierdo.

¿Sientes cómo lates? 

He perdido las razones,
tienes tú el co-razón.

miércoles, 18 de marzo de 2015



Claro que ya me había terminado el café. Pero reconocerlo hubiera hecho que aquella conversación terminase, quién sabe si para siempre. Y últimamente me había dado por aferrarme a los momentos. Volví a poner la taza en el plato correspondiente, y a sorbos bebí la mezcla fría desde hacía ya varias horas. Mereció la pena el mal trago.

martes, 17 de marzo de 2015

Lo que yo quisiera de ti.





Todo lo que yo quisiera de ti son esas cosas cotidianas,
el olor de tu cuerpo,
saber lo que piensas de cualquier cosa,
de ti, de mi, de nuestro entorno.
Que mires más allá
de mi apariencia física,
que me recuerdes con pasión,
y que el placer que juntos
inventamos sea otro signo de libertad.



-Julio Cortázar-

Posiblemente me quisiera.



Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo,
pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme.

-Mario Benedetti-


domingo, 15 de marzo de 2015



Hay quien nunca me amó más allá de mi escote y quien lo hizo mucho más allá de mi mirada. 
Mi error fue amar a todos por igual.










Lleva el sufrimiento tallado a fuego en la mirada y en sus curvas se moldea mi angustia.

Solo por él.



Llega un momento en que las tardes de domingo se dibujan sobre la arena mojada bajo tus pies durante un largo paseo en la playa, agarrada de su mano. Hablando de nada, de todo, de que ni sí, ni no. De que nada importa demasiado, de que todo importa lo suficiente. Llega un momento en que tu mejor amigo te dice: -es hora de que tengas a alguien siempre a tu lado- y tú, por primera vez respondes, -pues sí, ya es hora-, y sonríes. Llega un momento en que las llamadas a deshoras son apropiadas y los momentos de desquicio tolerables. Que comienzas a pasear muy despacio por la vida y te das cuenta de que como alguien una vez dijo: "la vida es un paseo y es mejor hacerlo en compañía". Que las noches son como una larga cola de espera en el cine que no quieres pasar a solas ni aunque tengas palomitas. Que tu cama de noventa centímetros se ha vuelto un desierto sin fin cuando él no está a tu lado. Llega ese momento, en que desistes de la lucha interna por una pasión y te abandonas al amor, al amor del bueno, al que te abraza en los malos momentos y tira piedras a tu ventana un domingo, con un chocolate caliente quemándole las manos mientras tú sonríes ante una muestra de romanticismo que nunca pasará de moda. En los buenos momentos, él, simplemente sonríe de verte tan brillante. Llega un momento, en que simplemente te abandonas a eso que siempre has esperado. Y te conviertes en alguien feliz, que sonríe y lucha en cada instante, no por nada, solo por él.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Ovidarte.

Descubrí que para olvidarte no necesitaba veintiún días, ni remedios caseros contra el mal de amor. Descubrí que no necesitaba engancharme de alguien que atenuase mi dolor. Ni si quiera debía crecer mi alter ego o cosas de esas raras que contaban mis libros preferidos. Recordé aquella escena de mi película favorita en la que ella preguntaba -¿cuándo volveré a reír?- Y su fiel amiga respondía -cuando algo tenga verdaderamente gracia-. Y así fue. Me enamoré en el momento en que algo merecía realmente la pena… y la vida. En aquel momento en que alguien me sonrió en la distancia sin importar nada más. En el momento en que alguien me amó algo más que tú. Cosa que, al tiempo descubrí, no era muy difícil.

martes, 3 de marzo de 2015

Pesadilla

Me desperté esta mañana y creí 
que todo había sido una pesadilla.
No había dolor 

por tu pérdida.
Nunca te habías ido.
Ni siquiera sabía donde estaba
hasta que su mano 
rozó mi brazo y
fue tan intenso el dolor
de saber que no eras tú
que desperté de cualquier sueño
que pudiera algún día llegar a tener.

lunes, 2 de marzo de 2015





"Y cayeron temblando de sus pestañas a la yerba del suelo dos huideras lágrimas en que también, como en rocío, se bañó temblorosa la lumbre de la luna llena".



-Miguel de Unamuno (San Manuel Bueno, mártir).-

El amor.

En la misma ciudad, una chica ama de menos y otra lo hace de más. Solo unos metros más allá hay un chico que ama de más. Y cientos de kilómetros más allá, otro chico no sabe cómo ni cuándo amar.

sábado, 28 de febrero de 2015

Un día raro.

Es difícil hablar del dolor. Del sentimiento de frustración. Es difícil hablar de la desesperación. Más difícil aún es levantarte un buen día y no saber qué es lo que te pasa. Hoy tengo un día raro, te dices. Pasan los meses y el dolor físico es tan profundo que no se puede explicar. Un buen día, tu cuerpo repentinamente se para y los médicos se ciñen a preguntar si tienes problemas personales, te dan un zumo o como mucho una pastilla que creo recordar se llama Orfidal. Consiguen que estés como ellos, dormidos. Pasan los meses y te percatas de que esa dosis sublingual no fue nada más que miedo a lo desconocido, lo raro. No quieres creer que sea ignorancia. Simplemente es raro. Por fin alguien te da una posible explicación a que tu cuerpo haya decidido no moverse más, que tus músculos hayan decidido atrofiarse, no pertenecerte nunca más o por un tiempo. Rezas para convencerte de que sea solo por un tiempo, ni si quiera sabes cuánto puede durar. Cuánto daño emocional pretende hacerte tu cuerpo rebelde que ha dejado de funcionar. No lo sabes y tampoco te resuelven la duda, quizá ellos ni si quiera lo conozcan. No puedes levantarte. No puedes caminar. No sabes qué es. Hay días en que te levantas y el dolor no te deja si quiera pensar. Pero no te puede vencer. No, a ti, no. Te da por preguntar al gigante, Google. Y se te abre un mundo desconocido, raro. Tecleas un conjunto de síntomas y palabras raras que te han dicho como posible diagnóstico y ahí lo tienes: artículo de wikipedia sobre las enfermedades raras, aquellas que afectan a una de cada dos mil personas en España. ¿Pero qué es esto?, te preguntas. No puede ser. Comienzas a leer. Descubres un blog: 'vivirconmiopatia.blogspot.com'; Cristina cuenta que lleva ocho años sin poder caminar más de cincuenta metros seguidos y que, por fin, un médico ha decidido saber qué le pasa. A Cristina le han dicho durante ocho malditos años que es hipocondríaca, que sufre de estrés y que quiere llamar la atención. A Cristina, seguramente le hayan puesto un Orfidal sublingual, igual que a ti. A Cristina, seguramente le hayan hablado de problemas personales, como un día te hicieron a ti. Pero tú has tenido más suerte. Aquel médico que te vio llorar ante la impotencia de no poder levantarte del suelo, decidió estudiar la posibilidad de una rareza en ti, una condición diferente, algo que te hace único... e incurable.
Pasan los meses y no hay mejora, no hay diagnóstico. Aunque se enciende una luz al tener acceso a una prueba que podría dar pistas de lo que te pasa, o quizá no. Ni si quiera sabes si quieres que esa prueba te dé pistas. Ahora te estoy hablando del miedo, el miedo a lo desconocido, a lo que no se ve, a lo incurable, el miedo al propio miedo. Por fin tienes cita, después tardarán meses en darte el resultado pero mientras tanto tú has decidido vivir. No queda otra, moverte poco pero sacar tu sonrisa al sol. Hay días en que tienes que usar unas ruedas como sustitución a tus funciones motoras, pero no importa, eso no es lo importante. Lo peor viene cuando alguien se acerca y te pregunta: pero… ¿qué te ha pasado? Ahí de nuevo sufres el shock. Porque no tienes respuesta, no la hay. Nadie la tiene, al menos por el momento, desde hace ya solo tres meses. Siempre recuerdas a Cristina y piensas que tres meses no es nada. Pero sí lo son, con sus días y con sus noches, dolores y frustraciones.
Probablemente (quiero pensar) que mi enfermedad sea algo temporal. No me importa si mi rareza no tiene explicación, si ha sido una inflamación muscular provocada por una respuesta autoinmune. Probablemente todo acabe dentro de unos meses como un mal sueño. Pero puede que no. Puede que como Blanca de la Cruz o Cristina, luche durante años por un diagnóstico. Y que durante años pregunten qué es lo que me pasa y que nadie tenga la respuesta. A pesar de ser una apasionada de las letras, no tengo la facultad de poder describir todo ese proceso de rechazo ante una enfermedad poco común, la desesperación, el miedo, la incomprensión. En todo este tiempo he leído mucho sobre estas enfermedades y todos los casos tienen un denominador común: el afán de superación, las ganas de vivir y la lucha continua por ser escuchados, por ser visibles.
Hace justo un año, yo misma, publicaba un artículo que nada tenía que ver con un día raro. Hablaba de una joven nacida en una generación de genios, La Genieración. Que se alegraba de poder viajar e ir de un lado para otro y de poder estudiar en un millón de sitios. Daba gracias a la vida, sin ser consciente de que esa vida un año después podría no estar. Esto, me ha pasado a mí. Pero te puede pasar a ti.

Hazte un favor. Hazlas visibles.



viernes, 27 de febrero de 2015

De barcos de rescate que nunca llegaron a buen puerto.

Cuando todo pase y tu sonrisa llame a mi puerta, no esperes una de vuelta. Quien no supo bailar durante la tormenta no puede esperar que el sol vaya a secarle su ropa mojada. No este sol, al menos. No esperes que mis manos recorran tu vientre hasta llegar a tu deseo, no esperes que mi boca recorra los lunares de tu espalda porque esa ruta ya se habrá borrado de mi memoria. Para cuando todo esto pase, no esperes que mi fuerza recoja tu desesperación porque si algo habré aprendido es que de nada sirve nadar a contracorriente o remar entre tus mares revueltos si llegado el momento de ahogarse no hay ningún barco de rescate.

Futuro incierto.


Toma mi presente,
mi futuro incierto.

Y que el mundo nos recuerde
por soñar despiertos.



martes, 24 de febrero de 2015

No lo pienses ni un segundo

Y ahora corre, gilipollas. Sal de casa, no te cojas las llaves, para qué. Coge la cartera, que la cosa no está barata para ir mendigando. Plántate en la estación y coge el primer tren que encuentres. ‘Qué le digo’, ‘Qué hago’, ‘No tendría que haber hecho esto’, ‘Tendría que haber dicho que SÍ’. Quítate esas mierdas de la cabeza, los viajes en tren están hechos para poner los pies en el asiento de enfrente y que el revisor te eche la bronca. Para ir escuchando vuestra canción favorita. Para quedarte dormido en el hombro de la viejecita  de al lado. Espera a que se abran las puertas y vuelve, vuelve a correr, maldito gilipollas. Sortea a la gente, ábrete paso, empújala si hace falta, que se jodan, ellos no tienen tus ganas, ellos están muertos por dentro. Qué sabrá toda esta gente del amor. Llama a su timbre, pues claro que no puedes esperar. La puerta está abierta, sube las escaleras de tres en tres, tropiézate si hace falta. Haz ruido, mucho ruido, tienes una puta filarmónica en el pecho y no te da la gana de callarla. Allí está. Mirándote. Atónita. Qué guapa está. Cógele la cara con las manos y cómele la boca. Cómesela como si llevases meses sin desayunar. Con ella.

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Eso es lo que ella piensa que harías, lo que estaría bien hacer.

Pero lo que haces de verdad es muy diferente. Te quedas mirando esa pantalla del movil, esa conversación en la que lo único que haces bien es escribir las tildes para quedar de serio. No arriesgas. Y quien no arriesga no gana. Y tu la acabas de perder. Acabas de perder aquella chica a la que conociste por casualidad y la que te dió ganas. De qué, de lo que sea pero te hizo avanzar.


- No conozco el nombre de la autora-



Es perfecto,
pero demasiado caro para la escasez emocional
que se pasea en estos tiempos
por mi corazón.


Conozco esa sonrisa. La he visto otras veces. Esa en la que caben un millón de lágrimas. La que escuda la debilidad por si viniera la guerra, desconozcas el color de la bandera.

~Ernesto P. Vallejo~



La persona perfecta es aquella que, pudiendo estar en cualquier lugar del mundo, 
elige estar contigo porque a tu lado la vida es mejor.




-Adaptación de "El hombre perfecto"-

domingo, 22 de febrero de 2015



"El invierno pasado encontré una aguja en un pajar. Me pinchó la piel y me llenó de amor. Ahora soy un adicto".

-The Orgasm Diaries-

sábado, 21 de febrero de 2015

El cielo en la tierra




No sé muy bien por qué volvió a mi vida justo en ese preciso instante en que todo estaba desordenado. Quizá fueron los coletazos de febrero o las últimas nevadas del invierno. Lo hizo silencioso, como asoma la primavera entre las piedras de un bosque en enero. Lo hizo sin asustarme, como lo hace el sol en una mañana nublada. Lo hizo como pudo, y yo huí. Pero no importó. Huí porque no quería dar de bruces con la certeza de que no me quisiera amar en mi condición actual. Le dejé ir una vez, pero ahora no estaba preparada. No quería saber que no estaba hecha para ser amada. No, no era el momento. Fueron pasando los meses y sentí que le estaba engañando al no contarle mi verdad, aquello que me atormentaba, un diagnóstico que cambiaría por completo mi vida. El día en que ya no pude más, en que creí que iba a alcanzar otra dimensión de tanto amor, se  lo conté. Las palabras fluyeron solas como si hubieran estado toda la vida en mi boca y lloré, lloré tanto que pensé que nunca más volvería a hablar. Entonces, él me retiró suavemente el pelo de la cara y me confesó que siempre lo había sabido. Sara se lo había contado todo, y el miedo a verme sufrir en silencio fue más fuerte que su miedo a perder el corazón. Por eso, no por ninguna casualidad divina, estuvo aquel sábado a aquella hora en la esquina por la que yo pasaba a diario. Nos lo debíamos. Se lo debía. Me lo debía. Y fue así, como pasé los últimos meses de mi vida como la persona más feliz que jamás haya existido. Ahora, desde el cielo, todo se ve distinto. Aquí ha desaparecido el dolor pero, a veces, cambiaría una vida entera de ese dolor humano por un segundo de aquellos divinos que compartí con él los últimos días de mi vida en la Tierra.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Poema inédito a la amistad.



De aquel día 
Que sonó el timbre
Y era tu sonrisa 
Sacando a los soles
mi desesperación.










Un adelanto del "poema inédito a la amistad" que aparecerá en el libro, no podía ser de otra manera.

sábado, 14 de febrero de 2015



Adoro estar a solas,


pero lo que realmente adoro
es estar a solas contigo.



Cuando no sepas qué hacer vente conmigo, pero luego no digas que no sabes lo que haces.


-A. González-

jueves, 12 de febrero de 2015

El día en que nunca dejé de amarte.



Hay Jueves que son eternos y terminan en tu boca. Hay Jueves tan fugaces que si te he visto, no me acuerdo. Jueves, que empiezan en tu espalda y acaban con tu pecho como almohada. Hay Jueves que no vives, hay Jueves que no existo. Hay Jueves que ni si quiera deberían ser Jueves porque están demasiado cerca del Viernes pero muy lejos de tu cama. Hay Jueves en que te amo demasiado y Jueves en que me gustaría no hacerlo. Pero hoy, amor, no sé si quiera qué día es hoy, pero sea Jueves o no, será el día en que nunca dejé de amarte.

lunes, 9 de febrero de 2015

Ernesto.


Eres la vida que a veces me falta.

No corras tanto si es a ti mismo al que estás buscando.

Tú. Sí, ¡eh! ¡Tú! 

"No corras tanto
si es a ti mismo al que estás buscando". 

Tú, que corres por los pasillos de una vida vacía. Tú, que corres entre multitudes. Tú, que perdiste al amor de tu vida en la parada de tren anterior porque no tenías tiempo para bajarte y pedirle los números que te llevarían a su boca. Tú, que te quedaste las siguientes paradas pensando que nunca la volverías a encontrar sin acabar de entender el significado de la palabra parada y su utilidad. Tú, que tuviste la oportunidad al día siguiente porque esta vida (que es muy puta, pero no muy zorra) se dignó a regalarte otro momento y, porque ella (bendita ella), la chica que miraba por el cristal tuvo el coraje de esperar a que pasara de nuevo tu tren. Tú, maldita sea. Despierta y baja del escalón que te tiene enjaulado. Para y disfruta. No lo hagas por ti, hazlo por mí que ya no tendré la oportunidad. Hazlo por mí, que nunca me esperaron, hazlo por mí, que siempre seguí tus pasos. ¿Qué quién soy yo? Pues bien, yo soy tus piernas cuando ya no puedan más, cuando la debilidad te alcance. Yo soy tú, cuando sientas que "ya no sirves". Soy tú, cuando ni alcanzar un vaso de agua puedas. Soy tú, cuando la vida te venza. Soy tú, cuando ese tú que es tan tú, ya no exista. Qué habrá sido de aquella chica, pensarás. Pagarías millones por simplemente coexistir a su lado, pero ya no está. Yo soy tú, cuando su tren ya partió, cuando no te esperó, cuando todo acabó y tú, cuando no te quede nada porque nunca paraste a recogerlo. 
Ahora que aún estás a tiempo, recuerda que la victoria se encuentra en cada parada. No dudes en bajarte del tren de vez en cuando, a diario. Siempre que tengas la oportunidad. Llegará un día que esa oportunidad no exista, pero ahora sí, ahora la tienes en tus manos. Coge este momento y hazlo tuyo. Ama, comete errores, trabaja por el puro placer de que puedes hacerlo, vive por la sencilla razón de que estás vivo. Y respira, respira profundamente, tú que puedes. Si lo haces, prometo intentarlo contigo.


jueves, 5 de febrero de 2015




Soy de cristal.
Pero no tengas miedo
A romperme.
Mis vértices no te cortarán
Tus frágiles dedos de piel.

Alma libre




Siempre creí ser un alma libre
Pero cada vez que me roza su cuerpo
Soy completamente suya.

martes, 3 de febrero de 2015

Veneno



Ella es de esas mujeres que son veneno
y antídoto a la vez.
Al que quiere curar, 
cura.
Y al que quiere matar,
mata.

-Jorge Franco-



Fotografía : Abeja en los labios de Irving Penn

lunes, 2 de febrero de 2015

Mientras haya vida, hay esperanza.


Está claro que solo somos una raza avanzada de primates, en un planeta menor que gira alrededor de una estrella normal y corriente en el extra radio de una entre cien mil millones de Galaxias. Pero desde los principios de la civilización la gente siempre ha ansiado entender el orden subyacente del mundo. Las condiciones en los limites del universo tienen que ser muy especiales y,  qué puede ser más especial que el hecho de que no haya límites, como tampoco debería haberlos para el esfuerzo humano. Todos somos diferentes. Por muy dura que nos parezca la vida siempre hay algo que podemos hacer y en lo que triunfar. Mientras haya vida hay esperanza.


-Stephen Hawking. La Teoría del Todo-





domingo, 1 de febrero de 2015

Si quieres




Si quieres facturo el invierno 
y te saco de un golpe febrero de aquí.
Si quieres repito contigo 
esas noches que no se podrán repetir.

Si quieres te pinto en el aire 
un abrazo gigante y detengo al avión.
Si quieres le cambio de horario al destino 
matando de un beso al reloj.

-Marwan-

sábado, 31 de enero de 2015

Charles Warnke y Garry Winogrand


Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 




Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 




Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 




Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 




Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.



Charles Warnke




* Fotografías de la serie: "Women are beautiful" de Garry Winogrand.

martes, 27 de enero de 2015

Morir por alguien.

De todos los números de mi agenda solo conservé el tuyo. Quería saber que seguías vivo, que pensabas en mí, que los viajes no eran tan largos como contaban, que seguías odiando a las princesas aunque hubiera muerto mi alma de guerrera. Que tu vida no estaba completa (maldito egoísmo) sin mí. Que leías mis versos cada mañana al llegar a esa silla negra que dictaba la sentencia de muerte al comienzo de tu día, y estos hacían que esa sentencia cobrara sentido, porque parece que morir por alguien no es tan malo como morir abandonado a la rutina. Quería seguir siendo la Penélope de Ulises, porque si había de esperar algo, solo esperaría por alguien me amara como lo hiciste tú.

La importancia de perdonar(se) y pedir(se) perdón.

A menudo, sentimos una decepción profunda por nosotros mismos. Me atrevería a decir que en toda nuestra vida, la persona  que más nos decepciona somos nosotros mismos. Nos frusta el hecho de no ser como los demás. La vida resulta una mierda cuando tenemos que salir del armario, desenmascarar una adicción, una enfermedad o simplemente con el hecho de no poder amar de la forma en que lo hacen los demás, porque ser dos no siempre es suficiente. Pero eso nos decepciona de manera tan profunda que pensamos que nuestro problema es absolutamente irresoluble. El hecho de derramar el agua de un vaso por accidente, en lugar de hacernos reír nos lleva a un terreno empantanado de donde no logramos salir. Somos capaces de no volver a sonreír durante el resto del día por una simple confusión, por la torpeza de un traspié o porque nuestra genética es irreversible. Nos cuesta perdonar. Perdonar una infidelidad o el golpe del amigo que nunca volvió a preguntar cómo estás en el transcurso de tu enfermedad. Pero más cuesta aún pedirse perdón, decirse a uno mismo que no importa, que todo pasará, que nada es tan importante, o tan malo o… tan decepcionante. Si las piernas no te responden después de andar durante kilómetros, te lamentas por no tener unas piernas más fuertes. Si el desaliento te alcanza, no muestras un ápice de compasión por ti mismo. ¿Por qué? Al fin y al cabo, la única persona que permanecerá a tu lado para el resto de tu vida, serás tú mismo. ¿Por qué no te regalas ese ápice de clemencia que buscas en otros ojos que no son los tuyos? Tú, que eres un ser tan perfecto, tan maravilloso. Tú, que solo tú sabe ser como tú. Qué más da a quién ames o cómo, qué más da si la gravedad vence tu peso, qué importa si la vida es un continuo traspiés y tus piernas no lo aguantan.  Perdónate y perdóname (por el atrevimiento de pensar que sientes lo mismo que yo).

Difícil como un invierno en manga corta.

La amistad fue una barca con remos, un país donde caer rendido, pero también hubo amigos que se fueron sin pañuelos ni palabras y eso fue difícil como un invierno en manga corta.

Supongo que siempre fui demasiado sensible para mi edad, que los jóvenes tenían los abrazos precintados y yo necesitaba, de verdad que lo necesitaba, el calor cercano de los otros.


-Marwan-
Siempre quise ser normal
pero el destino 
nunca me concedió esa dicha.

lunes, 26 de enero de 2015