miércoles, 18 de enero de 2017

Cry, baby.



Le dije que estaba rota. 
Que se alejara ahora 
que aún podía. 
Que yo solía llorar 
con frecuencia,
sobre todo si era 
domingo.


Me dijo que haría lo que yo
quisiera.

Y esta mañana al despertar,
tenía un vinilo en la puerta.
"Los mejores hits de Janis Joplin",
en la cara A, la primera canción:
Cry baby.

Mi favorita.


Cometiste el error de pensar 
que yo era un ser ordinario.
Y yo, por un tiempo, fui 
feliz creyendo serlo.


Fotografía: Ryan McGinley

Ana Elena Pena


mi Estrella Polar.



Te he dibujado en mi pared

la Estrella Polar.

Por si decides volver


a amar.

Nunca me pierdas

el Norte.

Sigue siempre a tu estrella.

No olvides

que falta Cassiopea.

Se la estoy dejando a tus manos.

Te has perdido quien soy.

He quitado todas las luces de Navidad
como quien suelta anclas amarradas.
Justo un mes después de mi partida.
Supongo que había estado esperando
a ver si un corazón blandito volvía
a llamar a la puerta del deseo.
-Hasta había puesto un timbre,
qué cosas tengo-.
Pero me equivoqué, ya ves. Tú no
vas a pedir perdón, ni yo tengo nada
que perdonarte. Supongo también
que ya no
me importa.


No supe hacerlo mejor.



Ayer mientras ordenaba mis libros en la terraza de la librería café, de pronto, se paró un niño.
Señor: ¿tiene hora?
Claro que sí, niño. Las nueve y diez. Pórtate bien, y mira dos veces antes de cruzar la calle que mañana vienen los Reyes.
El niño se quedó ahí, quieto. El señor ya no escuchaba, pero yo sí. Con una tristeza inmensa en sus ojos, dijo:
No, a mí solo me van a traer una cosa.
No supe bien qué decir ante esa soledad y esa mirada. Odiaba la tristeza que este mundo le había puesto en los ojos a ese niño que iba a recibir algo en un día cualquiera. Pensé en la cantidad de niños que lloran en las fronteras imaginarias que hemos construido entre países. Quise abrazarle, él no tenía culpa de lo que le habían hecho. Pero nunca se me han dado bien los niños. Así que respondí:
Jo, qué suerte tienes.
El niño, sin entender nada, se quedó callado unos segundos. Y después marchó como un adulto:
Me voy, que llego tarde.


No supe hacerlo mejor.

Día 31 sin ti.



Día 31 sin ti.
La nevera está llena
y mi estómago vacío.

No
me
apetece
nada.


No encuentro el cable
de la televisión
y la casa está en silencio.
El árbol de Navidad
aún a medio recoger.
Y todas mis piezas
por el suelo.
Soy un desastre, lo sé.
Y no dejo de repasar
cada maldito detalle
cada pequeño error
que cometimos.
Nosotros que éramos
perfectos. Que lo teníamos
todo. ¿Cómo pudimos dejarlo ir
así de esa manera? Sin mirar atrás.
Ya no escribes mensajes,
ni hay llamadas que dicen te quiero
en un simple:
¿esta noche qué cenamos?
Ya nadie me hace el sofá
de esa manera tan solo tuya
con esos abrazos.
¿Sabes? Creo
que nunca nadie
me volverá
a abrazar igual.
Y si esto ocurre
no sabré muy bien cómo
continuar.

rupi kaur



No dejas de querer a alguien en solo una noche.

Ni en quinientas.

Ni siquiera en diecinueve días.

Jarras de cristal.



Te gustará saber
que ahora bebo agua
en jarras de cristal.
Que emparejo
los calcetines del mismo color
y los guardo en un cajón.
Que he tirado la vieja bicicleta
que tanto molestaba en el salón,
y que guardo los zapatos de dos en dos.
Te gustará también saber
que me preocupo si alguien sale
poco abrigado a la calle.
Y que hay días
que hago la cama. Desde que te has ido
aún no he olvidado
ningún día
comer.
Te prometí que iba a crecer.
Y así lo hice.
El problema no es crecer,
el problema es olvidar
-que diría el principito-.
Y aquí estoy,
yo que no olvido
que los calcetines de rayas van mejor
con los de lunares, y que los míos
mezclados con los tuyos
solo significaba que estábamos juntos
no poco atentos.
Y aquí estoy, casi con un año más
a mis espaldas
tratando de no verte en mis sueños
y, sobre todo, de no llorar como una niña
cada vez que lo hago.


¿Sabes?
Creo que voy a ser una adulta maravillosa. Pero también creo
que puedo esperar
un poco más para serlo.


Mira más a menudo el brillo de los ojos de tus padres. Lograrás entenderte mejor.


Los demás me parecen excelentes. 

Pero no me enloquecen en absoluto.




-Nicanor Parra-

Roy Galán.



En mi porvenir no estás.

Y aunque me hubiera gustado otra cosa.

No es lo que ha sido.


Me pregunto si se puede llorar por el futuro.

Si puede doler algo que no existe ni va a existir nunca.

Si la vida bromea con nosotros como aves que bajan a tierra a beber de un charco que se filtra más rápido que el batir de las alas.

Yo, que tenía una lista interminable de cosas para sorprenderte.

Para despegarte de la rutina.

Para hacer desorden de tu nombre.

Yo, que tenía un verbo que nunca usé con nadie.

Un verbo agarrado a mi manita de niño como una madre que ayuda a cruzar una acera.

Un niño de puntillas que usa el estómago como silla.

Para llegar a la garganta.

Y que se cae hasta al fondo antes de conseguirlo.

Un niño en el suelo de la cavidad.

Que llora y se tapa del frío con el verbo.

Yo, que tenía en mi mente compartir mi vida.

Una vida en la que te trataba con el cuidado y la fuerza de unos pies de puntillas cuando alguien duerme.

En la que desactivaba mis articulaciones y me quedaba vacío de piel mientras me besabas.

Desmayándome al cosmos.

Regresando a casa.

Con tu polla dentro.

Una vida en la que no faltaban abrazos.

Ni macarrones.

Yo, que tengo una vida diseñada que no se va a construir.

Y me dan ganas de donarla a la ciencia.

Donar nuestra historia que no fue.

Para que otros la vivan.

Y así, al menos, mi tiempo cobraría sentido.

Mi tiempo.

Se acaban las horas, los días y las semanas.

Se acaba el año.

Nos acabamos yo y tú.

Sí, el burro delante para que no se espante.

Y aunque ahora esté triste por el futuro.

Esto no es el final.

Porque elegiste otro modo de estar presente.

Y no serás tú.

El que me vea despertar.

El que me escuche cantar en la ducha a Justin Bieber.

El que me vea llorar cuando recibo un mensaje bonito.

El que me ayude a enterrar o desenterrar.

El que me haga con intimidad.

El que rescate el verbo y al niño.

Estarás.

Perdiéndote todo lo que, de verdad, soy capaz de dar.

Solo espero que un día me presentes a alguien.

Y ver el brillo que adiviné en tus ojos.

Y ver que hay personas que pueden y saben llegar a ti.

Y que tú puedes y sabes llegar a ellos.

Solo espero que seas feliz porque quiero lo mejor para ti.

Y porque yo, que me quería morir contigo.

Voy a hacer lo imposible.

Por estar conmigo.

Intentando de nuevo amar.

Hasta que no quede nada.

En esta carne viva.

Que todavía sabe a sal.


-Roy Galán-

Elvira Sastre, Baluarte.




Te echo de menos de una manera simple. Desesperadamente humana.

Es esta maldita memoria mía.
No me acuerdo de olvidarte.
Y ahora no sé qué hacer 
con todo este tiempo
que me sobra
-sin ti-.



Serás amado el día en que puedas 
mostrar tu debilidad sin que el otro se 
sirva de esto para afirmar su fuerza.

~Cesare Pavese~




Fotografía: Janet Laing.

No te pude retener.

Comencé buscando en ti algo más, un amigo. ¡Vamos a pasear! ¡Salgamos a tomar una caña! ¡Quiero que conozcas a mi amiga! ¡Este recital no te lo puedes perder! ¡Si miras así, ganarás en perspectiva! Y tú me dijiste que el amor era otra cosa. Al principio no te creí, pero lo decías muy en serio, así que comencé a comportarme como el adulto que todos decían que debía ser. Dejé de salir a pasear, o de proponerme planes enriquecedores porque eso era no mirar hacia el futuro. Y, por lo visto, lo de ser incapaz de pensar en algo que aún no existe, era un problema muy gordo. Pero qué te iba a contar yo, que me había pasado dos años enclaustrada en un presente sin gota de algún futuro que no pintara aterrador. El pasado no iba a volver. Lo único que tenía era un presente mediocre. Cuando te conocí, quería única y exclusivamente vivir. Pero entonces... llegó septiembre, y la gente volvió a la vida, esa que es medio muerte. Y para esos días, yo ya estaba colada por tu forma de existir. Me hubiera agarrado a tu pierna izquierda todo el día, como una lapa. Sin mucho más que hacer. Quise ser como tú, quise tener una rutina, y ser alguien mejor. Alguien con quien tú quisieras estar para siempre, alguien que te mereciera la pena. Y yo, ente abstracto con formas circulares quise entrar en un cuadrado que no se adaptaba ni un poquito a mis formas. Me pinchaban las esquinas y me rozaban los bordes. Pero me veía tan guapa con tus ojos... y comenzamos a hacer esas cosas que hacen las parejas, pero seguimos siendo amigos, no sé cómo lo conseguimos. Un día, me miraste y me dijiste que no sabías cómo, pero yo era un mejor amigo. Ese día me sentí más guapa y más orgullosa de mí misma que nunca.
Pasó el tiempo, y no supimos hacerlo. La cuadratura del círculo comenzó a hacerme roces, y comencé a llorar a escondidas, por no hacerte daño. Tú te sentiste atrapado en esas esquinas donde yo echaba la mierda de los roces de mis hendiduras abstractas. Y, al final, lo único que consigo al mirar mi cicatriz es verte a ti. Con tanto amor y tanta ternura queriendo curar algo que nunca iba a tener cura.
"No te pude retener. Tú querías más vivir, y yo vivir en ti, sin más".
Y no te culpo.


Sentimental


Alfonso Casas Moreno.

Irrepetible.



Si hubiera sabido que todo iba a acabar así

-lo siento por ti-

no cambiaría ni un solo segundo de nuestra historia.


Ni uno solo.

(Versos de la fotografía del libro Irrepetible de Roy Galán).


jueves, 15 de diciembre de 2016

He decidido que me voy a comprar una planta para tener algo de lo que cuidar que no sea yo misma, y me he prometido ser más ordenada. Aunque todo esto creo que en silencio te lo estaba prometiendo a ti. He comenzado por emparejar los calcetines, y he acabado haciéndolo por parejas de colores distintos. Bueno, parejas, al fin y al cabo, ¿no? Seguramente te pondría nervioso y feliz a partes iguales verme hacer todo lo que hago. Llevo intentando mantener mi casa en orden desde que te fuiste, pero tengo la cabeza hecha un desastre y el corazón se me desparrama por el suelo. Algún día lo conseguiré.
He vuelto a escribir. Sé que en el fondo te alegras, aunque odias saber que es a ti. No me importa. También sé que no lo leerás.
A veces, imagino que te has ido de una forma tan silenciosa porque piensas volver. Y cuando llego a casa tengo la sensación de que hay alguien dentro. O cuando me voy a dormir, te juro que hay días en que oigo la puerta. Será el vecino, ese que tantas veces nos ha oído cosas que nadie debería oír (o sí, quizá su vida sexual ahora sea mejor). Todavía no me saluda. Será cuestión de tiempo. Ya sabes que no me importan demasiado esas cosas.
He vuelto a conectar mi tocadiscos, y estoy ahorrando para regalarme algún vinilo. Sé que era parte de tu regalo de Navidad, y no quiero echarlo en falta. He colocado la máquina de escribir sobre la mesa de la entrada y la voy a arreglar. Creo que voy a empezar a escribir a máquina, así si algún día entras por aquí, no me odiarás tanto.
¿Sabes? He vuelto a salir con mis amigos. ¿Te acuerdas qué ganas tenía de hacerlo? Buá. Todos los días. Y mi hermana pequeña está mejor, sé que te alegrará saberlo.
Aún llevo mi abrigo verde fosforito y me sigo poniendo las bragas de Bridget Jones para pasear por casa y mirarme al espejo mientras me río. No son tan feas ahora que no estás.
Te voy a contar algo que te encantará saber. He seguido con mis clases de canto y he vuelto a sentirme en paz conmigo misma.
Siento no haber sabido hacerlo de tu mano, pero quiero decirte, que por un tiempo: me hiciste creer que el amor existe y que contigo "he sido más feliz de lo que en los libros dicen que se puede".
Así que gracias. Nos vemos pronto.

Durmiendo sola.



"Yo que declaré la guerra a quien
nos separaba".

Espero que encuentres a alguien, y que no sea como tú esperas. Que sea aún mejor. Que nunca te apoye en esas cosas que haces tan mal, pero que sea capaz de ayudarte a salir de ellas. Que sea paciente contigo. Necesitas mucha paciencia, y yo... aún trato de tenerla conmigo misma. Espero que te cuide tanto que llegar a casa nunca sea una lucha, que sea una auténtica bendición. Que no te pida nada, porque para ella lo que tú le das sea todo. Qué cosa tan maravillosa. Que te quite la cerveza de la mano, y se la beba ella. Y juntos seáis capaces de crear un mundo mejor, y sacar hacia adelante todos esos proyectos que tienes en mente. Que calme a la fiera y alimente al león que llevas dentro, esa siempre ha sido tu arma de doble filo y tan increíblemente potente. Que quieras salir de ahí, de donde quiera que sea que estés en ese momento, solo porque estar con ella es lo mejor que puedes hacer. Que tengáis dosis diarias de sexo salvaje, si es lo quieres. Y si no, que hagáis del sofá el amor ese que tanto te gusta. Que te escuche a diario y te proponga nuevos retos, pero que te aporte tanta paz que creas que vas a morir de tanto amor un día. Que se encargue de lo tuyo tanto o más que tú. Que sea capaz de todo, igual que tú harías por ella. Que tenga el pelo corto, y así no te moleste en la almohada. Que huela bien. Que huela a ti. Que no tenga miedos, que no haya sufrido antes y pueda entregarlo todo. Que adore a los niños, y los juegos de mesa. Que sea fácil, rápido. Que esté en ese punto, en esa vida, en la que tú estás, y por la que sí te merecería la pena volver a ser tú mismo.
Nunca dejes de ser tú mismo, con nadie. Solo te deseo eso. Alguien capaz de estar a esa altura a la que tu vida cobre sentido. Y que cuando volvamos a encontrarnos, llore de la alegría que me provocará saber que hicimos lo correcto.


Vuelta a la vida. Vuelvo a escribir.

He vuelto a escribir. Y no sé si eso es síntoma de que me dueles menos, o de que dueles tanto que no te puedo guardar. El caso es que ahora le grito a un papel, como si tú estuvieras escuchando justo al otro lado. Tú que nunca leíste mis poemas, que no mirabas con admiración cuando recitaba versos frente a cientos de personas. Tú, que decías que te gustaban otras cosas de mí. Ahora yo, me pregunto, si no leíste mi alma y nunca me viste saltar en los charcos, ¿qué podría gustarte de mí? Quizá esa sea la respuesta al interrogante de por qué no te tembló el pulso al bajar las escaleras, por qué no te rompiste en mil pedazos, por qué nunca volviste a volver.

Hoy llueve.

Hoy llueve con tanta fuerza que he logrado entender por qué aún no he llorado. El cielo, la vida, lo está haciendo por mí. Hace tanto frío que aún siento mucho más profundos todos los trozos de corazón que llevan clavándose en el pecho desde que te fuiste. Uno a uno. Todos a la vez. A ratos, te juro que me cortan la respiración. Unas veces me pilla en clase y dejo de respirar un minuto hasta que se hincha el pecho y se pasa. Nadie se entera. Otras, me pilla con mis amigos y río, con esa risa que suena a cristales rotos por todas partes. Y me preguntan cómo estoy. Al no responder, me agarran bien fuerte y me dicen: salgamos a dar un paseo. Entonces saltamos en los charcos y cruzamos los pasos de cebra solo por las líneas blancas. Hago todas esas cosas que nunca me atreví a hacer contigo, como si me estuvieras viendo y consiguieras enamorarte de nuevo. Ya te dije que no me conocías, quizá fui demasiado despacio. Desde que la vida se paró, no he vuelto a tener prisa.

Lo he vuelto a encontrar.

Justo hoy. Me lo he vuelto a encontrar.
A aquel chico. El que me intentó violar.
Te hubiera encantado estar aquí y poder romperle los dientes. Pensaba que se había ido de la cuidad. Pero hoy, me lo he vuelto a encontrar. Y he pensado en ti. En las clases de defensa personal a las doce de la noche que yo nunca escuchaba. Me he acordado de ti y de que ya no estás para hacerlo por mí, y le he mirado fijamente como quien te está perdonando la vida porque hay demasiada gente alrededor, y me he pedido un café con leche. Ya sé que había dejado el café, pero en ese momento también te hubiera besado si tú hubieras estado allí. Nunca nos vamos del todo de aquello que nos hizo feliz. Cuando me he dado la vuelta ya no estaba. Tú tampoco. Y he pensado que quizá había sido mi imaginación y que te echo demasiado de menos. Pero no, aún puedo notar sus ojos en mi espalda y aquel sujetador roto que guardo en el primer cajón para nunca olvidar.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Ven a mí, ahora que nadie nos ve, ahora que lo verde de este jardín entró en la austeridad anónima de una noche de verano. Ven a mí: si vienes, las estrellas seguirán siéndolo, la luna no se cambiará con colores ultrajantes ni habrá metamorfosis dañinas. Nadie verá que tú vienes a mí. Ni siquiera yo, pues yo ya estoy muy lejos, yo ya estoy en otro mundo, amándote con una furia que no imaginas…
~Alejandra Pizarnik~


A veces
me acuerdo de no quererte 
y me va bien.
Luego llegas
con tu risa
y tus colores al sol
y resulta imposible
no enamorarse de tanta vida.


Entonces

las sombras

lo invaden todo,
y no dejan rastro 
de eso que pareciste ser tú
eso que es tú que yo conozco
lo que fuimos
cuando éramos dos
contra el mundo.
Viento
marea
tempestad
locura.
La yo que fui contigo
antes de tenerte tanto 
miedo.

Magia

Eres magia. 
Y por más que busco 
no encuentro los trucos.
¿Que qué me enamoró de él?
Mi risa.

Instantes

Yo creo que todos, a lo largo de nuestro día sentimos instantes de absoluto abandono, desolación, e incluso de felicidad infinita. Solo se trata de ponerlos en forma de papel arrugado y abandonarlos a su suerte en alguna carpeta que un día, por casualidad, encuentres.





Hay personas capaces de convertir tu día en un infierno, y personas capaces de convertir tu infierno en un día para nunca olvidar.

(A estas últimas, no se las olvida nunca).
Lo peor fue el dolor de saber que esto aún no termina, los días llenos de agonía, de hastío. Las noches de incertidumbre y las mañanas llenas de ausencia. Pero, más allá de todo esto, algo dentro de mí sigue gritando auxilio después de cada maldita despedida.


Voy a corazón abierto. Y así está:
Hecho trizas.

Espero



Espero que un día te enamores.

Y que cuando te enamores, duela.

Porque eso significa que sientes

Y si sientes, significa que estas vivo.

Y si vives, juro que estaré a tu lado


Para verlo.


Espero que cuando despiertes

A la vida, llores de alegría.

Y que cuando llores

Se te empape el alma.

Porque eso significa

Que aún estás a tiempo.

Y si estás a tiempo, juro


Que te espero.


Aunque esperar,


Signifique,


Toda una vida.


Encerré al payaso de mi niñez
porque ya nadie viene a mis fiestas.


Escribe. Y vive, Para contarlo.


Luz, donde solo había oscuridad.
Sol en medio de tinieblas.
Risa de esa con llanto entre cortado
-no hay una mejor-.
Libros
en una biblioteca vacía de versos.
Sonrisa
en cara ajena.
Cómo construir la felicidad
en un simple paso:
Escribe.
Y vive,
Para contarlo.



lunes, 14 de noviembre de 2016

Un mal día se arregla en tu mirada.


En tu piel 
todo sabe mejor
amor.


Por eso paso de puntillas por el amor.



Ahogarte en mi tristeza.



Nunca quise ahogarte en mi tristeza.
Salir al sol.
Enseñar mi pena.
Saberme limpia de mar y arena.
Nunca quise ahogarme
en la agonía de unos días
grises que no dejan a tu risa
asomar por mi ventana
y hacerme tuya.
Nunca pensé que una sola lágrima
pudiera hacer un río
y darme tanta pena.


Ilustración by Nesskain. Vista en @ask__the__dust


Cáceres.



Hoy la ciudad está más callada.

Parece que sus habitantes susurran.

No hay gritos de niños a la salida del cole.


Hoy la ciudad está más callada.

O seré yo.

Un mensaje en plena luna llena:

Estoy bien. Ha habido una explosión, pero estoy bien.

Un vuelco al corazón.

Aún no sé si sigo dormida

o es verdad que ella está bien.

Despierto.

Noticias.

Malas noticias para algunos.

Seguramente muchos.

-Estaban tan unidos...-

Susurra, mientras yo la miro

Pensando: ¡joder! Está bien y está aquí conmigo. Respira.

-No lo podré olvidar.

Repite.

Es normal.

Le digo.

El llanto, el ruido de un día así

No se puede olvidar.

Yo, mientras tanto,
no aguanto este silencio.

Y alguien canta algo sobre

No estar aquí.

Y pienso, qué suerte que estés.

Y lloro, por los que no tienen la misma suerte que yo.

Hoy la ciudad está más callada.

Y yo necesito gritar.

(No puedo evitar sentirme egoísta).



Fotografía: Henri Cartier-Bresson.

Tenemos tanto miedo a equivocarnos que acabamos haciendo de la vida un error.

El color de una lágrima.



No estoy triste.

Soy una persona triste.

Pero eso tú no lo sabes.

Porque no me conoces.

Porque de la flor

Hay que mirar la raíz

Antes de arrancarla

O de pensar siquiera

En quedarse a vivir con ella.

Soy una persona triste.

A ratos, a veces largos

Otras veces no tanto.

Pero nunca has preguntado

De qué color es una lágrima

O por dónde se llega a la luna.

No estoy triste.

Simplemente, a veces,

Me da por llorar

Follar desesperadamente

Y volver a la vida

Vestida de colores pastel

Como diría Ana Elena

Pena.

No estoy triste.

Ni pienso vestir siempre de negro.

Ni dejar de sonreír

Solo por ser una persona triste.

Nunca te lo he contado

Pero a veces, no miro al espejo

Porque el reflejo es demasiado oscuro.

Y pongo la música a todo volumen

Para no escuchar este ruido

-que es la vida-

En el que estás

Constantemente

Sumido.

Soy una persona triste,

Y por eso a veces sonrío.

Es en ese momento

Cuando la tristeza

Ha vencido.





Fotografía: Richard Avedon

El color de una lágrima.



No estoy triste.

Soy una persona triste.

Pero eso tú no lo sabes.

Porque no me conoces.

Porque de la flor

Hay que mirar la raíz

Antes de arrancarla

O de pensar siquiera

En quedarse a vivir con ella.

Soy una persona triste.

A ratos, a veces largos

Otras veces no tanto.

Pero nunca has preguntado

De qué color es una lágrima

O por dónde se llega a la luna.

No estoy triste.

Simplemente, a veces,

Me da por llorar

Follar desesperadamente

Y volver a la vida

Vestida de colores pastel

Como diría Ana Elena

Pena.

No estoy triste.

Ni pienso vestir siempre de negro.

Ni dejar de sonreír

Solo por ser una persona triste.

Nunca te lo he contado

Pero a veces, no miro al espejo

Porque el reflejo es demasiado oscuro.

Y pongo la música a todo volumen

Para no escuchar este ruido

-que es la vida-

En el que estás

Constantemente

Sumido.

Soy una persona triste,

Y por eso a veces sonrío.

Es en ese momento

Cuando la tristeza

Ha vencido.

(Fotografía: Richard Avedon)



viernes, 9 de septiembre de 2016

Cuando me veáis reír y soñar muy fuerte,
Seguramente sea que él está cerca.
Me niego creer en ti.
Resulta imposible que existas
Ya sabes.
Nunca quise hacerte daño.
Ni siquiera pensaba
que existía la posibilidad
de que yo,
una insignificante yo,
pudiera herir a alguien como tú,
ya ves.
Siempre tan puño cerrado,
quién iba a imaginar
que detrás de eso,
había un conejito
encarcelado.
Ya sabes que voy por la vida
como quien pisa los charcos
casi sin querer
o a coletazos.
No me doy cuenta
si estoy volando
o en el suelo agonizando,
yo qué sé.
No me tengas en cuenta,
ni pienses que voy a balazos.
El poeta solía llamarme
"niña de la vida destrozada"
ya ves,
no hay nada, absolutamente nada,
que temer,
y mucho menos que envidiar.
Recoge tus armas,
ve a otro campo,
que aquí no hay batallas,
aquí sólo encontrarás
los abrazos.

Ven a mí, ahora que nadie nos ve, ahora que lo verde de este jardín entró en la austeridad anónima de una noche de verano. Ven a mí: si vienes, las estrellas seguirán siéndolo, la luna no se cambiará con colores ultrajantes ni habrá metamorfosis dañinas. Nadie verá que tú vienes a mí. Ni siquiera yo, pues yo ya estoy muy lejos, yo ya estoy en otro mundo, amándote con una furia que no imaginas…
~Alejandra Pizarnik~


A veces
me acuerdo de no quererte
y me va bien.
Luego llegas
con tu risa
y tus colores al sol
y resulta imposible
no enamorarse de tanta vida.


Entonces

las sombras

lo invaden todo,
y no dejan rastro
de eso que pareciste ser tú
eso que es tú que yo conozco
lo que fuimos
cuando éramos dos
contra el mundo.
Viento
marea
tempestad
locura.
La yo que fui contigo
antes de tenerte tanto
miedo.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Me niego creer en ti.
Resulta imposible que existas.