jueves, 6 de junio de 2013

La historia de Mafalda.

http://manual-de-un-buen-vividor.blogs.elle.es/2013/05/15/y-deja-que-te-mate/



Hace muchos años conocí a una chica en uno de esos viajes sin billete de vuelta. Era muy divertida, robaba botellas de vino del comedor de su residencia de monjas y me dejaba siempre algún disco diciendo “Tienes que escuchar esto”, mientras me clavaba aquellos ojos encendidos, como si fuéramos dos espías en la Viena de la II Guerra Mundial y me estuviera entregando un microfilm con información crucial para el devenir de la humanidad.
¿Qué cómo se llamaba?
Pongamos que Mafalda.
Mafalda iba por la vida como una funambulista, con un pie dentro y otro fuera. Siempre por el lado salvaje de la vida. Muy Lou Reed.
Mafalda fumaba. Claro que fumaba. Las chicas como Mafalda siempre fuman. Eso es algo que va con el personaje. Pero nunca olía a tabaco. Ella jamás lo habría permitido.
Enamorarse de Mafalda era algo inevitable. Tenía seis balas en el tambor de ese revólver que tenía por alma y todos mis amigos y yo fuimos cayendo como moscas.
Bang, uno. Bang, dos. Bang, tres. Bang, cuatro. Bang, cinco.Bang, seis.
Y todo olía a pólvora, a cerilla apagada y a su colonia.
Uno trataba de no caer en su tela de araña pero acababa enredado por todos lados. Caíamos. Caíamos con la delicadeza de un piano de cola desde un ático. Como elefantes por el desfiladero de las Termópilas. Así caíamos.
Y lo peor es que ni te dabas cuenta. ¿Yo? Ja, ja, ja. No pienso caer, decías confiado. No. Niet. Nunca. Jamás. Never. Pero éramos los 10 negritos de Agatha Christie: nuestro fatal destino ya estaba escrito.
Ella me veía como un chico estupendo para charlar de discos y tomarnos unas copas. Yo la veía a ella como una chica estupenda para curar con Betadine los arañazos en las rodillas de alguno de los 25 hijos que planeaba tener con ella.
Siempre lograba encontrar una o doce maneras de escapar descalza por la puerta de atrás de mi vida.
Nunca nos peleamos por Mafalda. Porque no tuvimos oportunidad. Habría sido como pelearse por ver a quién le ilumina más la luna. Era una disputa estéril. Ella vivía en una huida constante y nosotros íbamos detrás a lomos de un caballo de tiovivo.
Mafalda era como Moby Dick. Si ella leyera que la estoy comparando con una ballena probablemente me arrancaría el corazón, como en esa escena de Indiana Jones, y me lo pasaría por la termomix. ¡Una ballena! Qué desfachatez. Con lo presumida que era ella.
Pero cuando digo que era como Moby Dick es porque era rara, diferente a todo, única. Y todos la perseguíamos por eso. Y ella te arrastraba hacia el fondo del mar, como al capitán Ahab.
Las chicas decían que tenía cierto aire a Uma Thurman en algunos gestos. Pero era más guapa. Sobre todo en verano. En verano Mafalda reventaba corazones. Porque la piel, los ojos y el pelo le brillaban como brillan las cosas recién hechas.
Siempre digo que mi móvil favorito era un lamentable Siemens que ya estaba desfasado antes de que saliera al mercado. De formas bastas y rotundas, era perfecto como arma arrojadiza. No tenía pantalla táctil, ni cámara, ni juegos, ni internet ni nada remotamente útil. Pero tenía los mensajes de Mafalda. Esos mensajes que releía sin darme cuenta y que en 140 caracteres encerraban risas, historias y enigmas.
Cuando recibía un mensaje de Mafalda, me ponía de rodillas, como si celebrara el gol del minuto 116, mirando al cielo, I belong to Jesus, y daban ganas de descorchar una botella de champán y beber de ella y luego ir haciendo la conga a celebrarlo.
Una noche de verano en Madrid volvía andando con ella cerca de Cibeles. Hacía calor, la ropa se nos pegaba al cuerpo y estaba amaneciendo. Y me dijo lo mucho que le apetecería bañarse en la Cibeles. Y yo no podía dejar de imaginármela como a Anita Ekberg en La Dolce Vita.


Mafalda fue quién me enseño que Frank Sinatra era puro rock and roll.
Ponía un vinilo heredado de su padre. Y bailaba. Lento. Siempre muy lento.
Hubo una época en la que tenía que dar la vuelta a los libros de mi estanterías que Mafalda me había regalado. Porque no me dejaban dormir. Eran como amenazantes ojos de una serpiente en mitad de la oscuridad de mi cuarto. O como el puto tic tac de uno de esos Swatch que no te dejan pegar ojo.
Mafalda siempre vivía de noche.
Vivimos de noche y bailamos rápido para que no nos crezca la hierba bajo los pies. Ese es nuestro credo.
Pero no me estoy refiriendo a que acabara en la tarima de un after bailando “La mayonesa”. Hablo de otra cosa.
Hablo de que siempre tenía una última bala. Un último baile. Una última copa. Una última canción.
Su vida era siempre un gol en el descuento. Un permanente acto de locura como subir a rematar un corner con el portero.
Hablo de echar un pulso al día hasta caer desfallecida en la cama. De no rendirse nunca.
De rebañar el plato, aprovechar la última gota de la botella de vino y Carpe that fucking Diem.
De como cuando eras niño y sorbías como un chupóptero las últimas gotas de tu batido.  De cuando no pensabas nunca en el mañana. De cuando leías con la linterna debajo de la cama cómics de Asterix y Tintín hasta que se te cerraban los párpados. De cuando te revolvías como gato panza arriba para no irte a dormir.
Siempre me recordó al personaje de un cuento de Hemingway que decía:
Yo soy uno de los que les gusta estar en los cafés hasta que cierran.
Con los que nunca se van a dormir.
Con los que necesitan una luz por la noche.

Mafalda siempre se reía con los cosas que le escribía. Se reía fuerte y se le marcaban los músculos del cuello y parecía que en cualquier momento iba a entrar en autocombustión.
Tienes que escribir, escribir y escribir. Y cuando te canses, escribe más. Y escribe. Y escribe. Y escribe.
Nunca lo dejes.
Porque lo más importante en esta vida es encontrar lo que te gusta.
Y entonces, dejar que te mate.
Perdí la pista a Mafalda. No sé en qué andará metida. A lo mejor ahora está casada con un armador griego millonario, a lo Jackie Kennedy.
Eso sería muy de Mafalda.
En una ocasión leí que la gente que más te ayuda es la que entra y sale de tu vida, como un fantasma. Como Mafalda.
En estos días de invierno disfrazados de primavera, de dolorosas derrotas del Real Madrid y en los que uno puede escuchar la lluvia cayendo en el corazón, me acuerdo de “Rain in my heart” de Sinatra.
Y pienso en Mafalda.
Y pienso si sigue dejándose matar por aquello que le gusta.


(El guardián entre el Centeno. Manual de un buen vividor)





miércoles, 5 de junio de 2013

La Luna, ángel custodio del que espera

A veces tengo la moral un poco distraída, sí, lo sé, lo entiendo. No me importa, de hecho. Tengo los mismos escrúpulos para no dejarte marchar esta noche que para esperarte el resto de mi vida si es que en verdad vas a volver.





Anoche te estuve esperando y no llegaste.
No llegaste porque nunca te has ido.
Nunca te fuiste porque nunca has estado.
Nunca estuviste porque yo siempre te he esperado.

Ayer, fue ayer... Y yo,
Yo te esperaba por la mañana, 
Yo te esperé por la tarde
Y aún así, yo, 
Seguí haciéndolo con mucha calma por la noche
Mientras otros sueños invadían mi almohada,
Mientras la Luna tentadora se reflejaba en mi ventana,
Mientras mi perro aullaba sobre tu vacío bien entrada la madrugada.
Mientras tanto...
En silencio,
Yo siempre te esperaba.

Te esperé pero nunca viniste
Te esperé pero una vez más te fuiste.
Te esperé aunque la lucidez desordenase el edredón.
Te esperé, pero una vez más la eternidad envolvió completa la espera.

Sé bien que te vas.
Sé bien que no vuelves.
Sé bien que te pierdes.
Sé bien que la enajenación 
muestra una descripción perfecta 
si me abandono a los versos de este amor incorregible. 

Incorregible, 
obstinado, 
pertinaz, 
inteligible.


Lo sé, 

Y aún así, anoche... yo te estuve esperando.

domingo, 2 de junio de 2013

Ya era hora



Dos palabras: Quiero sexo,
y mi perro ya estaba arañando el cristal de la ventana en el que se reflejaba esbelta tu figura. No tuve que decir mucho más porque ambos sabíamos lo que buscábamos desde hace ya mucho tiempo. Subió. Observó curioso mi escritorio, la funda de mi sofá y también la de mi cama. Me miró, sonrió... me agarró fuerte las nalgas y me cogió lo más arriba que su musculatura le permitía. Cuando me tuvo a la distancia deseada, justo ahí, me agarró vorazmente y comenzó a devorarme como hacía tiempo no sentía que lo hacían. Un auténtico animal, reprimido tras muchos años de intentos fallidos se había desatado en ese encuentro y en consecuencia... Yo estallaba en un latido de placer que hacía de  aquel partido algo fuera de toda vivencia terrenal. Al fin estábamos juntos. Lo cierto es que a mí, no me importaba demasiado, ni si quiera me había costado esfuerzo alguno, pero allí estábamos, estallando en un aullido de placer conjunto.

Ya era hora, amor de verano, ¿por qué has tardado tanto?

Juego de Reyes



Recuerda que si jugamos...

Nadie pierde. 

El héroe de mi relato

Muerdo.
- Manzana, fruto del pecado- pienso, mientras su intenso aroma de fruto inmaduro recorre sin pudor alguno mi paladar. La textura crepitante abandona mis sentidos al éxtasis de lo profundo en una incisión al hijo pródigo del abandono. Crash... otro muerdo. Dejo caer la acuosidad producto de lo precoz de su existencia sobre el altar que reservo para una escritura impertinente. Crash... otro muerdo. Me revelo en llamas pensando en ti y descubro por un resquicio de mi mente que andas haciendo exactamente lo mismo. ¿Por qué no tenerte aquí?, pienso. Y me deshago en un orgasmo de palabras que observo salir de tu boca mientras te distraes hundido en mis recuerdos. ¿Por qué no tenerte aquí? Una noche, un sueño. Sólo eso, sexo. No espero que anheles ser el protagonista fantasmal de una novela romántica, ansío que desees ser el héroe de mi relato carnal. Sólo una noche. Sólo un día. Sólo una tarde... para toda la vida.




Éxtasis de Julieta



Brebaje maldito que acelera el corazón.
Brebaje maldito que para, que hiere, que mata.
Julieta, ¿por qué?
¿por qué dejaste que un falso boticario
llenase mis días de angustia, Julieta?
Tú, inocente alma perdida.
Tú, que pensaste que aquella solución,
Sería sin más tu única salida.
Tú, inocente alma desvalida.
A ti, que te pudo la vida
El pudor, la avaricia y la envidia
De todos aquellos que asediaban cada día un nuevo amanecer.
Tú, querida Julieta,
Amor de mis amores,
Luz de mi atardecer.
Decidiste entregarle el alma al demonio
A cambio de una falsa promesa de vida, esperanza y júbilo.
Tú, mi amada Julieta
Tú… que todo lo quisiste.
Tú, que todo lo tuviste
Yaces hundida en esta fría piedra
que te roba la dignidad
que te roba toda la bondad
al verte poseída por una réproba mezcla
de la que confiaste aguardaba felicidad.
Tú, mi maravillosa Julieta
Que todo lo quisiste.
Tú, hermosa niña,
En las manos de esa droga te perdiste.

Me niego por tanto, al abandono de tu alma
Me niego al abandono de tu cuerpo
Y me uno a ti en este frío invierno
que palidece raudo tu rostro.
Me uno y me entrego.
Dejo que esta droga conquiste diligente mi cuerpo
Hasta que perdida la inocencia con tu muerte
Me lleve allá donde te halles tú, hermosa Julieta.

Bebo así de tu locura, bebo así de tu veneno.
Bebo así y en una vesánica dosis,
Subo al cielo
Para sepultar mi piel bajo tus huesos.

lunes, 27 de mayo de 2013

Tu chica es encantadora Hubbell



Entonces lo entendí.
Quizá el problema fuera que Big no pudo domarme a mí.
Puede que algunas mujeres no sean domables
que necesiten galopar libremente
hasta que encuentren a alguien tan salvaje como ellas...
Que las acompañe.

domingo, 26 de mayo de 2013

Amor, le digo.


A veces se pregunta qué es el amor, lo sé.
Y entonces... entonces me mira. Me mira, y descubre en mí alguna alegoría que justifique todo aquello en lo que creo, aquello en lo que desamparo íntegra mi fe.
Amor, me dice. Amor... Le digo.
Sonríe. Sonríe y me mira,
y es justo ahí cuando descubro que vuelve a creer, que puede creer.
Entonces vuelve a casa, de donde quizá nunca le tuve que haber sacado y lo entrega,
entrega todo aquello que estuvo gestando con su mirada al encandilarse con un recuerdo provocado por un repaso indulgente a una solitaria figura.
Lo sé, sé que se lo pregunta a diario. Sé que duda si existe. Sé que cuando lo piensa, la duda torna positiva y eso me hace ser feliz.
El simple hecho de que creas que existe, simplemente eso, hace que la espera... Mereciera la pena.

Un par de alas.



Te estoy tejiendo un par de alas,
sé que te irás cuando termine...
...pero no soporto verte sin volar.

(Andrés Castuera)

miércoles, 22 de mayo de 2013

A mí que nada se me olvida



Se me olvidó que te olvidé 
A mí que nada se me olvida.


(Diego, El Cigala)

martes, 21 de mayo de 2013

Mi margarita favorita

Las margaritas amarillas que adornan las ruedas de mi bici se han vuelto grises, alguna hoja es negra ya quizá. Sin embargo las margaritas rosas siguen tan rosas como el primer día, parece que me sonríen a veces. Las margaritas amarillas se han vuelto tristes, se han vuelto aburridas. El rodar de la vida las ha empapado de un sudor que empaña su mirada hasta alcanzar un color mezquino, aunque agradable para alguien tal vez. Las margaritas amarillas que adornan el vaivén de mis ruedas ya no sonríen más. Les pudo la avaricia, la envidia a las rosas quizá. Siempre estuvieron un poco más arriba, casi rozando neumáticos, decían que así podrían sentir el viento mucho más. Las rosas, sin embargo, más cautas, prefirieron el abrigo de una cadena, el constante movimiento sin cambios de un eje central, ellas prefirieron resguardarse un poco más adentro y aún están rosas como el primer día. Aunque una de ellas me confesó un día que enmustecía de aburrimiento, qué maldad para el alma! Pero espera... para mí, la mejor fue aquella que voló, se puso al borde del manillar y acompañaba al juego de mis dedos al mover cada pistón, sentía cada curva, cada movimiento, el furor de un cambio de marcha sin sufrir cada salto. Aquella se marchó. La última vez que la vi, era rosa y aún sonreía sin cesar. Seguro que ahora adora el viento a lomos del cabello de una niña que no cesa de jugar. Sin duda... Esa era mi margarita favorita.

El amor de mi vida


Encontré al amor de mi vida,
Pero yo era drogadicto y ella puta.
Yo quería dejarlo.
Ella quería dejarme también.

Encontré al amor de mi vida,
Pero era un momento equivocado.

Hoy he vuelto a la calle Montera
Con un ramo de rosas.
Acabé esnifándome su ombligo.

Encontré al amor de mi vida,
Pero no la quise porque era puta
Y yo quería una tarde de Domingo.

Encontré al amor de mi vida,
Pero no la quise
Y ahora mi vida es un desperdicio.

Encontré al amor de mi vida,
Y ahora paso las tardes de Domingo.
Y ahora me bebo su ausencia con los años.

Encontré al amor de mi vida
Qué hubiera sido
si de verdad yo la hubiera amado.

lunes, 20 de mayo de 2013

Me preocupa



Me preocupa. Me preocupa enormemente porque habitualmente lo que merece la pena se ha de luchar, cuesta trabajo conseguir. Sudor, lágrimas... Inseguridades. Ir, venir... Conseguir. Lo que resulta después para siempre, rara vez encaja como la pieza del puzzle que andabas buscando. Por eso me preocupa enormemente. Me preocupa porque a veces el deseo nos ciega, me preocupa porque a veces el haber errado en un momento determinado de tu vida o la sensación de haber caminado en otra dirección hace que estés cansado, hace que tengas más prisa de la que deberías... y eso sólo te conduce a un destino equivocado. Es posible que tengas suerte. Ojalá la tengas... Ojalá haya alguien que desde el cielo te esté guiñando un ojo y regalando aquello que todo el mundo anhela... pero me preocupa, me preocupa enormemente porque en la realidad... rara vez las cosas suceden así. Aquí abajo, en este mundo insano... tropiezas con la persona equivocada y resulta que te das cuenta que era la pieza que faltaba para completar el puzzle, tropiezas con la persona equivocada y se acaba convirtiendo en lo único bueno que has hecho en toda tu vida, tropiezas con la persona equivocada y te convences una y otra vez de que no es él quien debe ser y lo intentas, hasta que te das cuenta, de que lo único que encaja es aquello que pensaste que nunca iba a encajar, porque nunca lo sabes... porque lo esencial es invisible a los ojos, porque somos humanos, porque somos errantes, imperfectos, porque sabemos amar.
En la realidad, mi amor... hay dudas, hay tropiezos, hay intentos... Y me preocupa enormemente que te hayas olvidado de eso.

domingo, 19 de mayo de 2013

Desnuda



Ella estaba desnuda ante mí,

pero no estaba desnuda como
quien se quita la ropa,
su desnudez era total 
podía ver sus miedos
sus angustias
sus tristezas
su oscuridad difusa y atrayente,
sus monstruos melancólicos
podía verla completamente 
sin importar nada más,
aquel privilegio estaba guardado 
para aquella persona que supiera llegarle al corazón
en un instante y supiera adueñarse de él,
hasta llegar a ser parte
de sus latidos…


(Néstor Augusto Esquivel Donato)

miércoles, 8 de mayo de 2013

Café para toda la vida


¿Y café para toda la vida?

El capitán cobarde

Una letra simplemente perfecta...



Soy vulnerable a tu lado más amable 
Soy carcelero de tu lado más grosero 
Soy el soldado de tu lado más malvado 
el arquitecto de tus lados incorrectos 
Soy propietario de tu lado más caliente 
Soy dirigente de tu parte más urgente 
Soy artesano de tu lado más humano 
y el comandante de tu parte de adelante 

Soy inocente de tu lado más culpable 
pero el culpable de tu lado más caliente 
Soy el custodio de tus rafagas de odio 
el comandante de tu parte de adelante 

Cargando imagen a tu lado estoy mi vida 
mañana sera un nuevo punto de partida 
soy vagabundo de tu lado más profundo 
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo 

Que más quisiera que pasar la vida entera 
como estudiante el dia de la primavera 
siempre viajando en un asiento de primera 
el comandante de tu balsa de madera 
que mas quisiera que pasar la vida entera 
como estudiante el dia de la primavera 
siempre viajando en un asiento de primera 
el carpintero de tu balsa de madera 

Soy el soldado de tu lado malvado 
el comandante de tu parte de adelante 

Cargando imagen a tu lado estoy mi vida 
mañana sera un nuevo punto de partida 
soy vagabundo de tu lado mas profundo 
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo 

Qué más quisiera que pasar la vida entera 
como estudiante el dia de la primavera 
siempre viajando en un asiento de primera 
el comandante de tu parte de adelante 

Qué más quisiera que pasar la vida entera 
como estudiante el dia de la primavera 
siempre viajando en un asiento de primera 
el mejor carpintero de tu balsa de madera 

Soy el soldado de tu lado malvado 
el comandante de tu parte de adelante 

Soy el soldado de tu lado malvado 
y el comandante ... 

Sólo estoy solo
 y estoy buscando esa alguien
 que me está esperando 
que me entienda 
y si no me entiende 
alguien que me comprende 
alguna a quien recordar de memoria cuando estoy de viaje 
cuando estoy muy lejos si... 
soy un vagabundo y camino bastante alrededor del mundo 
pero quiero volver a mi casa a alguna casa 
para en contrar a esa princesa vampira que respira 
que respira y me mira.


(Andrés Calamaro. La parte de adelante)

martes, 7 de mayo de 2013

Quisiste



Quisiste mirar el mundo con mis ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.
Entraste en mi cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de mis pupilas.
Y fui yo la que acabé viendo
el fracaso del mundo con las tuyas.


(Adaptación del poema "Quise" de Ángel González)

Aquellas cartas de amor que no recibí



Recojo una carta que no es a mi nombre. Me paro a pensar. Dudo. ¿A qué casa estará llegando aún mi correo postal? ¿En cuál de todas ellas recibirán mis facturas del banco? ¿En cuál el catálogo del mes pasado? ¿A cuál de todas ellas mandarán mis cartas de amor? Quizá sea por eso que ya no recibo ninguna, quizá sea por eso... sí, por eso será, porque no hay un sitio donde enviar. Espero que todo cambie, espero seguir despertando a las cigüeñas cada mañana, espero que tal vez este sea un sitio donde yo me pueda quedar...
Estoy pensando en coser unas cortinas, un par de cojines coseré quizá... Compraré un poco de pintura y  enrojeceré las paredes con un sabor a corazón tal vez, seguiré saludando a mi vecino cada tarde y subiré a tender mientras toda la Ribera me saluda con pasión. Ojalá sea así. Ojalá no me tuviera que ir. Pero antes tan si quiera de haberme instalado ya de nuevo he de partir.




A veces una mujer encuentra los restos de un barco hecho pedazos y decide hacer con ellos un hombre sano. En ocasiones lo consigue. Otras veces una mujer conoce a un hombre sano y decide hacerlo pedazos. Siempre lo consigue.

(Cesare Pavese)

lunes, 6 de mayo de 2013

Cuando no tengas nada...



Cuando tengas dinero regálame un anillo, 
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca, 
cuando no sepas qué hacer vente conmigo, 
pero luego no digas que no sabes lo que haces.


(Ángel González)

domingo, 5 de mayo de 2013

Objetos perdidos


Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me acechan con sus cantos.
Una cifra vigilante y sigilosa 
va por los arrabales llamándome y llamándome,
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta 
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo,
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.

(Julio Cortázar)

El niño bueno



No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies,
no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.

Acepto este destino de camisas planchadas,
llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras.
El largo desarreglo de los sentidos me va mal, opto
por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.
Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente
para traerte un pescadito rojo
bajo la rabia de gendarmes y niñeras.


(Julio Cortázar)

El único sitio donde permanecerá siempre




En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida.


(Federico García Lorca)

Una rosa a aquél maldito idiota.. el amor.


Te entregaría una rosa por cada beso que no te he dado.
Te entregaría una rosa por cada momento que me he llevado.
Te entregaría una rosa, 
una rosa porque la rosa florece en primavera, 
porque ella se hubiera llamado Flor, 
porque el amor es un fugitivo,
 un tremendo idiota que se pierde en el camino, 
el amor es aquello que no encuentro, 
el amor es aquello que no quiero.
Te entregaría una rosa, porque el amor ya se acabó. 
Te entregaría una rosa por todo aquello que no hemos dicho, 
te entregaría una rosa por todo aquello que dije de más, 
te entregaría una rosa por cada espera, por cada verso, por cada momento...
Te entregaría todo ese millón de rosas y me iría sin más,
porque el amor llegó una noche y se fue una mañana, 
aquella mañana...el amor se tiró por mi ventana. 
Porque el amor es un auténtico imbécil que se confunde fácilmente con la comodidad, 
con el confort, 
con la confianza, 
el amor es un tremendo idiota que se confunde con un sentimiento equivocado de la familia que nunca podrás formar sin él, 
porque el amor... es el espejismo de aquella madre que nunca encontrarás como prometida, 
el amor... es aquello que se deja de lado porque la razón lo exige, 
el amor, es aquél idiota al que todos pegaban en la puerta del colegio por decir cosas absurdas,
por sentir cosas sin sentido... 
Y se le rompieron aquél día las gafas al amor y ya nadie las pudo arreglar, 
y el amor va como loco y totalmente ciego pensando que así algo puede encontrar, 
porque al amor un día le contaron... "que lo esencial es invisible a los ojos", 
y él como un tonto jamás lo pudo olvidar.

miércoles, 1 de mayo de 2013



Dí que todo esto tan sólo es un vendaval y me haré cometa...

No me tientes...



Te quiero en silencio.
Te quiero por siempre.
Sé que para siempre en silencio por miedo a perderte.
No es ético, ni moral, tan si quiera es lógico, pero quién lo pudiera evitar.
Le quise, te juro por mi vida que le quise, le amé como tan sólo en los libros se ha de amar... Pero un día, en medio del desgarro de un corazón solitario tropecé con tu sonrisa y no la pude olvidar. ¿Cómo hacer? ¿Qué decir? Caminé sin tan si quiera mirar. Caminé tratando de evitar... Y aún así, ella, la vida, (que es muy zorra) a ti me quiso llevar. A tan sólo unos pasos de tu intacta ilusión, a tan sólo unos celos de una sonrisa que hace que quiera curarte el corazón. Fiel amante prohibido, néctar de una pasión cohibida, fruto del árbol del pecado hasta el día en que muerdas y hagas tuyo de tan sólo un bocado mi pequeño corazón que desde el día en que te vio, a ti, fiel amigo, se ha entregado...



Porque a veces se juntan dos ríos en las noches de Diciembre.



Porque a veces se cruzan dos ríos, 
en las noches de Diciembre
Porque no sé de donde has salido...
toda una vida sin verte
Pide cena para dos.

Fui a donde se envían los desvíos, decidido a probar suerte
Porque cuando se juntan dos ríos se hace fuerte la corriente
Te vas hasta luego y yo...

Vivo y por eso me tumbo en las piedras mirándote hasta el mediodía
Si me acompañas no tengo, por eso ni hambre ni frío, ni miedo ni sueño
Vivo y por eso tumbada en la hierba mirándome hasta el mediodía
No tengas si estoy contigo ni hambre ni frío, ni miedo ni sueño

Kantamelade que el camino pasa por Torre
La de que en el salón había velas para ver
Kantamela del ira, kantamelade tal vez
Kantamelade pasión, 
que estuve bailando ayer yendo hacia tu habitación...

Vivo y por eso me tumbo en las piedras mirándote hasta el mediodía
Si me acompañas no tengo, por eso ni hambre ni frío, ni miedo ni sueño
Vivo y por eso tumbada en la hierva mirándome hasta el mediodía
No tengas si estoy contigo ni hambre ni frío, ni miedo ni sueño

Kantamelade que el camino pasó por Londres
Kanta la del pescador Galileo Galilei
Kanta la de las minas duermo viendo la nieve
Kantamelade pasión, que estuve bailando ayer debajo del edredón.

Vivo y por eso me tumbo en las piedras mirándote hasta el mediodía
Si me acompañas no tengo, por eso ni hambre ni frío, ni miedo ni sueño
Vivo y por eso tumbada en la hierba mirándome hasta el mediodía
No tengas si estoy contigo ni hambre ni frío, ni miedo ni sueño...ni miedo ni sueño

Porque a veces se juntan dos ríos en las noches de Diciembre
Porque no sé de donde has salido, toda una vida sin verte
Kantala que sigan los desvíos, kantala que traiga suerte
Ven que cuando se juntan dos ríos, se hace fuerte la corriente.


(Kantamelade. Maldita Nerea)

martes, 9 de abril de 2013

La Maga




Cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero, un Figari con violetas de anochecer, con caras lívidas, con hambre y golpes en los rincones. Más tarde te creí, más tarde hubo razones, hubo madame Leonie que mirándome la mano que había dormido con tus senos me repitió casi tus mismas palabras. "Ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre, adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts." (Una pinaza color borra vino, Maga, y por qué no nos habremos ido en ella cuando todavía era tiempo.)

Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos, y entonces primero cosas como estrellas amarillas (moviéndose en una jalea de terciopelo), luego saltos rojos del humor y de las horas, ingreso paulatino en un mundo - Maga que era la torpeza y la confusión pero también helechos con la firma de la arena Klee, el circo Miró, los espejos de ceniza Vieira da Silva, un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil. Y entonces en esos días íbamos a los cine-clubs a ver películas mudas, porque yo con mi cultura, no es cierto, y vos pobrecita no entendías absolutamente nada de esa estridencia amarilla convulsa previa a tu nacimiento, esa emulsión estriada donde corrían los muertos; pero de repente pasaba por ahí Harold Lloyd y entonces te sacudías el agua del sueño y al final te convencías de que todo había estado muy bien, y que Pabst y que Fritz Lang. Me hartabas un poco con tu manía de perfección, con tus zapatos rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable. Comíamos hamburgers en el Carrefour de l'Odeon, y nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel a cualquier almohada. Pero otras veces seguíamos hasta la Porte d'Orleans, conocíamos cada vez mejor la zona de terrenos baldíos que hay más allá del Boulevard Jourdan, donde a veces a medianoche se reunían los del club de la Serpiente pare hablar con un vidente ciego, paradoja estimulante. Dejábamos las bicicletas en la calle y nos internábamos de a poco, parándonos a mirar el cielo porque esa es una de las pocas zonas de París donde el cielo vale más que la sierra.





(Rayuela. Cap 1. Julio Cortázar)