sábado, 4 de abril de 2015
Summertime
Intranerso.
Estabas loca. Esa locura contagiosa, agradable al principio, y que nunca sabes por dónde te va a llevar. Yo ya intuía que eras una chica tóxica, pero te ponías a hablarme de Sabina y de Louis C.K. y de Palahniuk y del Cinque Terre y me dabas besos en la nariz después de reírte y Madrid entera te hubiera follado.
Y ahí terminamos, en mi cama. Aunque antes habíamos terminado en aquel portal que olía a recién pintado. Y es que estaba recién pintado. Desde esa noche tengo el corazón un poco más roto y unos vaqueros llenos de pintura blanca.
A veces buscamos sentir más de lo que deberíamos.
Pero espero no aprender jamás esta lección.
-Carlos Miguel Cortés. Intranerso-
martes, 31 de marzo de 2015
No sé cómo lo haces.
No sé cómo lo haces, eso que haces de convertir una siesta en una fiesta, un despertar en ceremonia de ternuras, y una tarde de domingo en un picnic sin hormigas.
No sé cómo lo haces, eso que le haces al tiempo para que pierda la gomina, estire las horas y baile en las agendas, mientras bailas sobre mí tu danza de sirena.
No sé cómo lo haces, eso que me hace creer otra vez en los milagros, y rezar desafiante entre tus piernas a un dios que luce esa sonrisa promisoria y satisfecha.
No sé cómo lo haces, eso que haces al acariciar la noche porque la noche es gata, y estirarte de modo que conviertes un bostezo en el pasado de un gemido.
No sé cómo lo haces eso que nos haces, cuando desnuda me sonrojan tus piropos, te enroscas como una hiedra tierna, echas a la lavadora mis corazas, o fabricas mermeladas con tus penas.
No sé cómo lo haces, eso que haces.
Pero no dejes de hacerlo nunca.
-Adaptación del texto de Carlos Salem-
lunes, 30 de marzo de 2015
No se mide el valor de alguien por sus ropas o por los bienes que posee, su verdadero valor es su carácter, sus ideas y la nobleza de sus ideales.
~Charles Chaplin~
martes, 24 de marzo de 2015
Lléname de ti.
De esta fragancia
que es locura.
De esta inmensidad
que es solo tuya.
Lléname de ti.
Haz que bailen
los enanos en este circo loco
de mi cabeza
y sonríe a la ignorancia
de mis versos,
mientras
te miro eterna en un sueño.
El co-razón.
viernes, 20 de marzo de 2015
miércoles, 18 de marzo de 2015
Claro que ya me había terminado el café. Pero reconocerlo hubiera hecho que aquella conversación terminase, quién sabe si para siempre. Y últimamente me había dado por aferrarme a los momentos. Volví a poner la taza en el plato correspondiente, y a sorbos bebí la mezcla fría desde hacía ya varias horas. Mereció la pena el mal trago.
martes, 17 de marzo de 2015
Lo que yo quisiera de ti.
Todo lo que yo quisiera de ti son esas cosas cotidianas,
el olor de tu cuerpo,
saber lo que piensas de cualquier cosa,
de ti, de mi, de nuestro entorno.
Que mires más allá
de mi apariencia física,
que me recuerdes con pasión,
y que el placer que juntos
inventamos sea otro signo de libertad.
-Julio Cortázar-
Posiblemente me quisiera.
Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo,
pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme.
-Mario Benedetti-
domingo, 15 de marzo de 2015
Solo por él.
Llega un momento en que las tardes de domingo se dibujan sobre la arena mojada bajo tus pies durante un largo paseo en la playa, agarrada de su mano. Hablando de nada, de todo, de que ni sí, ni no. De que nada importa demasiado, de que todo importa lo suficiente. Llega un momento en que tu mejor amigo te dice: -es hora de que tengas a alguien siempre a tu lado- y tú, por primera vez respondes, -pues sí, ya es hora-, y sonríes. Llega un momento en que las llamadas a deshoras son apropiadas y los momentos de desquicio tolerables. Que comienzas a pasear muy despacio por la vida y te das cuenta de que como alguien una vez dijo: "la vida es un paseo y es mejor hacerlo en compañía". Que las noches son como una larga cola de espera en el cine que no quieres pasar a solas ni aunque tengas palomitas. Que tu cama de noventa centímetros se ha vuelto un desierto sin fin cuando él no está a tu lado. Llega ese momento, en que desistes de la lucha interna por una pasión y te abandonas al amor, al amor del bueno, al que te abraza en los malos momentos y tira piedras a tu ventana un domingo, con un chocolate caliente quemándole las manos mientras tú sonríes ante una muestra de romanticismo que nunca pasará de moda. En los buenos momentos, él, simplemente sonríe de verte tan brillante. Llega un momento, en que simplemente te abandonas a eso que siempre has esperado. Y te conviertes en alguien feliz, que sonríe y lucha en cada instante, no por nada, solo por él.
jueves, 5 de marzo de 2015
miércoles, 4 de marzo de 2015
Ovidarte.
martes, 3 de marzo de 2015
Pesadilla
lunes, 2 de marzo de 2015
-Miguel de Unamuno (San Manuel Bueno, mártir).-
El amor.
sábado, 28 de febrero de 2015
Un día raro.
Pasan los meses y no hay mejora, no hay diagnóstico. Aunque se enciende una luz al tener acceso a una prueba que podría dar pistas de lo que te pasa, o quizá no. Ni si quiera sabes si quieres que esa prueba te dé pistas. Ahora te estoy hablando del miedo, el miedo a lo desconocido, a lo que no se ve, a lo incurable, el miedo al propio miedo. Por fin tienes cita, después tardarán meses en darte el resultado pero mientras tanto tú has decidido vivir. No queda otra, moverte poco pero sacar tu sonrisa al sol. Hay días en que tienes que usar unas ruedas como sustitución a tus funciones motoras, pero no importa, eso no es lo importante. Lo peor viene cuando alguien se acerca y te pregunta: pero… ¿qué te ha pasado? Ahí de nuevo sufres el shock. Porque no tienes respuesta, no la hay. Nadie la tiene, al menos por el momento, desde hace ya solo tres meses. Siempre recuerdas a Cristina y piensas que tres meses no es nada. Pero sí lo son, con sus días y con sus noches, dolores y frustraciones.
Probablemente (quiero pensar) que mi enfermedad sea algo temporal. No me importa si mi rareza no tiene explicación, si ha sido una inflamación muscular provocada por una respuesta autoinmune. Probablemente todo acabe dentro de unos meses como un mal sueño. Pero puede que no. Puede que como Blanca de la Cruz o Cristina, luche durante años por un diagnóstico. Y que durante años pregunten qué es lo que me pasa y que nadie tenga la respuesta. A pesar de ser una apasionada de las letras, no tengo la facultad de poder describir todo ese proceso de rechazo ante una enfermedad poco común, la desesperación, el miedo, la incomprensión. En todo este tiempo he leído mucho sobre estas enfermedades y todos los casos tienen un denominador común: el afán de superación, las ganas de vivir y la lucha continua por ser escuchados, por ser visibles.
Hace justo un año, yo misma, publicaba un artículo que nada tenía que ver con un día raro. Hablaba de una joven nacida en una generación de genios, La Genieración. Que se alegraba de poder viajar e ir de un lado para otro y de poder estudiar en un millón de sitios. Daba gracias a la vida, sin ser consciente de que esa vida un año después podría no estar. Esto, me ha pasado a mí. Pero te puede pasar a ti.
Hazte un favor. Hazlas visibles.
viernes, 27 de febrero de 2015
De barcos de rescate que nunca llegaron a buen puerto.
Futuro incierto.
martes, 24 de febrero de 2015
No lo pienses ni un segundo
Y ahora corre, gilipollas. Sal de casa, no te cojas las llaves, para qué. Coge la cartera, que la cosa no está barata para ir mendigando. Plántate en la estación y coge el primer tren que encuentres. ‘Qué le digo’, ‘Qué hago’, ‘No tendría que haber hecho esto’, ‘Tendría que haber dicho que SÍ’. Quítate esas mierdas de la cabeza, los viajes en tren están hechos para poner los pies en el asiento de enfrente y que el revisor te eche la bronca. Para ir escuchando vuestra canción favorita. Para quedarte dormido en el hombro de la viejecita de al lado. Espera a que se abran las puertas y vuelve, vuelve a correr, maldito gilipollas. Sortea a la gente, ábrete paso, empújala si hace falta, que se jodan, ellos no tienen tus ganas, ellos están muertos por dentro. Qué sabrá toda esta gente del amor. Llama a su timbre, pues claro que no puedes esperar. La puerta está abierta, sube las escaleras de tres en tres, tropiézate si hace falta. Haz ruido, mucho ruido, tienes una puta filarmónica en el pecho y no te da la gana de callarla. Allí está. Mirándote. Atónita. Qué guapa está. Cógele la cara con las manos y cómele la boca. Cómesela como si llevases meses sin desayunar. Con ella.
Eso es lo que ella piensa que harías, lo que estaría bien hacer.
Pero lo que haces de verdad es muy diferente. Te quedas mirando esa pantalla del movil, esa conversación en la que lo único que haces bien es escribir las tildes para quedar de serio. No arriesgas. Y quien no arriesga no gana. Y tu la acabas de perder. Acabas de perder aquella chica a la que conociste por casualidad y la que te dió ganas. De qué, de lo que sea pero te hizo avanzar.
- No conozco el nombre de la autora-
pero demasiado caro para la escasez emocional
que se pasea en estos tiempos
por mi corazón.
Conozco esa sonrisa. La he visto otras veces. Esa en la que caben un millón de lágrimas. La que escuda la debilidad por si viniera la guerra, desconozcas el color de la bandera.
~Ernesto P. Vallejo~
La persona perfecta es aquella que, pudiendo estar en cualquier lugar del mundo,
-Adaptación de "El hombre perfecto"-
domingo, 22 de febrero de 2015
"El invierno pasado encontré una aguja en un pajar. Me pinchó la piel y me llenó de amor. Ahora soy un adicto".
-The Orgasm Diaries-
sábado, 21 de febrero de 2015
El cielo en la tierra
No sé muy bien por qué volvió a mi vida justo en ese preciso instante en que todo estaba desordenado. Quizá fueron los coletazos de febrero o las últimas nevadas del invierno. Lo hizo silencioso, como asoma la primavera entre las piedras de un bosque en enero. Lo hizo sin asustarme, como lo hace el sol en una mañana nublada. Lo hizo como pudo, y yo huí. Pero no importó. Huí porque no quería dar de bruces con la certeza de que no me quisiera amar en mi condición actual. Le dejé ir una vez, pero ahora no estaba preparada. No quería saber que no estaba hecha para ser amada. No, no era el momento. Fueron pasando los meses y sentí que le estaba engañando al no contarle mi verdad, aquello que me atormentaba, un diagnóstico que cambiaría por completo mi vida. El día en que ya no pude más, en que creí que iba a alcanzar otra dimensión de tanto amor, se lo conté. Las palabras fluyeron solas como si hubieran estado toda la vida en mi boca y lloré, lloré tanto que pensé que nunca más volvería a hablar. Entonces, él me retiró suavemente el pelo de la cara y me confesó que siempre lo había sabido. Sara se lo había contado todo, y el miedo a verme sufrir en silencio fue más fuerte que su miedo a perder el corazón. Por eso, no por ninguna casualidad divina, estuvo aquel sábado a aquella hora en la esquina por la que yo pasaba a diario. Nos lo debíamos. Se lo debía. Me lo debía. Y fue así, como pasé los últimos meses de mi vida como la persona más feliz que jamás haya existido. Ahora, desde el cielo, todo se ve distinto. Aquí ha desaparecido el dolor pero, a veces, cambiaría una vida entera de ese dolor humano por un segundo de aquellos divinos que compartí con él los últimos días de mi vida en la Tierra.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Poema inédito a la amistad.
domingo, 15 de febrero de 2015
sábado, 14 de febrero de 2015
Cuando no sepas qué hacer vente conmigo, pero luego no digas que no sabes lo que haces.
-A. González-
jueves, 12 de febrero de 2015
El día en que nunca dejé de amarte.
lunes, 9 de febrero de 2015
No corras tanto si es a ti mismo al que estás buscando.
jueves, 5 de febrero de 2015
martes, 3 de febrero de 2015
Veneno
lunes, 2 de febrero de 2015
Mientras haya vida, hay esperanza.
-Stephen Hawking. La Teoría del Todo-
domingo, 1 de febrero de 2015
Si quieres
Si quieres repito contigo
Si quieres te pinto en el aire
Si quieres le cambio de horario al destino
sábado, 31 de enero de 2015
Charles Warnke y Garry Winogrand
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
martes, 27 de enero de 2015
Morir por alguien.
La importancia de perdonar(se) y pedir(se) perdón.
Difícil como un invierno en manga corta.
Supongo que siempre fui demasiado sensible para mi edad, que los jóvenes tenían los abrazos precintados y yo necesitaba, de verdad que lo necesitaba, el calor cercano de los otros.
-Marwan-





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